Discurso íntegro de Juan Marsé
23/04/2009
Juan Marsé reivindica el oficio de fabulador al recoger el Cervantes
Juan Marsé: "Podría haber sido el 'escritor obrero' de la Barcelona de posguerra
23/04/2009
Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas y amigos, señoras y señores.
Quisiera ante todo expresar mi agradecimiento a los miembros del jurado y a todas aquellas instituciones y personas que hacen posible, año tras año, el Premio de Literatura en lengua castellana Miguel de Cervantes. Me preceden, en lo más cercano de una larga lista de nombres ilustres, dos grandes poetas que admiro, Antonio Gamoneda y Juan Gelman, celebrados aquí en 2006 y 2007, y siento como si la poesía me tendiera la mano. Así que no podía esperar mejores valedores ni mejor acogida.
Porque la verdad es que yo nunca me vi donde ustedes me ven ahora. Los que me conocen saben que me da bastante apuro hablar en público. Créanme si les digo que el otro día, en Barcelona, antes de emprender viaje, tentado estuve de entrar en casa de don Antonio Moreno, que guarda la cabeza encantada y parlante desde los tiempos en que don Quijote y Sancho visitaron la ciudad, y traerme esa testa para que hablara hoy en mi lugar. A buen seguro que habría dicho palabras más sabias y de más provecho que las mías.
Sin embargo, la ilusión de recibir el premio que tan generosamente se me otorga se ha impuesto, venciendo las aprensiones. Sé lo que representa tan alta distinción y a lo que ella me obliga en el futuro. Aquí, ahora, se me ofrece también la oportunidad de exponer algunas consideraciones sobre mi persona y mi trabajo, pero antes quisiera, con su permiso, ampliar el capítulo de agradecimientos, evocando el recuerdo de algunos amigos que hace mucho tiempo, cincuenta años atrás, cuando empecé a publicar, me otorgaron su confianza y su apoyo. Algunas de estas personas están entre nosotros, otras se fueron ya.
A todas ellas debo buena parte del alto honor que hoy se me concede. Son, en primer lugar, Paulina Crusat, desde su amada Sevilla y su generosa tutela, y desde Barcelona Carlos Barra1 y Víctor Seix, que en mil novecientos cincuenta y nueve me acogieron en su editorial, al frente de un irrepetible comité de lectura.
Aquel comité estaba compuesto por Joan Petit, Jaime Gil de Biedma, Jaime Salinas, Gabriel y Juan Ferrater, Luis y José Agustín Goytisolo, José M" Valverde, Josep Mª. Castellet, Miquel Barceló, Rosa Regas y Salvador Clotas. Y no quiero olvidarme de los escritores amigos de Madrid, que por aquellos años nos visitaban a menudo, mis entrañables Juan García Hortelano, Ángel González y Pepe Caballero Bonald, y Gabriel Celaya y Juan Benet.
Y de manera muy especial deseo mencionar a Carmen Balcells, mi agente literaria de toda la vida, de ésta y la de más allá, sobre todo desde el día que tomé prestada una ocurrencia de Groucho Marx y le dije: Querida Carmen, me has dado tantas alegrías, que tengo ordenado, para cuando me muera, que me incineren y te entreguen el diez por ciento de mis cenizas.
Antes de conocer a estas personas, que habrían de ser tan importantes en mi vida, yo no había tratado a nadie que tuviera que ver con la literatura, o con el mundillo literario. Prácticamente no había salido del taller de joyería de mi barrio, en el que entré como aprendiz a los 13 años, y me apresuro a decir que muy contento, pues la necesidad de llevar otro jornal a casa me liberó de un fastidioso colegio en el que no me enseñaron nada, salvo cantar el Cara al Sol y rezar el rosario todos los días. Y cuando publico los primeros relatos en la revista Ínsula y la primera novela en Seix Barral, sigo en ese taller. Por cierto que mis credenciales sociales y laborales, al darme a conocer en aquel estupendo grupo editorial, suscitaron ciertas expectativas, no estrictamente literarias, sino más bien ideológicas, asociadas a las premisas de un realismo social muy en auge por aquellos años. Fue algo presentido: nadie habló nunca de ello, pero flotaba en el aire la idea, la posibilidad de que el recién llegado a la trinchera noble de las letras aportara una narrativa de denuncia, un testimonio objetivo y de primera mano de los afanes y las virtudes intrínsecas de la clase obrera.
Yo podía quizás haber sido, lo digo sin un ápice de sarcasmo, el "escritor obrero" que al parecer faltaba en el prestigioso catálogo de la editorial. Halagadora posibilidad que a su debido tiempo, la fábula de un joven charnego del Monte Carmelo, desarraigado y sin trabajo, soñador y sin medios de fortuna, pero también sin conciencia de clase, se encargaría de desbaratar.
Confieso que no me habría disgustado satisfacer aquellas expectativas, entregar la gran novela sobre la clase obrera de la Barcelona de la postguerra. Pero lo que yo entonces deseaba de verdad, era abandonar el trabajo manual y disponer de más tiempo libre para leer y escribir.
Aquellos años de paciente trabajo artesanal en el taller podrían haberme dejado unos hábitos que, me gusta pensarlo, persisten al componer un texto. Pero la cocina del escritor nunca me ha parecido un sitio muy cómodo para recibir visitas. No me siento a gusto manejando teorías acerca de la naturaleza o la finalidad de la ficción. Para la famosa pregunta: ¿qué entendemos hoy por novela?, dispongo de mil famosas respuestas, que nunca, a la hora de ponerme a trabajar, me han servido de gran cosa.
No me considero un intelectual, solamente un narrador. Los planteamientos peliagudos, la teoría asomando su hocico impertinente en medio de la fabulación, el relato mirándose el ombligo, la llamada metaliteratura, en fin, son vías abiertas a un tipo de especulación que me deja frío y me inhibe; bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces.
Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos: procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo. Ciertamente es un utillaje del que no puede uno presumir. Porque el oficio comporta, por supuesto, otras obligaciones y menesteres.
Alguna vez he reflexionado sobre el asunto, pero no he llegado muy lejos; sobre la persistencia de la vocación, por ejemplo, en tiempos de silencio, o sobre el imperioso dictado de la memoria y sus laberintos.
Veamos si consigo explicarme.
En el origen de la vocación, allá por los años cuarenta del siglo pasado, habría en la imaginación del aprendiz de escritor un famoso esqueleto de leopardo sobre las nieves del Kilimanjaro, una imagen germina1 que evoca una senda recorrida, de la cual, sin embargo, no queda ningún rastro, ninguna huella. Sería algo parecido al recorrido del Minotauro en su laberinto. Nadie sabe si el monstruo podrá salir, si recuerda el trazado de su propia obra, los oscuros motivos que le indujeron a su construcción, y los meandros y detalles de su intríngulis. Nadie sabe si, en realidad, es prisionero de su obra. Sabemos, eso sí, que Teseo ha sido lo bastante ingenioso para tender un hilo que le permite rehacer el camino y salir. Pues bien, ese hilo, ese ingenioso ardid, no sería otra cosa que el relato literario, la forma inteligible que desvela la personal arquitectura monstruosa, al fondo de la cual se esconde el terrible constructor, con sus sueños y obsesiones, su verdad y sus quimeras. El escritor, en fin. Él es, a la vez, los despojos del remoto leopardo y el urdidor del trazado inextricable que lo encierra herméticamente en su propia obra. Frente a este misterio, o tal vez sería mejor decir frente a este galimatías, a tenor de la confusa exposición que temo haber hecho, siempre me reconfortó recordar algo que dejó dicho el gran poeta, y controvertido ciudadano, Ezra Pound: El esmero en el trabajo, el cuidado de la lengua, es la única convicción moral del escritor.
Lo suscribo, pero con la mayor cautela. Porque pienso que muchas cosas que se dicen o escriben, en el idioma que sea y por muy auténtico que éste se presuma, deberían a menudo merecer más atención y consideración que la misma lengua en la que se expresan. Actualmente los medios de comunicación son tan abrumadores y omnipresentes, se siente uno tan asediado las 24 horas del día por una información tan apremiante, insidiosa y reiterativa, que casi no hay tiempo para la reflexión. La televisión debería contribuir a reconocer y asumir la variedad lingüística del país, y es de suponer que en cierta medida lo hace, pero no parece que nadie se pare a pensar en los contenidos de esa televisión ni en su nefasta influencia cultural y educativa. A riesgo de equivocarme, soy del parecer que más de la mitad de lo que hoy entendemos por cultura popular proviene y se nutre de lo que no merece ser visto ni oído en la televisión. En la lengua que sea.
Como saben ustedes, soy un catalán que escribe en lengua castellana. Yo nunca vi en ello nada anormal. Y aunque creo que la inmensa mayoría comparte mi opinión, hay sin embargo quién piensa que se trata de una anomalía, un desacuerdo entre lo que soy y represento, y lo que debería haber sido y haber quizá representado. Dicho sea de paso, desacuerdos entre lo que soy y lo que podría haber sido en esta vida, como escritor y como simple individuo, tengo para dar y tomar, o, como decimos en Cataluña, per donar i per vendre. Mis apellidos, de no mediar el azar, podían haber sido diferentes, y mi vida también. Y puestos a elegir, la verdad es que yo hubiese preferido ser Ramón Llul o Miguel de Cervantes, por ejemplo, o Joseph Conrad, aquel marino polaco que, finalmente, escribió en inglés. En todo caso, con el nombre que tengo, con éste o con cualquier otro, nunca he querido representar a nadie más que a mí mismo.
Añadiré dos o tres cosas acerca de mi formación como ciudadano y como escritor. La dualidad cultural y lingüística de Cataluña, que tanto preocupa, y que en mi opinión nos enriquece a todos, yo la he vivido desde que tengo uso de razón, en la calle y en mi propia casa, con la familia y con los amigos, y la sigo viviendo. Puede que comporte efectivamente un equívoco, un cierto desgarro cultural, pero es una terca y persistente realidad. Y el realismo, además de una sensata manera de ver las cosas, es una corriente literaria muy nuestra, y que aún goza de un sólido prestigio, pese a los embates de la caprichosa modistería. En fin, no quiero instalarme en la identidad cultural para dar lecciones a nadie, y tampoco pretendo hacer aquí una defensa excesiva del realismo.
Pero, como dijo Woody Allen en una de sus buenas películas, el realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec.
Quizá no estaría de más tenerlo en cuenta. No voy a enumerar las anomalías que por imperativo histórico sufrió el aprendiz de escritor. Y la más determinante no fue aquella escuela inoperante y beatorra de la dictadura, la del lema Por el imperio hacia Dios, escuela donde ciertamente se prohibió leer y escribir catalán, y hasta hablarlo en horas de clase. No, no fue sólo por eso que un buen día me encontré manejando una lengua, y no la otra; fueron los tebeos y los cuentos que leíamos, las aventis que nos contábamos y las películas, las de amor y las de risa, y todo aquello que iba conformando nuestra educación sentimental, las poesías y el teatro de aficionados, las canciones de amor y las primeras novelas, ya no solo las de aventuras, de Julio Verne o Emilio Salgari, sino las de Baroja, Dickens, Balzac, o los cuentos de Maupassant y de Hemingway, o los versos de Gustavo Adolfo Bécquer y de Rubén Dario.
Fue el vuelo solitario de la imaginación en los primeros tanteos de la escritura, cuando todavía el aprendiz de escritor no se propone reflejar la vida, porque la realidad no le interesa ni la entiende, y 10 que hace es imitar y copiar a los autores que lee, es entonces cuando, de manera natural y espontánea, la lengua que se impone es la predominante, la de los sueños y las aventis, la lengua en la que uno ha mamado los mitos literarios y cinematográficos, la que ha dado alas a la imaginación.
Después, en plena adolescencia, don Quijote irrumpe en mi vida por mediación de un convecino, un gallego, vendedor ambulante de libros y enciclopedias, empeñado en colocarme un lote de novelas de Vicki Baum y Louis Bromfield, a pagar en cómodos plazos. Debo hacer constar que en casa de mis padres, en la postguerra, apenas había una docena de libros. Antes hubo muchos en lengua catalana, según mi madre, pero, después de una purga preventiva por razones de seguridad, sólo quedaron dos.
La purga la efectuó mi padre, que había estado preso por rojo separatista y republicano. Uno de aquellos dos libros era de Apel-les Mestres, con hermosas ilustraciones de hadas y ondinas; el otro era un viejo volumen que recogía la historia del pueblo de mi madre, titulado: Notes Històriques de la Parroquia i Vila de l´'Arboç, aplegades i comentades per Mossèn Gaietà Viaplana, rector de l´Arboç. Pasé con él muchas horas entretenido. Los demás libros habían sido sacrificados en una hoguera nocturna, en el jardín de una convecina, junto con un montón de revistas gráficas, agendas y carnets, fotografías, cartas y documentos diversos, cuya posesión, por aquellos días, debía resultar comprometedora. Acudieron otros vecinos, todos traían algo que pensaban debía ser quemado.
Era poco después de acabada la guerra, yo debía de tener siete años, pero recuerdo muy bien la fogata en medio del pequeño y sombrío jardín, los libros abriéndose al calor como flores rojas, las páginas desprendidas arrugándose y bailando sobre la cresta de las llamas, revoloteando un instante como grandes mariposas negras.
Recuerdo la constelación de chispas y pavesas subiendo hacia la noche estrellada, la ceniza fugaz de las palabras y de las ilustraciones, sobre todo porque acabé pillando un gran berrinche al ver allí de pronto, devorado por el fuego, mi primer ejemplar de las hazañas del piloto Bill Barnes, el Aventurero del Aire, una novelita de quiosco de 60 céntimos, de la colección Hombres Audaces. Mi padre la había cogido por descuido junto con otros libros. Entre los que quedaron en la pequeña librería casera, salvados porque eran en lengua castellana, y que pude leer a su debido tiempo,recuerdo cuatro o cinco títulos: El libro de la selva, Genoveva de Brabante, Tarzán de los monos, Humillados y ofendidos y La historia de San Michele.
Cuando el Quijote entra en mi vida cumplo los 16, vivo en la barriada de la Salut, situada en lo alto de Gracia, cerca del parque Güell, y sigo en el taller. Años atrás había iniciado una intensa relación con la literatura de quiosco, y enseguida la amplié con autores que por aquel entonces, en los años cuarenta, gozaban de gran predicamento, como Somerset Maugham, Stefan Zweig, Knut Hamsun y otros. Y no tardé en descubrir a mis admirados Baroja y Galdós, a Dickens y a los grandes novelistas del XIX, que nunca me he cansado de leer. Pero la primera lectura completa del Quijote fue, por supuesto, una experiencia especial. Si recuerdo bien, al tercer intento lo leí de cabo a rabo. Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo. Una lectura germinal. Y siempre que he revisitado el libro, esa impresión germinal ha persistido. En el corazón del caballero chiflado que no distingue entre apariencia y realidad, anida, como es bien sabido, el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes. Por supuesto, el lector adolescente no se paró a pensar en eso. Ninguna teoría le distrajo entonces de unas aventuras tan descomunales y descacharrantes, sujetas a tantos desencantos y amarguras, pero hoy le gusta pensar que algo percibió de aquel prodigio fundacional, del remoto primer deslumbramiento que supuso aquella lectura. Me refiero, y no pretendo descubrir nada nuevo, al asunto que articula la entera composición del genial libro, la temática medular de la que nacerá, según opinión general, la novela moderna.
Lionef Trilling dijo que toda obra de ficción en prosa, es inevitablemente una variación del tema de Don Quijote. Por mi parte sólo puedo decir que, desde no sé cuánto tiempo, quizá desde aquellas tardes soleadas en el parque de Gaudí, de un modo u otro, consciente o no de ello, he buscado en toda obra narrativa de ficción un eco, o un aroma, de ese eterno conflicto entre apariencia y realidad, que de tantas maneras se manifiesta en el transcurso de nuestras vidas.
Porque yo soy ante todo un lector de ficciones, un amante incondicional de la fabulación. Tan adicto soy a la ficción, que a veces pienso que solamente la parte inventada, la dimensión de lo irreal o imaginado en nuestra obra, será capaz de mantener su estructura, de preservar alguna belleza a través del tiempo. Una excesiva dosis de realidad puede resultar indigesta, incluso para un adicto a la realidad y al bistec como Sancho y como yo. Se trataría de ser algo más lanzados en esta cuestión, un poco locos, y admitir la posibilidad de que lo inventado puede tener más peso y solvencia que lo real, más vida propia y más sentido, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido. Como nos enseñó don Quijote.
Desde su primera salida al campo de Montiel, o desde la primera de sus famosas hazañas, él es el guardián del laberinto, el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños.
Debo referirme también, como complemento importante a una formación muy precaria, al cine y a sus queridos fantasmas. Porque cuando aún leía tebeos y novelas de Edgar Wallace y Karl May, el chico ya era muy peliculero, insoportablemente peliculero. Lo propició el hecho de que, durante cuatro años, entrara sin pagar en los cines de programa doble del barrio, y entonces había nopocos, gracias a que mi padre, por su trabajo en el Servicio Municipal de Higiene, Desinfección y Desratización de locales públicos, conocía a muchos porteros y acomodadores. Estoy por decir que gracias a las ratas de la Barcelona gris, penitente y mísera de los años cuarenta, el cine propició y redobló mi natural tendencia a la hipnosis ante cualquier género de fabulación. La facultad de embaucar, de fraguar ilusiones mediante imágenes, arraigó con el gusto por la lectura desde el primer momento, y, con el tiempo, pude celebrar las películas de John Ford, de Rossellini o de Mizoguchi, por ejemplo, con la misma o parecida intensidad que muchas novelas.
Sabemos que algunas estrategias narrativas de la novelística contemporánea tienen su origen en el arte cinematográfico. Los Chaplin, Renoir, Lubitsch, Walsh, Lang, De Sica, Buñuel, Erice, Truffaut, Welles, Bardem, Berlanga y Azcona, Keaton o Hitchcock, por citar unos cuantos, nos hablaron de otra armonía posible entre los sueños y el mundo. Y en mi lista de personajes de ficción favoritos, Harry Lime y Viridiana son tan memorables como Julien Sorel o Ana Ozores. Cuando uno era todavía un mozalbete presumido, ir al cine era algo que formaba parte de la cultura popular, un rito semanal en el que participaba toda la familia, toda la comunidad.
Descodificar el drama, la comedia o la aventura en las fotografías expuestas en el panel de la entrada de los cines, descifrar una sonrisa, un gesto, una mirada de los protagonistas, apartar luego las cortinas y penetrar en la oscuridad rasgada por una plata luminosa, era tan emocionante como adentrarse en la trama de una buena novela o memorizar un poema.
A lo largo de más de tres décadas, desde los años veinte del mudo hasta mediados los sesenta, antes del auge y el abuso de la tecnología, el cine estableció con la novelística una alianza para intercambiar formas y contenidos, palabras sabias, mitos, una sensibilidad y una estética del gesto, y hasta unos hábitos de comportamiento. La novela asumió la impronta decididamente visual de la narrativa cinematográfica, el potencial simbólico de las imágenes y su cadencia, y el deseo de hacerle ver al lector lo que lee, que yo comparto, propició en la ficción literaria nuevas formas y tendencias.
También la memoria histórica y sus vericuetos y espejismos, un asunto tan de actualidad, podría ser comparada a una cinta de celuloide sensible e inflamable, con su apagada voz en off: Hace casi cuarenta años, trabajando en una novela donde se abrían muchas puertas a la memoria personal y a sus espejos deformantes, tuve que parar porque no daba con el tono en el que debía ser contada la historia. Había que escoger la voz, o mejor dicho, las diversas voces que tramaban la historia. Y no encontré la solución hasta que recordé el juego de las aventis infantiles, y, sobre todo, hasta que vinieron en mi ayuda estos versos de Antonio Machado:
En los labios niños las canciones llevan
confusa la historia y clara la pena.
Sabemos que el olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder, sabemos que hablar de ello en nuestros días conlleva para muchos, todavía, una carga de dolor y resentimiento, suspicacias y malentendidos. "La memoria nos construye como seres morales", escribe José-Carlos Mainer, y añade: "pero también sabemos que es un hecho privado y mudable, fantasioso y mendaz".
Hay una memoria compartida, que no debería arrogarse nadie, una memoria que fue durante años sojuzgada, esquilmada y manipulada. El lenguaje oficial había suplantado al lenguaje real. En la calle y en los papeles las palabras vivían bajo sospecha, muchas cosas parecían no tener nombre, porque nadie jamás se atrevía a nombrarlas, otras se habían vuelto decididamente equívocas y apenas podía uno reconocerlas. Las palabras acudían medrosas, emboscadas, traicionando el sentido al que se debían. Afectadas por el expolio y el descrédito, sometidas a la censura y al escarmiento, o destinadas a la impostura, de pronto perdían su referente, enmascaraban su verdadero sentido y cambiaban de significado. Entre las pomposas palabras que entonces nos caían desde los balcones y despachos oficiales, desde el cuartel y desde el púlpito, entre esas palabras fraudulentas y las palabras que la gente intercambiaba en la calle, en el trabajo y en casa -palabras de familia gastadas tibiamente, según testimonio del poeta-, había un abismo.
Este desacuerdo entre apariencia y realidad, entre lo que oficialmente se decía que éramos (adictos, felices, reconciliados, bien pagados, píos feligreses todos) y tal como nosotros nos veíamos en realidad, no tiene por supuesto nada que ver con el glorioso equívoco que propició la locura y forjó la leyenda de don Quijote.
Pero son muchas, y todas vigentes, las lecciones que ofrece la obra de Cervantes. Y así, el aprendiz de escritor tomaría buena nota de la primera y más sencilla de todas ellas, esa que dice: Las cosas no siempre son lo que parecen. No lo eran entonces para el valeroso caballero, en aquel siglo tan pródigo en espejismos, y por supuesto tampoco lo son hoy. Sin ir más lejos, las famosas armas de destrucción masiva, por ejemplo, que no hace mucho tiempo algunos casi juraban haber visto, al final resultaron ser un par de zapatos.
Pero yo me estaba refiriendo a nuestros años de incienso y plomo bajo el palio de la luz crepuscular, aquel tiempo en el que no solamente la prensa y la radio, el Boletín Oficial del Estado y la Hoja Dominical mentían sobre lo que nos estaba ocurriendo, sino que hasta los espejos mentían. Y fue entonces, todavía en años de aprendizaje de quién les habla, cuando la imaginación echó una mirada sobre aquel expolio de la memoria, y le tendió la mano. Era una labor complementaria, en todo caso, porque imaginación y memoria, para el escritor, son dos palabras que van siempre entrelazadas, y a menudo resulta difícil separarlas. Ciertamente un escritor no es nada sin imaginación, pero tampoco sin memoria, sea ésta personal o colectiva, esté proyectada en la novela histórica de fecha más remota, o en la literatura de ficción científica más futurista y fantástica. No hay literatura sin memoria.
Incluso la memoria trapacera puede hacer buena literatura. La tan reiterada advocación "hay que olvidar el pasado", lógicamente no se aviene con la naturaleza y la función de la escritura.
Hay que acotar nuevas parcelas de la memoria, hacer más denso el laberinto, cuidando, pues, de dejar una traza de hilo, como hizo Teseo aquella vez, para poder volver al exterior, y contarlo. Sobre todo, en lo que a mí respecta por lo menos, persistir en la búsqueda de algo, que nunca he sabido definir, pero que tiene que ver, por encima de cualquier otra finalidad, con alguna forma de belleza.
viernes, 24 de abril de 2009
¿Por qué soy republicano?
VICENÇ NAVARRO
Como era predecible, mis críticas al rey y a la monarquía han creado gran revuelo dentro y fuera de las páginas de Público, lo cual me fuerza a responder por qué creo que sería mejor que en España tuviéramos una república en lugar de una monarquía.
Durante mi largo exilio he vivido en varios países, incluyendo una república, Estados Unidos. Y aun cuando he sido muy crítico en mis escritos con la democracia estadounidense, hay un aspecto de ella que valoro muy positivamente: la cultura republicana, en la que las distancias sociales entre el jefe del Estado y las clases populares son mucho más reducidas que en cualquier sistema monárquico. Tal cultura democrática transmite una sensación de que el poder deriva de la ciudadanía, puesto que, si a la población no le agrada el jefe del Estado, puede cambiarlo por otro. Es más, cualquier ciudadano puede aspirar a ser jefe del Estado. Esta distancia se reduce incluso más cuando este procede de las clases populares, que sienten al presidente como alguien suyo. Hemos visto este año la gran alegría entre las clases populares (y muy especialmente entre la población afroamericana) de aquel país al ser elegido uno de ellos (hijo de una madre pobre y de un padre africano de Kenia) presidente. La sensación de poder y complicidad con el jefe del Estado en estas situaciones es enorme. No es sólo la capacidad de elegir al jefe del Estado, sino también la percepción de que todos pueden serlo, lo que da gran poder a la ciudadanía.
Tal principio de responsabilidad democrática es negado en una monarquía. En esta, la distancia social es intrínseca en el sistema y aparece constantemente, como cuando el rey llama de tú a todos los ciudadanos, los cuales deben referirse a él de usted, todo ello envuelto en un ambiente jerárquico y cortesano que enfatiza esta distancia. Incluso el himno nacional es una marcha real frente a la cual los ciudadanos se yerguen respetuosamente en silencio. Se reproduce así una cultura de vasallaje a la cual algunas izquierdas no son inmunes. Véase el blindaje mediático de la figura del rey. Voces críticas apenas tienen cabida en los medios de información y persuasión del país.
A estas reservas a la monarquía añado otras que tienen que ver con los orígenes de la monarquía en España y su desarrollo durante la democracia. El monarca no sólo fue nombrado por el dictador, sino que fue parte de la nomenclatura de aquel Estado dictatorial dirigido por un general al cual nunca ha criticado. Antes al contrario, lo ha alabado incluso en tiempo de democracia. Así, el 18 de julio de 1978, la Casa del Rey publicó el siguiente texto: “Hoy se conmemora el aniversario del Alzamiento Nacional que dio a España la victoria contra el odio y la miseria, la victoria contra la anarquía, la victoria para llevar la paz y el bienestar a todos los españoles. Surgió el Ejército, escuela de virtudes nacionales, y a su cabeza el Generalísimo Franco, forjador de la gran obra de regeneración”. Tal supuesta regeneración condujo a 192.684 ejecuciones y asesinatos, incluyendo 30.000 personas que continúan desaparecidas y estableciendo una dictadura en gran parte responsable del enorme retraso económico y social de España. Cuando el dictador murió, España tenía el porcentaje más elevado de Europa de personas con escasa educación (84%).
La Casa Real es un círculo profundamente conservador, como lo atestiguan declaraciones de sus miembros, que incluyen desde las recientes declaraciones de la reina (definiendo a una de las dictaduras más represivas que han existido en Europa como una dictadura blanda), a las del jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, quien subrayó su coincidencia con Pío Moa en una entrevista a El Periódico (08-07-03) en su justificación del Golpe militar de 1936 y la dictadura que estableció. El mundo social del monarca, que es el jefe de los Ejércitos, es predominantemente el mundo empresarial y financiero. Es un error derivar de los abruptos anti-monarca del ultraderechista Losantos, concluir que las derechas han dejado de ser monárquicas. El eje central de las derechas lo constituye el Ejército, la Iglesia, la patronal y la banca, que apoyaron y continuarán apoyando a la monarquía porque les ofrece un orden constitucional que les favorece. Prueba de ello es la continua promoción de la monarquía y del rey en los medios de información que controlan o influencian, que son muchos.
Es el temor a los herederos de la dictadura, incluyendo a la monarquía, el que ha frenado la corrección de la Historia de nuestro país, incluyendo lo que fue la república, la dictadura y la transición, presentándose esta como resultado de la vocación democrática del monarca, ignorando el papel determinante que tuvieron las movilizaciones obreras que forzaron la apertura democrática que no existía en los proyectos originales aprobados por los Gobiernos monárquicos de aquel periodo. De ahí que haya definido esta tergiversada versión de la transición de la dictadura a la democracia como falsa, es decir, que no corresponde a la realidad.
No dije, sin embargo, –como se me acusa– que la transición era falsa, pues la democracia significó un importante cambio real y no falso. Lo que sí dije, y me reafirmo en ello, es que la transición fue inmodélica, pues la democracia, resultado de aquel proceso, dista mucho de ser ejemplar. Tampoco dije, como se me acusó, que el Estado español está controlado por las derechas. Dije que estas tienen mucha más influencia sobre tal Estado que las izquierdas, lo cual explica la continuación de la democracia incompleta, causa del bienestar insuficiente de nuestro pueblo. Indicar que la monarquía (junto con la Iglesia, el Ejército, la patronal y la banca) no tiene nada que ver con ello me parece que es desconocer la realidad que nos rodea.
Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
Ilustración de Enric Jardí
Como era predecible, mis críticas al rey y a la monarquía han creado gran revuelo dentro y fuera de las páginas de Público, lo cual me fuerza a responder por qué creo que sería mejor que en España tuviéramos una república en lugar de una monarquía.
Durante mi largo exilio he vivido en varios países, incluyendo una república, Estados Unidos. Y aun cuando he sido muy crítico en mis escritos con la democracia estadounidense, hay un aspecto de ella que valoro muy positivamente: la cultura republicana, en la que las distancias sociales entre el jefe del Estado y las clases populares son mucho más reducidas que en cualquier sistema monárquico. Tal cultura democrática transmite una sensación de que el poder deriva de la ciudadanía, puesto que, si a la población no le agrada el jefe del Estado, puede cambiarlo por otro. Es más, cualquier ciudadano puede aspirar a ser jefe del Estado. Esta distancia se reduce incluso más cuando este procede de las clases populares, que sienten al presidente como alguien suyo. Hemos visto este año la gran alegría entre las clases populares (y muy especialmente entre la población afroamericana) de aquel país al ser elegido uno de ellos (hijo de una madre pobre y de un padre africano de Kenia) presidente. La sensación de poder y complicidad con el jefe del Estado en estas situaciones es enorme. No es sólo la capacidad de elegir al jefe del Estado, sino también la percepción de que todos pueden serlo, lo que da gran poder a la ciudadanía.
Tal principio de responsabilidad democrática es negado en una monarquía. En esta, la distancia social es intrínseca en el sistema y aparece constantemente, como cuando el rey llama de tú a todos los ciudadanos, los cuales deben referirse a él de usted, todo ello envuelto en un ambiente jerárquico y cortesano que enfatiza esta distancia. Incluso el himno nacional es una marcha real frente a la cual los ciudadanos se yerguen respetuosamente en silencio. Se reproduce así una cultura de vasallaje a la cual algunas izquierdas no son inmunes. Véase el blindaje mediático de la figura del rey. Voces críticas apenas tienen cabida en los medios de información y persuasión del país.
A estas reservas a la monarquía añado otras que tienen que ver con los orígenes de la monarquía en España y su desarrollo durante la democracia. El monarca no sólo fue nombrado por el dictador, sino que fue parte de la nomenclatura de aquel Estado dictatorial dirigido por un general al cual nunca ha criticado. Antes al contrario, lo ha alabado incluso en tiempo de democracia. Así, el 18 de julio de 1978, la Casa del Rey publicó el siguiente texto: “Hoy se conmemora el aniversario del Alzamiento Nacional que dio a España la victoria contra el odio y la miseria, la victoria contra la anarquía, la victoria para llevar la paz y el bienestar a todos los españoles. Surgió el Ejército, escuela de virtudes nacionales, y a su cabeza el Generalísimo Franco, forjador de la gran obra de regeneración”. Tal supuesta regeneración condujo a 192.684 ejecuciones y asesinatos, incluyendo 30.000 personas que continúan desaparecidas y estableciendo una dictadura en gran parte responsable del enorme retraso económico y social de España. Cuando el dictador murió, España tenía el porcentaje más elevado de Europa de personas con escasa educación (84%).
La Casa Real es un círculo profundamente conservador, como lo atestiguan declaraciones de sus miembros, que incluyen desde las recientes declaraciones de la reina (definiendo a una de las dictaduras más represivas que han existido en Europa como una dictadura blanda), a las del jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, quien subrayó su coincidencia con Pío Moa en una entrevista a El Periódico (08-07-03) en su justificación del Golpe militar de 1936 y la dictadura que estableció. El mundo social del monarca, que es el jefe de los Ejércitos, es predominantemente el mundo empresarial y financiero. Es un error derivar de los abruptos anti-monarca del ultraderechista Losantos, concluir que las derechas han dejado de ser monárquicas. El eje central de las derechas lo constituye el Ejército, la Iglesia, la patronal y la banca, que apoyaron y continuarán apoyando a la monarquía porque les ofrece un orden constitucional que les favorece. Prueba de ello es la continua promoción de la monarquía y del rey en los medios de información que controlan o influencian, que son muchos.
Es el temor a los herederos de la dictadura, incluyendo a la monarquía, el que ha frenado la corrección de la Historia de nuestro país, incluyendo lo que fue la república, la dictadura y la transición, presentándose esta como resultado de la vocación democrática del monarca, ignorando el papel determinante que tuvieron las movilizaciones obreras que forzaron la apertura democrática que no existía en los proyectos originales aprobados por los Gobiernos monárquicos de aquel periodo. De ahí que haya definido esta tergiversada versión de la transición de la dictadura a la democracia como falsa, es decir, que no corresponde a la realidad.
No dije, sin embargo, –como se me acusa– que la transición era falsa, pues la democracia significó un importante cambio real y no falso. Lo que sí dije, y me reafirmo en ello, es que la transición fue inmodélica, pues la democracia, resultado de aquel proceso, dista mucho de ser ejemplar. Tampoco dije, como se me acusó, que el Estado español está controlado por las derechas. Dije que estas tienen mucha más influencia sobre tal Estado que las izquierdas, lo cual explica la continuación de la democracia incompleta, causa del bienestar insuficiente de nuestro pueblo. Indicar que la monarquía (junto con la Iglesia, el Ejército, la patronal y la banca) no tiene nada que ver con ello me parece que es desconocer la realidad que nos rodea.
Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.
Ilustración de Enric Jardí
miércoles, 22 de abril de 2009
JUAN CARLOS GÓMEZ
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y JEAN DUBUFFET
Era todavía un adolescente y ya el mundo se le hacía insoportable. La familia, la sociedad, la nación, el estado, el ejército, los ideales, las ideologías y él mismo le resultaban unas caricaturas. Erraba por los campos cabizbajo aplastando terrones con la punta de sus zapatos. No había dejado de creer pero la fe ya no le interesaba por lo que su soledad llegó a ser completa.
Cuando observaba a sus compañeros de la infancia, pequeños campesinos que habían integrado una guardia que él organizaba y comandaba, se daba cuenta que ellos no eran caricaturas como lo era él, eran sencillos y sinceros. No podía comprender por qué la cultura y la educación falsificaban al hombre, mientras el analfabetismo daba buenos resultados. Viajando en tren hacia Varsovia, en circunstancias extrañas y dramáticas, se le vino a la cabeza una idea que, por lo menos en parte, le pudo aclarar este enigma.
En la estación siguiente a la de su ingreso al tren subió uno de sus tíos y se sentó junto a él. Era un hombre mayor, terrateniente, tirador excelente y apasionado por la caza. De repente miró a su alrededor.
“Salgan, por favor. La gente observó que estaba armando un revolver, y otra vez con tono firme pero sin levantar la voz : –Salgan, por favor. El compartimento se vació en un santiamén, entonces el tío le guiñó un ojo: –Por fin, un poco más de espacio. Había tanta gente que no sabía lo que decía. Ando mal de los nervios, no puedo dormir, voy a Varsovia a ver si allí me pongo un poco mejor”
Gombrowicz se dio cuenta que el tío se había vuelto loco, que dispararía inmediatamente si lo provocaban, tuvo que convencer al guarda del tren de que podía controlarlo hasta que llegaran a Varsovia.
“Es terrible que todo terrateniente tenga que ser un excéntrico y haya de comportarse como si estuviera chiflado; –¿Tú crees? Pero sí, es verdad, lo he observado, se han vuelto tan extravagantes que da vergüenza, serán sus fortunas que se le han subido a la cabeza; –Sabes tío, yo tengo una teoría (...)”
“La gente sencilla vive una vida natural, sus necesidades son elementales y por lo tanto sus valores son verdaderos; –¡Qué cosas dices!; –Para un hombre rico, en cambio, el pan, por ejemplo, no es un valor porque está saciado de pan. Un hombre rico no tiene que luchar para vivir, entonces inventa necesidades artificiales, es decir, falsas: el cigarrillo, la elegancia, la genealogía, los galgos, por eso son excéntricos y no encuentran el tono adecuado”
Con esta explicación que le dio al tío echando mano al cigarrillo, a la elegancia, a la genealogía y a los galgos no sólo resolvió el enigma de la educación y del analfabetismo, sino también dio una clase familiar en circunstancias dramáticas de lo que el marxismo llama la dialéctica de las necesidades y de los valores. La idea sobre lo artificioso de la forma de las clases superiores iba a ser uno de los puntos de partida de su trabajo artístico
“Cuando, transcurridos una decena de años, narré a los hombres de letras del café Ziemianska, cómo por miedo a un revólver cargado llegué a concebir una de las tesis fundamentales del marxismo, los contertulios se me echaron encima acusándome de fabulador”
Gombrowicz acostumbraba a concentrar su atención en el culo, en las manos y en los cigarrillos. Del culo le salió “Ferdydurke”, de las manos le salió uno de los relatos más logrados de los muchos que hace en el “Diario”, y de los cigarrillos le salió su famosa polémica con Jean Dubuffet.
Aunque Gombrowicz no era indiferente a la vida difícil de los pobres, mientras vivió en Polonia, tuvo una vida fácil sin necesidades materiales. La familia, las institutrices y el servicio doméstico lo mantuvieron alejado de la parte dura de la existencia. Las cosas cambiaron brutalmente cuando llegó a la argentina, el mundo doble y acolchonado de ese noble burgués se derrumbó y Gombrowicz tuvo que enfrentar el hambre, la humillación y toda la variedad de las penurias materiales.
Este cambio fatal de las circunstancias acentuaron el rechazo que siempre había tenido por los artificios, por el idealismo y por las ilusiones al punto que se obligó a definir de una manera drástica su axiología.
“¿El vacío? ¿Lo absurdo de la existencia? ¿La nada? ¡No exageremos! No se necesita de un Dios o unos ideales para descubrir el valor supremo. Basta permanecer tres días sin comer para que un mendrugo adquiera ese valor; nuestras necesidades son la base de nuestros valores, del sentido y del orden de nuestra vida”
Si las formas artísticas no expresan, aunque de una manera transpuesta, esas necesidades entonces se convierten en un vicio que se aprovecha de un estado de cosas artificial con un origen histórico.
A su juicio la pintura es el ejemplo más señalado de ese vicio que compara al del cigarrillo para caracterizar la polémica que mantuvo con Jean Dubuffet. Quizá sea útil saber, para estar informado sobre la verdadera naturaleza de esa arma que Gombrowicz esgrimía para combatir a la pintura, que fumaba cuarenta cigarrillos por día, y que los sostenía al modo de los fumadores de pipa.
Los cigarrillos que fumaba eran horribles y muy fuertes, dejaba el paquete sobre la mesa, y si alguien le ofrecía cigarrillos importados, los rechazaba con dignidad: –No, gracias, yo fuma Tecla. El alguien que le ofrecía frecuentemente cigarrillos norteamericanos era un personaje del Rex, un suizo alemán al que todo el mundo llamaba Philip Morris.
Elegante, serio, puntual, el suizo sólo fumaba esa marca de cigarrillos. Gombrowicz le despreciaba sistemáticamente esas invitaciones, pero lo desplumaba jugando al ajedrez por poca plata, apenas le alcanzaba para pagarse una comida.
“¡Cuarenta mil pintores en esta ciudad, como cuarenta mil cocineros! (...) Uno penetra en esta pintura como en una perversión a gran escala, es como una gigantesca mascarada en la que un creador artificial crea artificialmente para un público artificial con el concurso de marchantes, de snobs, de salones, de actos solemnes, de riqueza, de lujo, de críticas, de comentarios; en tanto que el mercado con la oferta y la demanda forman un sistema abstracto basado en una ficción...¿Acaso puede extrañar que París sea su capital?”
Gombrowicz mantuvo el último de los combates que libró contra la pintura con Jean Dubuffet, un pintor francés promotor del “Art Brut”. La polémica epistolar se sostuvo durante casi un año pero terminaron siendo buenos amigos. Su guerra contra la pintura era una guerra contra el medio, y eso porque las condiciones de producción de la pintura determinan la conciencia de los pintores. Los pintores y sus admiradores representan la típica conciencia adaptada, son unos obsesos que aprovechan para alimentar su pasión artificial cierto estado de cosas también artificial que tiene un origen histórico.
Gombrowicz no creía en el lenguaje espontáneo y natural del hombre, toda forma es limitación y mentira, pero igualmente acusa a la pintura de ser artificial, demasiado artificial, y empieza por decirle a Dubuffet que la única arma que utilizará contra la pintura en su polémica será el cigarrillo.
Para Gombrowicz el fundamento del valor es la necesidad, pero las necesidades pueden ser legítimas y también artificiales. La necesidad del pan es legítima y natural, en cambio la necesidad del cigarrillo es artificial.
La admiración que los espectadores y los críticos tienen por la pintura es la consecuencia de un largo proceso histórico de adaptación que se ha llevado a cabo durante muchos siglos. La pintura se ha fabricado laboriosamente un receptor universal adaptado en una relación convencional de la que surge una admiración artificial que le da nacimiento al valor del cuadro.
“¿He de abandonar este torbellino deslumbrante de formas, luces y colores que es el mundo en que vivimos por vuestro reino muerto, donde nada se mueve? (...)”
“Comparad en este aspecto el color y la línea con la palabra. Las palabras se desarrollan en el tiempo, son como un desfile de hormigas y cada una aporta algo nuevo e inesperado (...) a través del movimiento de las palabras se expresa el incesante juego de mi existencia (...) Mientras el pintor queda proyectado tan sólo sobre el plano, encerrado en el espacio, inmovilizado en el lienzo como un monolito. Nuestra vista alcanza el cuadro de una sola vez”
Lo acusa a Dubuffet de ser demasiado francés, el lujo burgués y el refinamiento son la debilidad de Francia, su forma de comprender el mundo está demasiado bien alimentada. Los franceses han puesto por encima de las enseñanzas de Schopenhauer al Nietzsche de las declamaciones y del fortissimo, y al Hegel de las fórmulas abstractas.
Schopenhauer tenía sentido de la realidad, su visión del mundo estaba fundada en la sensibilidad y en el dolor, pero los franceses prefieren los filosofemas.
Si acaso se descubriera que la firma de un Rembrandt está falsificada, en ese mismo momento el cuadro pasaría a tener el mismo valor que tienen los diamantes falsos. Todo esto es bien sabido pero nadie lo toma en serio.
La verdad es que cuando los artistas tienen que tratar con consumidores demasiado adaptados y sumisos, a la larga, el resultado no será nada más que un juego sin contacto con la realidad. Sartre piensa que el fundamento del valor es la elección, Marx piensa que es la necesidad, pero Marx no se detuvo a examinar la necesidad que tiene el hombre de fumar cigarrillos.
No es cierto que Gombrowicz estuviera tan enemistado con la pintura, de las paredes de su pieza de Venezuela y de las de su piso en Vence colgaban cuadros elegidos cuidadosamente. A la pintura que no imita directamente a la naturaleza le encuentra una semejanza con su técnica de creación pues ella descompone totalmente el mundo visible en sus elementos de color y de líneas a partir de los cuales elabora una nueva composición arbitraria.
La diferencia estriba en que Gombrowicz descompone sólo parcialmente el mundo que resulta de sus obras, mientras que el pintor no puede restituirle al hombre el mundo que hizo añicos, tan sólo puede ofrecerle la contemplación del juego puro de la forma, y ahí termina todo.
La palabra es, en cambio, más rica y poderosa que el pincel, dispone de medios de acción diferentes y cuando se la utiliza en forma creadora hace posible la rehumanización de la forma. La pintura ha sido en este sentido un mala enseñanza para el arte, especialmente para los escritores, a la que debe atribuirse el empobrecimiento de la literatura más reciente.
En “Cosmos” Gombrowicz descompone el mundo en elementos de la forma, pero también recrea la reacción del hombre frente a ese proceso de descomposición, de modo que es de nuevo el hombre y no la forma quien se halla en el centro de la obra. Si la tela pudiera ofrecernos a la vez la forma y los sentimientos del hombre que la contempla es posible que Gombrowicz hubiera aflojado un poco con las críticas que le hizo a la pintura, pero la tela no puede realizar este milagro.
“Fijaos en estas tres cosas que pongo sobre la mesa. Imaginaos que unas cuantas personas empiezan a discutir sobre cómo disponer estas cosas para hacerlas artísticamente reveladoras. Si las pongo formando un triángulo será más interesante que si las pongo alineadas una al lado de la otra. Pero se pueden crear composiciones más interesantes (...)”
“Al fin y al cabo, si concentramos toda nuestra atención en estas tres cosas, podremos descubrir en su exigua dimensión el misterio del cosmos, pues ellas son una pequeña partícula del universo (...) después de todo no son otra cosa que el objeto en toda su majestuosidad (...) estamos confrontando la conciencia con la materia. Todo esto a condición de que empecemos a mirarlos de verdad (...)”
“Pese a todo la pintura es arte, aunque muy limitado por sus medios de expresión. Combinad la carga artística de un cuadro con esas otras fuerzas sin relación con el arte, y comprenderéis por qué el cuadro ocupa un lugar tan elevado en nuestra percepción, llegando casi a las alturas de lo sagrado. Sólo cabe preguntarse si vale la pena mantenerlo a tanta altura”
GOMBROWICZIDAS
WITOLD GOMBROWICZ Y JEAN DUBUFFET
Era todavía un adolescente y ya el mundo se le hacía insoportable. La familia, la sociedad, la nación, el estado, el ejército, los ideales, las ideologías y él mismo le resultaban unas caricaturas. Erraba por los campos cabizbajo aplastando terrones con la punta de sus zapatos. No había dejado de creer pero la fe ya no le interesaba por lo que su soledad llegó a ser completa.
Cuando observaba a sus compañeros de la infancia, pequeños campesinos que habían integrado una guardia que él organizaba y comandaba, se daba cuenta que ellos no eran caricaturas como lo era él, eran sencillos y sinceros. No podía comprender por qué la cultura y la educación falsificaban al hombre, mientras el analfabetismo daba buenos resultados. Viajando en tren hacia Varsovia, en circunstancias extrañas y dramáticas, se le vino a la cabeza una idea que, por lo menos en parte, le pudo aclarar este enigma.
En la estación siguiente a la de su ingreso al tren subió uno de sus tíos y se sentó junto a él. Era un hombre mayor, terrateniente, tirador excelente y apasionado por la caza. De repente miró a su alrededor.
“Salgan, por favor. La gente observó que estaba armando un revolver, y otra vez con tono firme pero sin levantar la voz : –Salgan, por favor. El compartimento se vació en un santiamén, entonces el tío le guiñó un ojo: –Por fin, un poco más de espacio. Había tanta gente que no sabía lo que decía. Ando mal de los nervios, no puedo dormir, voy a Varsovia a ver si allí me pongo un poco mejor”
Gombrowicz se dio cuenta que el tío se había vuelto loco, que dispararía inmediatamente si lo provocaban, tuvo que convencer al guarda del tren de que podía controlarlo hasta que llegaran a Varsovia.
“Es terrible que todo terrateniente tenga que ser un excéntrico y haya de comportarse como si estuviera chiflado; –¿Tú crees? Pero sí, es verdad, lo he observado, se han vuelto tan extravagantes que da vergüenza, serán sus fortunas que se le han subido a la cabeza; –Sabes tío, yo tengo una teoría (...)”
“La gente sencilla vive una vida natural, sus necesidades son elementales y por lo tanto sus valores son verdaderos; –¡Qué cosas dices!; –Para un hombre rico, en cambio, el pan, por ejemplo, no es un valor porque está saciado de pan. Un hombre rico no tiene que luchar para vivir, entonces inventa necesidades artificiales, es decir, falsas: el cigarrillo, la elegancia, la genealogía, los galgos, por eso son excéntricos y no encuentran el tono adecuado”
Con esta explicación que le dio al tío echando mano al cigarrillo, a la elegancia, a la genealogía y a los galgos no sólo resolvió el enigma de la educación y del analfabetismo, sino también dio una clase familiar en circunstancias dramáticas de lo que el marxismo llama la dialéctica de las necesidades y de los valores. La idea sobre lo artificioso de la forma de las clases superiores iba a ser uno de los puntos de partida de su trabajo artístico
“Cuando, transcurridos una decena de años, narré a los hombres de letras del café Ziemianska, cómo por miedo a un revólver cargado llegué a concebir una de las tesis fundamentales del marxismo, los contertulios se me echaron encima acusándome de fabulador”
Gombrowicz acostumbraba a concentrar su atención en el culo, en las manos y en los cigarrillos. Del culo le salió “Ferdydurke”, de las manos le salió uno de los relatos más logrados de los muchos que hace en el “Diario”, y de los cigarrillos le salió su famosa polémica con Jean Dubuffet.
Aunque Gombrowicz no era indiferente a la vida difícil de los pobres, mientras vivió en Polonia, tuvo una vida fácil sin necesidades materiales. La familia, las institutrices y el servicio doméstico lo mantuvieron alejado de la parte dura de la existencia. Las cosas cambiaron brutalmente cuando llegó a la argentina, el mundo doble y acolchonado de ese noble burgués se derrumbó y Gombrowicz tuvo que enfrentar el hambre, la humillación y toda la variedad de las penurias materiales.
Este cambio fatal de las circunstancias acentuaron el rechazo que siempre había tenido por los artificios, por el idealismo y por las ilusiones al punto que se obligó a definir de una manera drástica su axiología.
“¿El vacío? ¿Lo absurdo de la existencia? ¿La nada? ¡No exageremos! No se necesita de un Dios o unos ideales para descubrir el valor supremo. Basta permanecer tres días sin comer para que un mendrugo adquiera ese valor; nuestras necesidades son la base de nuestros valores, del sentido y del orden de nuestra vida”
Si las formas artísticas no expresan, aunque de una manera transpuesta, esas necesidades entonces se convierten en un vicio que se aprovecha de un estado de cosas artificial con un origen histórico.
A su juicio la pintura es el ejemplo más señalado de ese vicio que compara al del cigarrillo para caracterizar la polémica que mantuvo con Jean Dubuffet. Quizá sea útil saber, para estar informado sobre la verdadera naturaleza de esa arma que Gombrowicz esgrimía para combatir a la pintura, que fumaba cuarenta cigarrillos por día, y que los sostenía al modo de los fumadores de pipa.
Los cigarrillos que fumaba eran horribles y muy fuertes, dejaba el paquete sobre la mesa, y si alguien le ofrecía cigarrillos importados, los rechazaba con dignidad: –No, gracias, yo fuma Tecla. El alguien que le ofrecía frecuentemente cigarrillos norteamericanos era un personaje del Rex, un suizo alemán al que todo el mundo llamaba Philip Morris.
Elegante, serio, puntual, el suizo sólo fumaba esa marca de cigarrillos. Gombrowicz le despreciaba sistemáticamente esas invitaciones, pero lo desplumaba jugando al ajedrez por poca plata, apenas le alcanzaba para pagarse una comida.
“¡Cuarenta mil pintores en esta ciudad, como cuarenta mil cocineros! (...) Uno penetra en esta pintura como en una perversión a gran escala, es como una gigantesca mascarada en la que un creador artificial crea artificialmente para un público artificial con el concurso de marchantes, de snobs, de salones, de actos solemnes, de riqueza, de lujo, de críticas, de comentarios; en tanto que el mercado con la oferta y la demanda forman un sistema abstracto basado en una ficción...¿Acaso puede extrañar que París sea su capital?”
Gombrowicz mantuvo el último de los combates que libró contra la pintura con Jean Dubuffet, un pintor francés promotor del “Art Brut”. La polémica epistolar se sostuvo durante casi un año pero terminaron siendo buenos amigos. Su guerra contra la pintura era una guerra contra el medio, y eso porque las condiciones de producción de la pintura determinan la conciencia de los pintores. Los pintores y sus admiradores representan la típica conciencia adaptada, son unos obsesos que aprovechan para alimentar su pasión artificial cierto estado de cosas también artificial que tiene un origen histórico.
Gombrowicz no creía en el lenguaje espontáneo y natural del hombre, toda forma es limitación y mentira, pero igualmente acusa a la pintura de ser artificial, demasiado artificial, y empieza por decirle a Dubuffet que la única arma que utilizará contra la pintura en su polémica será el cigarrillo.
Para Gombrowicz el fundamento del valor es la necesidad, pero las necesidades pueden ser legítimas y también artificiales. La necesidad del pan es legítima y natural, en cambio la necesidad del cigarrillo es artificial.
La admiración que los espectadores y los críticos tienen por la pintura es la consecuencia de un largo proceso histórico de adaptación que se ha llevado a cabo durante muchos siglos. La pintura se ha fabricado laboriosamente un receptor universal adaptado en una relación convencional de la que surge una admiración artificial que le da nacimiento al valor del cuadro.
“¿He de abandonar este torbellino deslumbrante de formas, luces y colores que es el mundo en que vivimos por vuestro reino muerto, donde nada se mueve? (...)”
“Comparad en este aspecto el color y la línea con la palabra. Las palabras se desarrollan en el tiempo, son como un desfile de hormigas y cada una aporta algo nuevo e inesperado (...) a través del movimiento de las palabras se expresa el incesante juego de mi existencia (...) Mientras el pintor queda proyectado tan sólo sobre el plano, encerrado en el espacio, inmovilizado en el lienzo como un monolito. Nuestra vista alcanza el cuadro de una sola vez”
Lo acusa a Dubuffet de ser demasiado francés, el lujo burgués y el refinamiento son la debilidad de Francia, su forma de comprender el mundo está demasiado bien alimentada. Los franceses han puesto por encima de las enseñanzas de Schopenhauer al Nietzsche de las declamaciones y del fortissimo, y al Hegel de las fórmulas abstractas.
Schopenhauer tenía sentido de la realidad, su visión del mundo estaba fundada en la sensibilidad y en el dolor, pero los franceses prefieren los filosofemas.
Si acaso se descubriera que la firma de un Rembrandt está falsificada, en ese mismo momento el cuadro pasaría a tener el mismo valor que tienen los diamantes falsos. Todo esto es bien sabido pero nadie lo toma en serio.
La verdad es que cuando los artistas tienen que tratar con consumidores demasiado adaptados y sumisos, a la larga, el resultado no será nada más que un juego sin contacto con la realidad. Sartre piensa que el fundamento del valor es la elección, Marx piensa que es la necesidad, pero Marx no se detuvo a examinar la necesidad que tiene el hombre de fumar cigarrillos.
No es cierto que Gombrowicz estuviera tan enemistado con la pintura, de las paredes de su pieza de Venezuela y de las de su piso en Vence colgaban cuadros elegidos cuidadosamente. A la pintura que no imita directamente a la naturaleza le encuentra una semejanza con su técnica de creación pues ella descompone totalmente el mundo visible en sus elementos de color y de líneas a partir de los cuales elabora una nueva composición arbitraria.
La diferencia estriba en que Gombrowicz descompone sólo parcialmente el mundo que resulta de sus obras, mientras que el pintor no puede restituirle al hombre el mundo que hizo añicos, tan sólo puede ofrecerle la contemplación del juego puro de la forma, y ahí termina todo.
La palabra es, en cambio, más rica y poderosa que el pincel, dispone de medios de acción diferentes y cuando se la utiliza en forma creadora hace posible la rehumanización de la forma. La pintura ha sido en este sentido un mala enseñanza para el arte, especialmente para los escritores, a la que debe atribuirse el empobrecimiento de la literatura más reciente.
En “Cosmos” Gombrowicz descompone el mundo en elementos de la forma, pero también recrea la reacción del hombre frente a ese proceso de descomposición, de modo que es de nuevo el hombre y no la forma quien se halla en el centro de la obra. Si la tela pudiera ofrecernos a la vez la forma y los sentimientos del hombre que la contempla es posible que Gombrowicz hubiera aflojado un poco con las críticas que le hizo a la pintura, pero la tela no puede realizar este milagro.
“Fijaos en estas tres cosas que pongo sobre la mesa. Imaginaos que unas cuantas personas empiezan a discutir sobre cómo disponer estas cosas para hacerlas artísticamente reveladoras. Si las pongo formando un triángulo será más interesante que si las pongo alineadas una al lado de la otra. Pero se pueden crear composiciones más interesantes (...)”
“Al fin y al cabo, si concentramos toda nuestra atención en estas tres cosas, podremos descubrir en su exigua dimensión el misterio del cosmos, pues ellas son una pequeña partícula del universo (...) después de todo no son otra cosa que el objeto en toda su majestuosidad (...) estamos confrontando la conciencia con la materia. Todo esto a condición de que empecemos a mirarlos de verdad (...)”
“Pese a todo la pintura es arte, aunque muy limitado por sus medios de expresión. Combinad la carga artística de un cuadro con esas otras fuerzas sin relación con el arte, y comprenderéis por qué el cuadro ocupa un lugar tan elevado en nuestra percepción, llegando casi a las alturas de lo sagrado. Sólo cabe preguntarse si vale la pena mantenerlo a tanta altura”
martes, 21 de abril de 2009
DIANA BELESSI
Como Medea, soy vieja pero todavía salvaje"
A partir de la edición de su Poesía reunida, la poeta Diana Bellessi cuenta en esta entrevista qué ganó y qué perdió con los años.
Por: Patricia Kolesnicov
"TENER LO QUE SE TIENE". Bellessi revisa su obra y apuesta al presente.
1 de 1
ESCUCHE A DIANA BELLESSI leyendo Tener lo que se tiene.
1
Es justo venir al Tigre a entrevistar a Diana Bellessi. Es justo, es feliz digamos, viajar media hora en la lancha colectiva, entrar en el olor del río y el verde, andar por el caminito que bordea el arroyo oyendo el plaf plaf diverso del agua contra la costa -a veces piedra, a veces madera, a veces un declive suave-, apurar el paso sabiendo que la tormenta en ciernes es más promesa que amenaza.
Es justo: la editorial Adriana Hidalgo acaba de publicar un tomo de 1202 páginas con su "poesía reunida", que incluye, además de casi todo lo escrito de 1974 para acá, un libro nuevo —Tener lo que se tiene— que da nombre al conjunto. Y el conjunto -ahí íbamos- está atravesado por imágenes como "Espejo sin fin las aguas de la noche", por cuestiones como si "¿Cae la lluvia sobre las hojas del banano?", por "Un pato biguá/deja su estela de plata", por "Sauces y ligustros en apretado abrazo".
Por eso: estamos bien acá, en la galería blanca de la casa y acá Bellessi dice que releyó todo para no quitar nada, que decidió "no meterse con ese sujeto lírico que escribió hace 30 años". Porque "uno tiene que mirarse a lo largo de 30, 40 años de escritura"
—¿Y qué vio?
—Quiero ser sincera: vi coherencia. La vi en las insistencias y en los desvíos, en cómo ciertas cosas retornan pero nunca más al mismo lugar, a algún otro lugar.
—¿Qué cosas?
—El sentido de justicia, la incerteza, el paisaje humano y físico de América latina. Y una meditación sobre el tiempo que es muy diferente a los veintipico que a los sesenta.
—¿Hay algo que hoy le enseñaría a esa poeta de veintipico?
—Sí, aunque también tengo un respeto por esa bárbara que no sabía cosas que sé ahora y que a veces obtenía mejores resultados que los que consigo yo.
—¿Qué le enseñaría?
—La dejaría salvaje, todo el tiempo posible. Es más, yo creo que -estoy citando a Christa Wolf-, como Medea, soy vieja pero todavía salvaje. Le enseñaría un poco más de tradición de poesía en castellano, de la versificación: yo estaba construida en la tradición de ruptura.
—¿Y esa veinteañera tenía algo que la sesentona no tiene?
—Tenía una vida por vivir. El libro, se llama Tener lo que se tiene por eso. Digo: finalmente uno hizo lo que pudo y tiene lo que tiene.
—Volvemos a la revisión...
—A veces uno mira y dice: "A ver quién era yo". Si bien nunca es "yo" quien escribió.
—¿No?
—Mi sujeto lírico es lo mejor de mí. Mira con más atención, con más limpidez, es más certero, es más justo. Si tiene furia, tiene una furia que yo no opaco, si tiene un rasgo amoroso, yo no lo opaco con todas mis suciedades.
—¿Y usted lo mira escribir?
—Algo aparece, que quiero seguir, y me siento y lo escribo. Eso se escribe y luego, cuando leo, suelo querer más eso que se escribió cuando más impúdico parece. Digo, eso que se piensa en silencio, pero que rara vez se va a decir a otro. Eso que, por desnudo, a uno le daría vergüenza decir pero el poema lo dice.
—¿Quién se desnuda ahí?
—Mi sentimiento es que ahí se desnuda cualquier ser humano a través de mi desnudarme. Frente al miedo, frente al amor, frente a la mirada de algo mínimo. Enfrentar eso sin discursos. Enfrentarlo en una zona de intemperie humana, en el silencio de tu propio corazón, me parece que es el lugar de la poesía.
A partir de la edición de su Poesía reunida, la poeta Diana Bellessi cuenta en esta entrevista qué ganó y qué perdió con los años.
Por: Patricia Kolesnicov
"TENER LO QUE SE TIENE". Bellessi revisa su obra y apuesta al presente.
1 de 1
ESCUCHE A DIANA BELLESSI leyendo Tener lo que se tiene.
1
Es justo venir al Tigre a entrevistar a Diana Bellessi. Es justo, es feliz digamos, viajar media hora en la lancha colectiva, entrar en el olor del río y el verde, andar por el caminito que bordea el arroyo oyendo el plaf plaf diverso del agua contra la costa -a veces piedra, a veces madera, a veces un declive suave-, apurar el paso sabiendo que la tormenta en ciernes es más promesa que amenaza.
Es justo: la editorial Adriana Hidalgo acaba de publicar un tomo de 1202 páginas con su "poesía reunida", que incluye, además de casi todo lo escrito de 1974 para acá, un libro nuevo —Tener lo que se tiene— que da nombre al conjunto. Y el conjunto -ahí íbamos- está atravesado por imágenes como "Espejo sin fin las aguas de la noche", por cuestiones como si "¿Cae la lluvia sobre las hojas del banano?", por "Un pato biguá/deja su estela de plata", por "Sauces y ligustros en apretado abrazo".
Por eso: estamos bien acá, en la galería blanca de la casa y acá Bellessi dice que releyó todo para no quitar nada, que decidió "no meterse con ese sujeto lírico que escribió hace 30 años". Porque "uno tiene que mirarse a lo largo de 30, 40 años de escritura"
—¿Y qué vio?
—Quiero ser sincera: vi coherencia. La vi en las insistencias y en los desvíos, en cómo ciertas cosas retornan pero nunca más al mismo lugar, a algún otro lugar.
—¿Qué cosas?
—El sentido de justicia, la incerteza, el paisaje humano y físico de América latina. Y una meditación sobre el tiempo que es muy diferente a los veintipico que a los sesenta.
—¿Hay algo que hoy le enseñaría a esa poeta de veintipico?
—Sí, aunque también tengo un respeto por esa bárbara que no sabía cosas que sé ahora y que a veces obtenía mejores resultados que los que consigo yo.
—¿Qué le enseñaría?
—La dejaría salvaje, todo el tiempo posible. Es más, yo creo que -estoy citando a Christa Wolf-, como Medea, soy vieja pero todavía salvaje. Le enseñaría un poco más de tradición de poesía en castellano, de la versificación: yo estaba construida en la tradición de ruptura.
—¿Y esa veinteañera tenía algo que la sesentona no tiene?
—Tenía una vida por vivir. El libro, se llama Tener lo que se tiene por eso. Digo: finalmente uno hizo lo que pudo y tiene lo que tiene.
—Volvemos a la revisión...
—A veces uno mira y dice: "A ver quién era yo". Si bien nunca es "yo" quien escribió.
—¿No?
—Mi sujeto lírico es lo mejor de mí. Mira con más atención, con más limpidez, es más certero, es más justo. Si tiene furia, tiene una furia que yo no opaco, si tiene un rasgo amoroso, yo no lo opaco con todas mis suciedades.
—¿Y usted lo mira escribir?
—Algo aparece, que quiero seguir, y me siento y lo escribo. Eso se escribe y luego, cuando leo, suelo querer más eso que se escribió cuando más impúdico parece. Digo, eso que se piensa en silencio, pero que rara vez se va a decir a otro. Eso que, por desnudo, a uno le daría vergüenza decir pero el poema lo dice.
—¿Quién se desnuda ahí?
—Mi sentimiento es que ahí se desnuda cualquier ser humano a través de mi desnudarme. Frente al miedo, frente al amor, frente a la mirada de algo mínimo. Enfrentar eso sin discursos. Enfrentarlo en una zona de intemperie humana, en el silencio de tu propio corazón, me parece que es el lugar de la poesía.
viernes, 10 de abril de 2009
ENTREVISTA DE GUSTAVO TISSOCO A LYDIA RAQUEL PISTAGNESI
Entrevista a LYDIA RAQUEL PISTAGNESI
¿Que es para usted poesía?
Poesía es un sentimiento que y se expresa de manera natural, y viaja convertido en caricias, para iluminar de magia los sentidos.
¿Podría usted contarnos algo de su vida, sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Hice poesía aun antes de aprender a sostener un lápiz en mis manos
: tuve buenos maestros, pero dos de ellos me dejaron si sello indeleble, Don Teofilo Quintana, poeta, periodista (Mi Tío) y Don Leoninas Barleta, también Periodista y poeta.
Tengo cinco obras publicadas
Poemas en azul_(Poemas)
Azul de Adiós_(Poemas)
Cenizas de Abril_(Poemas
En el nombre del ángel_(Poemas)
A la sombra de la Gloria _(novela Histórica) y de libros próximo a editar
"Duendes de la Lluvia" (Poemas para niños) Ya en edición
"Destino de Gorrión"_Cuentos_
Tengo premios aquí y en es exterior, pero nunca trabajé para ellos: pueden encontrarlos Internet o en las de mis libros pero no lo promocioné yo
¿Como definiría la poesía?
Definiría a la poesía como un embrujo que une distancias, separa alborada.
cuando nos ilumina somos capaces de dibujar poesía sobre página en blanco.
¿Que autores influyeron en su poética?
No sé si realmente influyeron en mi poética, pienso que cada poeta es distinto a los otros, pero desde muy pequeña fui una esponja. Pasaron por mis manos Neruda, Alfonsina, Juana de Ibarborou, Borges, Máximo Bandermer, Croning, Palacios y su poemario "Almafuerte" Federico Garcia Lorca, Neruda, Jorge Issac, José ingenieros, podría nombrarte muchísimos mas, pues lectura era muy importante para mis padres, ellos me enseñaron a amarla.
¿Cual es el fin que le gustaría lograr con la poética?
Quizás esto que estoy logrando hoy, llegar a otras personas y que ellas se sientan identificadas con mi poesía.
¿Que poesía elegiría usted si tiene que optar por alguno en especial? ¿Por que?
Elegiría la poesía para niños: porque ella me permite jugar con la música que para mí siempre fue una fuente natural. En todos estos años tuve que pelear para lograr una poesía distinta, pero soy clásica y se nota a pesar de que no cuente silabas.
¿Como ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
La poesía cambia con la experiencia, con las ausencias, con el dolor o la alegría, Sí, En eso he cambiado, muchas veces se escribe desde el desgarro
¿Para usted el escritor nace o se hace?
El escritor nace, no se hace y nos damos cuenta, porque se puede escribir con perfección pero si la emoción no brota del que escucha, no sirve lo que nos quieren vender, aunque muchas veces encuentren obsecuentes que los elogien.
¿Como ha cambiado el lenguaje poético a lo largo de los años?
¿Ha cambiado? no lo creo, ahora comienzo nuevamente a escuchar sonetos, y muy buenos por cierto. La poesía es como la moda, va y viene.
¿Que consejos le daría a un joven escritor/ escritora que se inicia en este bello camino?
Le diría que escriba con el corazón, que no imite, que no copie metáforas, que deje que las palabras broten porque dentro del poeta hay un manantial que brota permanentemente con una pureza inigualable, Que sea él. personal. único...
¿Como ve actualmente la industria editorial?
Mal, debido al problema económico. Hoy los editores buscan libros que dejen dividendos y muchas veces no les importa la calidad de los mismos, Se vende mucha muerte y violencia y poco amor.
Si tuviera que recomendar un libro, prosa, poesía, cuento novela ¿Cuales recomendaría?
Hay muchos autores: En poesía, Neruda, Garcia Lorca y tantos otros con distintos estilos, En prosa, amo José Ingenieros por ejemplo. En cuentos a Victoria Pueyrredon, con esa sagacidad y humor negro que la hizo única y en novela a Cronning "Las ciudadela " ¿Que te parece?
¿Que opinas de la forma de difusión de la palabra, en Internet , en fotos, en foros literarios cibernético Etc?
Me parece muy interesante y viajo por ellos dejando una huella
Por ultimo ¿Quiere usted agregar algo?
Sí te felicito por tu capacidad para realizar tantas y todas ellas perfectas
¿Que es para usted poesía?
Poesía es un sentimiento que y se expresa de manera natural, y viaja convertido en caricias, para iluminar de magia los sentidos.
¿Podría usted contarnos algo de su vida, sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Hice poesía aun antes de aprender a sostener un lápiz en mis manos
: tuve buenos maestros, pero dos de ellos me dejaron si sello indeleble, Don Teofilo Quintana, poeta, periodista (Mi Tío) y Don Leoninas Barleta, también Periodista y poeta.
Tengo cinco obras publicadas
Poemas en azul_(Poemas)
Azul de Adiós_(Poemas)
Cenizas de Abril_(Poemas
En el nombre del ángel_(Poemas)
A la sombra de la Gloria _(novela Histórica) y de libros próximo a editar
"Duendes de la Lluvia" (Poemas para niños) Ya en edición
"Destino de Gorrión"_Cuentos_
Tengo premios aquí y en es exterior, pero nunca trabajé para ellos: pueden encontrarlos Internet o en las de mis libros pero no lo promocioné yo
¿Como definiría la poesía?
Definiría a la poesía como un embrujo que une distancias, separa alborada.
cuando nos ilumina somos capaces de dibujar poesía sobre página en blanco.
¿Que autores influyeron en su poética?
No sé si realmente influyeron en mi poética, pienso que cada poeta es distinto a los otros, pero desde muy pequeña fui una esponja. Pasaron por mis manos Neruda, Alfonsina, Juana de Ibarborou, Borges, Máximo Bandermer, Croning, Palacios y su poemario "Almafuerte" Federico Garcia Lorca, Neruda, Jorge Issac, José ingenieros, podría nombrarte muchísimos mas, pues lectura era muy importante para mis padres, ellos me enseñaron a amarla.
¿Cual es el fin que le gustaría lograr con la poética?
Quizás esto que estoy logrando hoy, llegar a otras personas y que ellas se sientan identificadas con mi poesía.
¿Que poesía elegiría usted si tiene que optar por alguno en especial? ¿Por que?
Elegiría la poesía para niños: porque ella me permite jugar con la música que para mí siempre fue una fuente natural. En todos estos años tuve que pelear para lograr una poesía distinta, pero soy clásica y se nota a pesar de que no cuente silabas.
¿Como ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
La poesía cambia con la experiencia, con las ausencias, con el dolor o la alegría, Sí, En eso he cambiado, muchas veces se escribe desde el desgarro
¿Para usted el escritor nace o se hace?
El escritor nace, no se hace y nos damos cuenta, porque se puede escribir con perfección pero si la emoción no brota del que escucha, no sirve lo que nos quieren vender, aunque muchas veces encuentren obsecuentes que los elogien.
¿Como ha cambiado el lenguaje poético a lo largo de los años?
¿Ha cambiado? no lo creo, ahora comienzo nuevamente a escuchar sonetos, y muy buenos por cierto. La poesía es como la moda, va y viene.
¿Que consejos le daría a un joven escritor/ escritora que se inicia en este bello camino?
Le diría que escriba con el corazón, que no imite, que no copie metáforas, que deje que las palabras broten porque dentro del poeta hay un manantial que brota permanentemente con una pureza inigualable, Que sea él. personal. único...
¿Como ve actualmente la industria editorial?
Mal, debido al problema económico. Hoy los editores buscan libros que dejen dividendos y muchas veces no les importa la calidad de los mismos, Se vende mucha muerte y violencia y poco amor.
Si tuviera que recomendar un libro, prosa, poesía, cuento novela ¿Cuales recomendaría?
Hay muchos autores: En poesía, Neruda, Garcia Lorca y tantos otros con distintos estilos, En prosa, amo José Ingenieros por ejemplo. En cuentos a Victoria Pueyrredon, con esa sagacidad y humor negro que la hizo única y en novela a Cronning "Las ciudadela " ¿Que te parece?
¿Que opinas de la forma de difusión de la palabra, en Internet , en fotos, en foros literarios cibernético Etc?
Me parece muy interesante y viajo por ellos dejando una huella
Por ultimo ¿Quiere usted agregar algo?
Sí te felicito por tu capacidad para realizar tantas y todas ellas perfectas
Susana Cattaneo (La diosa suicidada)
Entrevista a SUSANA CATTANEO
1) ¿Qué es para usted la poesía?
Para mí la poesía es verbo. Verbo que me permite entrar en un terreno absolutamente personal y que a su vez es puente hacia la comunicación, en principio con el misterio y luego con aquellos semejantes capaces de tener la suficiente sensibilidad como para compartir lo más recóndito de mi ser. La poesía es un bosque salvaje que nos contagia de vida y es además, ese desborde del lenguaje que nos lleva a lo inefable. El poema se compone de palabras escritas o verbales, pero también de aquello que escapa a todos los sentidos humanos y sin embargo se percibe. Deleite, misterio, comunicación con el propio yo y con el Universo. Eso es poesía.
2) ¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Soy Licenciada en Psicología y me dediqué a escribir ensayos y trabajos relativos a mi profesión, pero antes de eso, ya escribía poemas. Entre la salida del secundario y la entrada a la universidad, escribí tres libros y un cuadernillo. Luego pasaron muchos años antes de volver a escribir poesía. En este momento tengo 18 libros editados, uno de cuentos y el resto de poesía y poesía en prosa. Para decirles algunos títulos: los tres últimos libros son “Pájaros de resurrección”, “Palomas de la soledad” y “Niña subterránea”.
He obtenido, primeros, segundos y terceros premios y muchas menciones. Entre los premios puedo mencionar La Faja Nacional de Honor de Escritores Argentinos, otro premio fue el que me otorgó la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, otro un primer premio en un certamen literario “Poetas de Hoy”, etc.
Doy talleres literarios, conduzco cafés desde hace muchos años y edito una revista titulada “Extranjera a la intemperie”. Mi obra fue traducida parcialmente al portugués, inglés y francés.
3) ¿Cuándo empezó a escribir?
Empecé a escribir poemas cuando estaba en la escuela primaria seguramente por alguna necesidad que hoy en día no podría describir, pero lo que sí recuerdo es que los poemas surgían más allá de cualquier razón. Abría mi cuaderno de clases y en las últimas páginas escribía mis versos.
En la escuela secundaria era yo quien ponía letra a las canciones que cantábamos en los campamentos alrededor del fogón.
4) ¿Cómo definiría su poesía?
Defino mi poesía como lírica; creo que tiene que ver mucho con la tristeza que acarrea la finitud. A veces es desesperación, pero también es un canto a la esperanza, aunque ésta esté posicionada del otro costado del mundo. En mis últimos escritos esto se acrecienta; se crean Universos un tanto fantásticos.
5) ¿Qué autores influyeron en su poética?
En mi adolescencia leí mucho a Alfonsina Storni, Rubén Darío, Bécquer, Amado Nervo, que influyeron en unos pocos sonetos que escribí por entonces. Algo después estuve con los escritos de Claudio de Alas y Pedro Salinas. También leí a dos pilares fundamentales de la poesía argentina: Olga Orozco y Alejandra Pizarnik. Tengo editado un libro que titulé “La diosa suicidada” que tiene una muy marcada influencia pizarnikiana, pero en mi estilo no se ve, en general, la marca de ningún autor en particular. Creo que nuestro entorno, la buena lectura y toda nuestra instrucción, principalmente autodidacta, pesan en la escritura. Como libros “disparadores” puedo mencionar la obras completas de Edna Pozzi, la de María Rosa Lojo y de Heather Thomas, por mencionar algunos.
6) ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Quisiera que mi escritura acompañe a quien la necesite y en el momento oportuno. Recuerdo que en una época leía a la ya mencionada Pizarnik con un amigo muy querido. Alejandra nos acompañaba en domingos grises y momentos tristísimos. Leerla era sentirse comprendido en el alma de esa poeta, era un encuentro con ella que había sentido lo mismo que nosotros sentíamos ahora.
También pretendo mostrar a quien pueda comprenderlos, mis emociones y mi ser más profundo. Es una forma de paliar el sentimiento de soledad existencial que padecemos.
Me gustaría también que dentro de cien años algún libro mío estuviera en manos de alguien en el preciso momento de necesitarlo. Otro deseo mío es el de inmortalizar con mis poemas a los seres que he amado, sean personas o animales.
7) ¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?
Elegiría varios, pero por nombrar uno cito el que abre el libro titulado “Palomas de la soledad” que comienza diciendo “Cae en la playa la tarde que soy...” porque está escrito para una perrita que amé y que me acompañó en momentos de mucha alegría y mucho dolor.
8) ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a través de los años?
En principio escribía sólo poesía. Con el tiempo y de a poco, me incliné por la poesía en prosa. Creo que mi lenguaje poético se fue haciendo cada vez más lírico y luminoso. Pero siempre está en él la invariancia de estilo que hace que puedan reconocerme en un poema.
9) ¿Para usted se nace o se hace escritor?
Para mí se nace escritor. Tiene que ver con la esencia que uno trae consigo. No se aprende a escribir; sí se aprende a pulir un poema.
10) ¿Qué consejos daría a un joven escritor / escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Que sea sincero consigo mismo, ya que es la única manera de escribir bien. Que no tome para su escritura “modas”; que lea mucho y escriba cuando está solo, lo que no quita que pueda intentarlo, si le sirve, hacerlo con consignas de taller junto a otra gente. Que trate de no ser extremadamente hermético; que no use palabras vacías o que nada tengan que ver con lo poético y sí con lo agresivo. Un poema debe siempre contener una estética, de lo contrario estamos creando otra cosa. Que escriba cuando sienta que es el momento y no fuerce las palabras. La poesía no miente: sólo la hacemos cuando nos viene de lo más profundo.
11) ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Muy difícil. Editar es un lujo. La mayoría de los que podemos hacerlo (yo lo hago por intermedio de mi propio nombre editorial “Extranjera a la intemperie”), lo logramos a costa de renunciar a muchísimas otras cosas. Están los poetas que acumulan libros inéditos por falta de recursos. Debería crearse un fondo que ayude a los escritores a hacer públicos sus escritos.
12) Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc. ¿cuáles recomendaría?
De poesía recomendaría las obras completas de Olga Orozco, Alejandra Pizarnik; Edna Pozzi y libros de Wislawa Szymborska “El gran número” y “Fin y principio”. De prosa recomendaría leer la obra de Marguerite Yourcenar, por ejemplo “Memorias de Adriano”; los libros de Saramago, ej, “El evangelio según Jesucristo”. Fernando Vallejo en “La virgen de los sicarios” y “El desbarrancadero”. En cuento recomiendo a Gabriel García Márquez: “El ahogado más hermoso del mundo” y su libro “Los doce cuentos peregrinos”.
13) ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs, etc?
Son formas de difusión a tener en cuenta por su importancia, debido a que hay gran número de personas que se sienten atraídas por todo lo que tenga que ver con Internet. Hago la salvedad de que la gente no debe sólo estar frente a la pantalla; también debe complementar con concurrencia a encuentros.
Estos medios son otra forma de difundir nuestra obra y manera de pensar. Esta entrevista es un ejemplo de ello.
14) Por último ¿quiere usted agregar algo?
Quiero agradecer al poeta Gustavo Tisocco esta posibilidad de diálogo con él y los lectores. Expresar que la poesía siempre nos rescata – aunque sea por momentos –del dolor y nos permite compartir en armonía una parte de nuestra existencia. Siento que eso sucede siempre cuando celebramos la palabra.
Como cierre los invito a visitar la página web: www.extranjeraweb.com.ar
SUSANA CATTANEO
..................................…a la pequeña de pestañas blancas
...................................y amor en sus ojos de almendra…
Cae en la playa la tarde que soy
herida de faros y gaviotas nocturnas.
Un follaje de arena pasea mi cuerpo
escanciado por la brisa que lo cubre.
Cómo no recordar las noches en el muelle.
Las carreras invencibles entre luna y agua.
El camino plata sobre ondulaciones perfectas.
Recordar árboles vestidos de milagro.
Sí; cae en la tarde la playa que soy,
mi pequeña de pies blancos.
¿Dónde llevaste tu alegría de calandrias?
Juego acertijos desde aquel aciago día.
Apuesto: tus ojos me besan en este instante azul.
Mira, hay una floración de ángeles
en la mitad del cielo.
En la otra, una dulce jauría de amapolas.
Ya la noche es mayor y danza misterios sobre el mar.
Ha caído en la espuma la playa, la tarde que soy.
1) ¿Qué es para usted la poesía?
Para mí la poesía es verbo. Verbo que me permite entrar en un terreno absolutamente personal y que a su vez es puente hacia la comunicación, en principio con el misterio y luego con aquellos semejantes capaces de tener la suficiente sensibilidad como para compartir lo más recóndito de mi ser. La poesía es un bosque salvaje que nos contagia de vida y es además, ese desborde del lenguaje que nos lleva a lo inefable. El poema se compone de palabras escritas o verbales, pero también de aquello que escapa a todos los sentidos humanos y sin embargo se percibe. Deleite, misterio, comunicación con el propio yo y con el Universo. Eso es poesía.
2) ¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Soy Licenciada en Psicología y me dediqué a escribir ensayos y trabajos relativos a mi profesión, pero antes de eso, ya escribía poemas. Entre la salida del secundario y la entrada a la universidad, escribí tres libros y un cuadernillo. Luego pasaron muchos años antes de volver a escribir poesía. En este momento tengo 18 libros editados, uno de cuentos y el resto de poesía y poesía en prosa. Para decirles algunos títulos: los tres últimos libros son “Pájaros de resurrección”, “Palomas de la soledad” y “Niña subterránea”.
He obtenido, primeros, segundos y terceros premios y muchas menciones. Entre los premios puedo mencionar La Faja Nacional de Honor de Escritores Argentinos, otro premio fue el que me otorgó la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, otro un primer premio en un certamen literario “Poetas de Hoy”, etc.
Doy talleres literarios, conduzco cafés desde hace muchos años y edito una revista titulada “Extranjera a la intemperie”. Mi obra fue traducida parcialmente al portugués, inglés y francés.
3) ¿Cuándo empezó a escribir?
Empecé a escribir poemas cuando estaba en la escuela primaria seguramente por alguna necesidad que hoy en día no podría describir, pero lo que sí recuerdo es que los poemas surgían más allá de cualquier razón. Abría mi cuaderno de clases y en las últimas páginas escribía mis versos.
En la escuela secundaria era yo quien ponía letra a las canciones que cantábamos en los campamentos alrededor del fogón.
4) ¿Cómo definiría su poesía?
Defino mi poesía como lírica; creo que tiene que ver mucho con la tristeza que acarrea la finitud. A veces es desesperación, pero también es un canto a la esperanza, aunque ésta esté posicionada del otro costado del mundo. En mis últimos escritos esto se acrecienta; se crean Universos un tanto fantásticos.
5) ¿Qué autores influyeron en su poética?
En mi adolescencia leí mucho a Alfonsina Storni, Rubén Darío, Bécquer, Amado Nervo, que influyeron en unos pocos sonetos que escribí por entonces. Algo después estuve con los escritos de Claudio de Alas y Pedro Salinas. También leí a dos pilares fundamentales de la poesía argentina: Olga Orozco y Alejandra Pizarnik. Tengo editado un libro que titulé “La diosa suicidada” que tiene una muy marcada influencia pizarnikiana, pero en mi estilo no se ve, en general, la marca de ningún autor en particular. Creo que nuestro entorno, la buena lectura y toda nuestra instrucción, principalmente autodidacta, pesan en la escritura. Como libros “disparadores” puedo mencionar la obras completas de Edna Pozzi, la de María Rosa Lojo y de Heather Thomas, por mencionar algunos.
6) ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Quisiera que mi escritura acompañe a quien la necesite y en el momento oportuno. Recuerdo que en una época leía a la ya mencionada Pizarnik con un amigo muy querido. Alejandra nos acompañaba en domingos grises y momentos tristísimos. Leerla era sentirse comprendido en el alma de esa poeta, era un encuentro con ella que había sentido lo mismo que nosotros sentíamos ahora.
También pretendo mostrar a quien pueda comprenderlos, mis emociones y mi ser más profundo. Es una forma de paliar el sentimiento de soledad existencial que padecemos.
Me gustaría también que dentro de cien años algún libro mío estuviera en manos de alguien en el preciso momento de necesitarlo. Otro deseo mío es el de inmortalizar con mis poemas a los seres que he amado, sean personas o animales.
7) ¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?
Elegiría varios, pero por nombrar uno cito el que abre el libro titulado “Palomas de la soledad” que comienza diciendo “Cae en la playa la tarde que soy...” porque está escrito para una perrita que amé y que me acompañó en momentos de mucha alegría y mucho dolor.
8) ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a través de los años?
En principio escribía sólo poesía. Con el tiempo y de a poco, me incliné por la poesía en prosa. Creo que mi lenguaje poético se fue haciendo cada vez más lírico y luminoso. Pero siempre está en él la invariancia de estilo que hace que puedan reconocerme en un poema.
9) ¿Para usted se nace o se hace escritor?
Para mí se nace escritor. Tiene que ver con la esencia que uno trae consigo. No se aprende a escribir; sí se aprende a pulir un poema.
10) ¿Qué consejos daría a un joven escritor / escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Que sea sincero consigo mismo, ya que es la única manera de escribir bien. Que no tome para su escritura “modas”; que lea mucho y escriba cuando está solo, lo que no quita que pueda intentarlo, si le sirve, hacerlo con consignas de taller junto a otra gente. Que trate de no ser extremadamente hermético; que no use palabras vacías o que nada tengan que ver con lo poético y sí con lo agresivo. Un poema debe siempre contener una estética, de lo contrario estamos creando otra cosa. Que escriba cuando sienta que es el momento y no fuerce las palabras. La poesía no miente: sólo la hacemos cuando nos viene de lo más profundo.
11) ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Muy difícil. Editar es un lujo. La mayoría de los que podemos hacerlo (yo lo hago por intermedio de mi propio nombre editorial “Extranjera a la intemperie”), lo logramos a costa de renunciar a muchísimas otras cosas. Están los poetas que acumulan libros inéditos por falta de recursos. Debería crearse un fondo que ayude a los escritores a hacer públicos sus escritos.
12) Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc. ¿cuáles recomendaría?
De poesía recomendaría las obras completas de Olga Orozco, Alejandra Pizarnik; Edna Pozzi y libros de Wislawa Szymborska “El gran número” y “Fin y principio”. De prosa recomendaría leer la obra de Marguerite Yourcenar, por ejemplo “Memorias de Adriano”; los libros de Saramago, ej, “El evangelio según Jesucristo”. Fernando Vallejo en “La virgen de los sicarios” y “El desbarrancadero”. En cuento recomiendo a Gabriel García Márquez: “El ahogado más hermoso del mundo” y su libro “Los doce cuentos peregrinos”.
13) ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs, etc?
Son formas de difusión a tener en cuenta por su importancia, debido a que hay gran número de personas que se sienten atraídas por todo lo que tenga que ver con Internet. Hago la salvedad de que la gente no debe sólo estar frente a la pantalla; también debe complementar con concurrencia a encuentros.
Estos medios son otra forma de difundir nuestra obra y manera de pensar. Esta entrevista es un ejemplo de ello.
14) Por último ¿quiere usted agregar algo?
Quiero agradecer al poeta Gustavo Tisocco esta posibilidad de diálogo con él y los lectores. Expresar que la poesía siempre nos rescata – aunque sea por momentos –del dolor y nos permite compartir en armonía una parte de nuestra existencia. Siento que eso sucede siempre cuando celebramos la palabra.
Como cierre los invito a visitar la página web: www.extranjeraweb.com.ar
SUSANA CATTANEO
..................................…a la pequeña de pestañas blancas
...................................y amor en sus ojos de almendra…
Cae en la playa la tarde que soy
herida de faros y gaviotas nocturnas.
Un follaje de arena pasea mi cuerpo
escanciado por la brisa que lo cubre.
Cómo no recordar las noches en el muelle.
Las carreras invencibles entre luna y agua.
El camino plata sobre ondulaciones perfectas.
Recordar árboles vestidos de milagro.
Sí; cae en la tarde la playa que soy,
mi pequeña de pies blancos.
¿Dónde llevaste tu alegría de calandrias?
Juego acertijos desde aquel aciago día.
Apuesto: tus ojos me besan en este instante azul.
Mira, hay una floración de ángeles
en la mitad del cielo.
En la otra, una dulce jauría de amapolas.
Ya la noche es mayor y danza misterios sobre el mar.
Ha caído en la espuma la playa, la tarde que soy.
domingo, 5 de abril de 2009
ana ferrer ( presidenta de la audiencia de madrid)

Soy seria, pero no Rottenmeyer"
KARMENTXU MARÍN 05/04/2009
Pregunta. Hija del cuerpo. Mujer del cuerpo. Cuerpo mismo. ¿Todo queda en casa?
"Soy seria, pero no Rottenmeyer"
VIDEO - KARMENTXU MARÍN / PAULA CASADO - 05-04-2009
ENTREVISTA: ANA FERRER Presidenta de la Audiencia Provincial de Madrid - KARMENTXU MARÍN / PAULA CASADO
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Respuesta. Creo que es una casualidad. Lo de hija del cuerpo en algo me tuvo que influir. Aunque los hijos del cuerpo somos cuatro, y la única que permanecí en él soy yo.
P. Un tal Luis Roldán la tuvo a punto del estrellato, como a Bermúdez el 11-M o a Garzón casi todo. ¿Cómo evitó ir de fallera mayor?
R. El caso Roldán fue el que más trascendencia tuvo de todos los que instruí. Y me libré del estrellato porque considero que no debe haber jueces estrella. Lo que he intentado [ríe] es no estrellarme.
P. Cuando dice que quiere huir de la imagen del juez entregado, ¿contra quién dispara?
R. Contra todo aquello que lo merece. El juez entregado es aquél que no tiene los pies en el suelo. Yo no me tengo que entregar a nada distinto del desempeño de una función y un cometido.
P. Cuenta que se tomó el caso Roldán con gran calma porque estaba embarazada. ¿Recomendaría un buen embarazo a Rajoy para abordar los líos del PP?
R. Yo recomendaría un buen embarazo a cualquiera, porque, si es deseado, es muy placentero. Se lo recomiendo a todo el que tenga una situación de crisis.
P. ¿Cuántas copas se tomaría con el juez Ferrín Calamita, homófobo, amén de pudoroso contra las bañistas?
R. No me tomaría ninguna copa. Y, sobre todo, no me iría a la playa.
P. ¿Por qué los gitanos dicen "pleitos tengas, y los ganes"?
R. Probablemente porque, en ocasiones, quien se enfrenta a la maquinaria de la justicia inicia una historia interminable.
P. ¿Está más contenta con este ministro de Justicia que con Bermejo?
R. Igual de contenta. Me parece que ahora la situación está menos crispada.
P. En los juzgados de Linares la llamaban Ana Thatcher. ¿Peca de señorita Rottenmeyer?
R. Siempre me ha gustado compatibilizar el rigor en el trabajo con un trato cercano. Soy seria, pero no Rottenmeyer. De lo de Linares hace veinticinco años, y era la primera mujer que iba allí de juez.
P. ¿Y de qué peca, si no es mucho preguntar?
R. Peco lo que puedo. Pero no se lo voy a contar aquí.
P. Para dormir a sus niños, ¿les lee el Código Civil o la Ley de Enjuiciamiento Criminal?
R. Yo prefiero leerles otras cosas. Pero me parece que la jurisdicción penal plantea realidades muy cercanas.
P. ¿Y usted, en los insomnios, un tomo del Aranzadi?
R. El Código Penal es el más divertido de todos.
P. ¿Qué es lo que prefiere de su trabajo?
R. El ejercicio de la jurisdicción. Aunque esta experiencia nueva es atractiva, porque es un puesto de gestión.
P. ¿Sus compañeros se dejan pastorear por usted?
R. No. Ni deben dejarse.
P. ¿Equipararía a los niños con los linces, como los obispos?
R. No me parece una buena comparación. Aunque, en ocasiones, los niños son unos fieras [ríe].
P. ¿Usted es juez o jueza?
R. Juez. Y magistrada.
P. ¿Qué tiene debajo de la toga?
R. Una mujer que lucha por compatibilizar su vida familiar con la laboral, por trabajar lo mejor que puede, por desarrollar una idea de justicia como servicio público. Y a la que le gusta disfrutar y divertirse.
P. ¿Qué ha señalado más su vida: el caso Roldán o el rock que se marcó con su hermano en su fiesta de 50 años?
R. Ninguno de los dos. El rock que me marqué con mi hermano fue muy importante, sobre todo al comprobar que podía seguir marcándomelo. Fue estupendo ver que era capaz de seguir andando tras aquel salto con pirueta.
P. ¿Qué rock era?
R. El Rock de la cárcel.
P. Muy propio para su señoría.
R. Fue casualidad.
P. Puesta a provocar, ¿de qué es capaz?
R. De hacer una lista de todo lo que se necesita en la Administración de justicia.
P. Suele ir al campo con tiendas de indios, a hacer el ídem. ¿Lo saben en el Consejo del Poder Judicial?
R. Pues creo que no, pero ellos se lo pierden.
P. ¿Y qué plumas se pone?
R. Las más glamourosas.
P. ¿De qué se disfrazó la última vez?
R. De mujer prehistórica, con un hueso en la cabeza. Iba estupenda.
P. ¿Y de qué le gustaría vestirse ahora?
R. De fantasma.
P. ¿Se ve de presidenta de la Audiencia Nacional?
R. No me llama la atención.
P. ¿Y del Supremo?
R. Hombre, eso me gustaría más. Pero no lo veo como un plan a corto plazo [ríe]. Todo se andará.
Perfil
Tiene 50 años y dos hijos, y dice disfrutar "con muchas cosas". Le gusta navegar, leer, el cine, salir con amigos, la vida en familia y preparar disfraces. Esquía "con bastante poco éxito". Se considera muy sandunguera en sus ratos de ocio, y cocina "razonablemente bien".
¿Es mejor bailarina o jurista? "Creo que mejor bailarina. Me gusta todo lo que se menea", responde. Piensa dar clases de tango en cuanto tenga un hueco.
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