sábado, 10 de enero de 2009

LUIS LANDERO

Luis Landero
Por

©Luis García

Alburquerque 1948. Badajoz. España. En 1960 se trasladó con su familia a Madrid. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense y es profesor en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Tras la irrupción triunfal de Juegos de la edad tardía (Andanzas 102 y Fábula 2) en el mundo de las letras, novela que recibió el Premio Nacional y el de la Crítica en 1991, Landero trabajo 5 años en su segunda novela, Caballeros de fortuna, que le ha consagrado como uno de los mejores novelistas en lengua española. Otros libros del autor son El mágico aprendiz, Entre líneas y Quince Líneas como prologuista además de autor de tres relatos hiprebreves con el seudónimo de Faroni. En preparación El Guitarrista. Sale en abril Entre líneas: El cuento de la vida.




Introducción.- Cuando Luis Landero publicó en 1989 Juegos de la edad tardía, yo era un estudiante de Filología que desconocía las interioridades literarias, y que miraba con respeto a cuantos como él, habían conseguido tocar el cielo con las manos. No estábamos ante un autor más, en unos momentos de renovación narrativa en nuestro país, sino ante alguien llamado con el tiempo a marcar un antes y un después en la novela. Frente a quienes afirman sin pudor la próxima muerte de la novela como género, Landero nos entrega cada cuatro años un nuevo discurso narrativo alejado de convencionalismos literarios, y nos ofrece la posibilidad de continuar soñando con nuevas entregas. Forma parte por derecho propio del selecto trío, junto a Antonio Muñoz Molina y Luis Mateo Díez, que han conseguido alzarse con una novela el mismo año con el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. Once años después, y cuando está cercana la aparición de su próxima novela, El guitarrista, novela marcadamente autobiográfica, jamás hubiera podido suponer que tendría la oportunidad de realizarle una entrevista. Y es que la realidad, por suerte, supera con creces la ficción.

Hace frío esta soleada mañana de invierno, algo que se olvida cuando se tiene delante, junto a una buena taza de café, al insigne escritor. ¿Quién es Luis Landero en realidad?. ¿Quién se oculta tras el enigmático Faroni en Juegos de la edad tardía?. Es algo que intentamos descifrar en esta entrevista. Posiblemente no se consiga, pero como entonces, siempre nos quedará París.

Pregunta.- Antes de comenzar, una sospecha, o si lo prefiere un "cotilleo". Releyendo Juegos de la edad tardía, me encontré con un personaje cuyo nombre me resultaba familiar, que intuyo no fue tan inventado como sugiere en la novela. ¿Existe en realidad Lino Uruñuela, o fue una feliz coincidencia?.



Luis Landero.- Es que no es un personaje. Sencillamente es el nombre de alguien a quien conozco. Lo introduje en la novela supongo que por cambiar..., por terminar con la impostura que había creado... Un poco para quitarme el peso de la farsa que había cultivado. De todos modos el nombre salió porque me dijo Lino un día: "a ver si me metes en la novela". Yo la estaba escribiendo y hasta me dio una idea. "Puede ser que el personaje quiera cambiar de nombre" -me dije-. Y Me ayudó, vaya si me ayudó la sugerencia de Lino, porque yo quería dejar la novela abierta, y se supone que el tener otro nombre iba a propiciar esa condición.

P.- Augusto Faroni, alter ego del protagonista de su novela Gregorio Olías, no es sino el símbolo de su generación, como arquetipo de un modo de entender la literatura, y la vida. Pero, ¿cómo es realidad Faroni?. Quiero decir, que ya que siempre se afirma que la primera novela de un autor suele tener una fuerte carga autobiográfica, ¿sería aplicable este axioma a su caso?.

L.L.- Creo que sí. Lo que pasa que tampoco soy muy consciente de esa carga autobiográfica. Sé que la hay, que existe, pero no la he indagado, entre otras cosas porque intuyo que conecta con zonas oscuras de mi personalidad. En todo caso el supuesto carácter autobiográfico de la novela es aplicable más a mi padre, que era un hombre campesino, sencillo, y muy soñador. Tremendamente soñador y con muy buenas cualidades. Yo conservo las cartas suyas de la guerra, tenía mucha gracia escribiendo... Pero a la vez era un hombre insatisfecho y frustrado con la suerte que le había tocado vivir, ya que le hubiera gustado ser otra cosa que no fuera campesino. Yo viví toda esa frustración con una mezcla de desasosiego, que hizo que al venir a Madrid proyectase en mí todo lo que él no había podido ser. Yo creo que la personalidad de Faroni viene un poco de ahí en cuanto al componente autobiográfico. También está el fenómeno de la emigración, tanto interior como exterior, algo que por suerte o por desgracia conozco porque me tocó vivir y sufrir. Cuando veníamos en aquellos trenes de carbón de los años sesenta, toda aquella gente miserable de los campos a la búsqueda de un destino mejor...iban llenos de sueños, de ilusiones... Yo creo que viene de ahí. Pero también de mi carácter y mi capacidad de ensoñación. Cuando me imagino una cosa me la llego a creer...Un poco de todo. Hay un momento en que la historia que yo cuento, como todas las historias, a las pocas páginas son autónomas, tienen sus propias leyes y reglas.

P.- Pero está Faroni, él también es un soñador, un romántico...

L.L.- Si, claro. Gregorio Olías es un individuo que no ha acabado el bachiller, que se ha educado en el romanticismo, Lord Byron, Espronceda, el cine de Holliwod, y es un individuo que crea a Faroni con una serie de tópicos. Como yo en mi infancia y juventud, no tiene amigos leídos. Como él en la novela, mis amigos eran el aprendiz de un taller mecánico, gente muy de la calle... Y un poco esa imagen romántica que nos creamos en nuestra adolescencia derivó en el Faroni soñador de la obra. Pero claro, luego con toda la ironía de un individuo con casi cuarenta años que ha leído bastante, y que se distancia de su pasado.

P. La literatura no es sino una forma de carrera de obstáculos. Así es como a mí me gusta verla. Pero, ¿qué le indujo a ser tan persistente con Juegos de la edad tardía, sabiendo que lo único que provocaba en las Editoriales eran rechazo y buenas palabras?.

L.L.- No, eso no es exactamente cierto. Hay mucha leyenda sobre ese asunto. En realidad la novela sólo fue rechazada en una ocasión, y además yo lo supe después de que se publicase.

P.- Faroni, cual mediático Quijote, dio lo mejor y lo peor de sí mismo, y por extensión más de lo que en un principio se pudiera esperar de él. ¿Imaginó en alguna ocasión que su estela pudiera llegar a que un Círculo Cultural llevara su nombre?.

L.L.- Jamás. ¡Cómo iba a poder suponerlo!. Cuando me escribieron y me contaron lo del Circulo me llenó de satisfacción, porque me puso un poco en la pista de cómo me gustaría que se leyese la novela. Reduciendo la distancia entre la literatura y la vida. Lo del Círculo fue un modo de certificar esa idea que yo siempre mantuve al respecto. Algo así.

P. Le digo esto porque me consta que muchos de sus lectores lo fueron a partir de haber leído Quince líneas, la selección de microrrelatos que publicó El Círculo en Tusquets, y donde precisamente, Faroni reaparecía con algunos de ellos.

L.L. ¿Es eso cierto?. Pues no se si me halaga o... No, lo cierto es que yo estoy muy contento tanto con el Círculo y la labor que está desarrollando como con el hecho de que Faroni se haya universalizado.

P. ¿Sintió en algún momento el vértigo del escritor tras su primera novela, la sensación que lo que quería contar ya lo había hecho en su primera novela?.

L.L. Muchas veces. La presión de escribir una segunda novela es tremenda, sobretodo después de que la primera haya sido un éxito. Sientes pánico, expectación, pero se supera rápidamente. Si, es probable que sí.

P. Uno, a medida que sigue su carrera, a usted y a otros de su generación, tiene la sensación de estar ante un autor de culto, que ha conseguido con tan sólo tres novelas lo que otros han necesitado con más tiempo. ¿A que crees que es debido?.

L.L. ¿De culto?. Yo creo que no lo soy. Eso de ser un escritor de culto está reservado para aquellos minoritarios pero admirados, y bueno, yo no se si soy un autor admirado, pero desde luego no soy minoritario. Yo vendo multitud de ejemplares.

P. Pero la literatura de culto es un poco la perfecta simbiosis entre autor y lector. Sin embargo, a mi entender, aún le falta para doctorarse un libro de relatos cortos (para mí el género literario por excelencia) que estoy seguro tendrá guardado en un cajón. ¿Para cuando?.

L.L. Bueno, el relato corto me gusta, pero yo soy mas un constructor de mundos novelescos, y mientras estos existan y tenga fuerzas quiero aprovecharlos.

P. ¿Corriges mucho los textos?



L.L. Cada vez menos. Cada vez me importa menos el estilo y mas la sinceridad. O por decirlo de otro modo, me importan los logros estéticos a largo plazo. No me interesa la página perfecta, no me interesa el brillo, el hallazgo parcial de una metáfora, de una imagen de un adjetivo. Eso no es nada comparado con el de un capítulo. Los hallazgos parciales no son nada, son cabrilleos, brillos de los cuales huyo y a veces los encuentro y los tacho.

P. Decía Saramago que tenemos que aprender a escribir sin adjetivos. ¿Compartes esa idea?.

L.L. Bueno, sin adjetivos... Para aprender a escribir sin adjetivos hay que haber escrito con ellos previamente Yo nunca fui un autor recargado ni mucho menos, siempre huí del barroquismo, es cierto. Pero se puede ser sencillo y falso, entendiendo por sencillo la escasez de adjetivos, y se puede ser barroco y verdadero. Alejo Carpentier, que me parece un novelista extraordinario es un ejemplo de esto. En él ni sobra ni falta una palabra, un adjetivo... Es un autor auténtico. Y hay otros, supuestamente sencillos que... mejor se dedicaban a otro oficio. La sencillez no es garantía de nada. No se trata tanto de buscar y encontrar la sencillez como la esencialidad.. La esencialidad se puede expresar de un modo barroco, conceptista...

P. Mendoza vaticinó hace algún tiempo el fin de la novela. ¿Crees que en estos tiempos tan agitados que vivimos, se tiende hacia una literatura de consumo, más rápida?

L.L. Hace tanto que se viene vaticinando... Probablemente sí. Es posible que se esté dando un regreso hacia la reflexión, y hacia tareas... mas demoradas. Pero también es posible que se esté generando una reacción contra toda esta prisa... la mayor parte vacía de contenido. Yo no soy muy optimista respecto al futuro de la novela, pero no por los tiempos sino por la ruptura que ha habido con el pasado. Se han roto amarras con el pasado. Amarras de gran calado. La tradición fundamentalmente era la escuela, la Universidad, el mundo académico en general... No hay más que hablar con un profesor de la ESO para darse cuenta de esa ruptura de amarras. Lo que había era un poco el contar por el contar. Ese tejido narrativo que formaba el barrio, la gente. El contar de padres a hijos. Todo eso de lo que hablan muchos filósofos, Walter Benjamin por ejemplo habla de ello... Y de algún modo eso era un vínculo con el pasado, con la tradición. La gente hablaba, y mantenía en la memoria colectiva “el recuerdo de”..., y había la conciencia de un pasado. Y todo eso se ha roto. De manera que ahora hay una ruptura enorme. Y lo que tenemos es una vocación suicida de vivir el presente. Está muy bien vivir el presente, eso se viene diciendo desde Petrarca....

P.- Carpe diem...

L.L. Sí, “carpe diem”, lo que pasa es que ahora ya no es vivir el presente, es devorar el presente, consumir el presente...

P. ¿Qué nos puede adelantar de Vacía invención?. ¿Para cuando estará en las librerías?.

L.L. Bueno, en realidad se trata del libro Entre líneas ya publicado, al que le he añadido algunos artículos. Lo de Vacía invención es un recurso muy común que se utiliza cuando aún no está el título definido.

P. Una vez, un amigo también escritor, le recordaba por una conferencia que había pronunciado en la Universidad de Oviedo bajo el título de El laberinto de papel. En ella aludía a un viaje poético-musical por diferentes universidades de EEUU recitando a Federico García Lorca. ¿Es cierto que en dicho viaje una estudiante norteamericana le confundió con el propio Federico, en la creencia de que era éste un poeta contemporáneo?.

L.L. Sí, es cierto, Totalmente cierto.

P. Y ya que hablamos de aquel país, ¿cómo fue su experiencia de profesor?.

L.L. Pues al principio me sentí sólo, muy sólo. Un poco como en la mili. ¿Quién me ha mandado venir aquí, me decía. Porque a la mili te obligan, pero aquí... Pero después recogí el aire, la soledad, y al final lo pasé bien. Escribía, paseaba, iba a Nueva York, la ciudad que mas me gusta del mundo... Y no estuvo mal la experiencia al final.

P. ¿Cómo eran sus estudiantes?.

L.L. La ciudad se notaba que había sido rica, muy rica, pero estaba en plena decadencia postindustrial. Se veían las fábricas abandonadas, vacías, y en el centro de todo esto estaba la Universidad de Yale. ¿Los estudiantes?. Que te voy a contar. Eran los mejores estudiantes de EEUU, que no es poco. Por un lado les daba clase a los postgraduados, que eran filólogos, y ya se sabe que los filólogos son iguales en todas partes del mundo. Están pervertidos por la interpretación literaria, y en general por la falsedad cultural actual. Y luego estaba otro grupo de alumnos que eran físicos, matemáticos... Eran gente muy lista, muy inteligente, que comentaban a Lorca, a Buñuel, desde un punto de vista desprejuiciado con total inocencia. Y es precisamente esa falta de prejuicios lo que crea figuras tremendas. Y cuando el talento se cruzaba con la falta de prejuicios, los alumnos desarrollaban unos tipos de comentarios absolutamente renovadores y lo más importante, muy frescos.

P. ¿Qué novelas recuerdas con especial cariño?. ¿Las que mas te han marcado en tu formación como escritor y lector?.

L.L. Mira, una novela que a mí me emociona profundamente es El Gran Gastby. Me llega al fondo del alma. Me parece que es pura poesía. Posiblemente haya otras novelas que me gusten más, pero desde otro punto de vista. No se... El Gran Gastby la habré leído... infinidad de veces. Es una novela mágica, que la termino y la vuelvo a comenzar. Te puedo asegurar que me la sé de memoria, y esta no es una frase hecha. Además, es una novela que me apasiona por...

P. ... por el lenguaje, por el personaje, por la estructura...

L.L. Si, por todo eso. Y por la estructura, claro. Por como está escrita, con esos materiales tan leves, tan efervescentes, que hacen que parezca que la novela va a desaparecer en cualquier momento como la niebla... Y sin embargo se rehace una y otra vez. También está el tono, y yo cuando hablo del tono de una novela siempre habló del Gran Gastby como ejemplo de tono sutil. Con una distancia, una ironía, pero con una fuerza sentimental extraordinaria. Y a la vez que con la ironía, con una actitud intelectual por parte del narrador... testigo, tremenda. Porque el que escribe es testigo. Escribe en primera persona pero no cuenta su vida sino la vida de otro, de Gatsby. Y nunca abandona esa distancia, una distancia melancólica, desengañada, y es en esa distancia de melancolía y desengaño donde reside el secreto del tono. Es muy difícil conseguir eso. También, ya que hablamos de novelas que me hayan emocionado especialmente, alguna de Faulkner como Luz de Agosto y El Villorrio. Para mí son sus dos mejores novelas. También Mientras agonizo, aunque esta es un poco tramposa. Hay demasiados silencios, demasiadas elusiones...

P. A quien si que le gustaba es a García Márquez?

L.L.- ¿A García Márquez?. De todos modos a mí Márquez me gustó mucho en su tiempo, pero cada vez me atrae menos. Digamos que no es de mis preferidos.

P. Retomando una respuesta tuya anterior, ¿qué es exactamente un mundo novelesco?.

L.L.- Es cuando de pronto sientes que algo empieza a funcionar como un motor. Funcionan las bielas, el cigüeñal, responde el freno y entonces... aparecen los personajes, aparecen las situaciones, aparecen los olores, el tiempo, el ambiente, el espacio... Eso es un mundo novelesco. En realidad es un trozo de vida, un enorme pedazo de vida que te atrae. El cuento no. El cuento generalmente es un matiz, una sola cosa que de pronto es como un remolino.

P. ¿No es un trozo de vida el cuento?

L.L. Sí, por supuesto que sí. Pero el cuento está muy definido por el contorno. Es como un disparo que no puedes fallar. En la novela disparas varias veces y no importa que falles en alguna ocasión. El mundo de la novela es un mundo de libertad, es un mundo de desestructuración. Es un mundo que no requiere la intensidad del cuento. El cuento tiene que ser muy intenso, como un arco en tensión para que la flecha salga... En tanto que la novela no requiere esa tensión. Es un mundo mas largo.

P. Y ya para terminar, ¿puede adelantarnos de que trata su próxima novela?.

Bueno, lleva por título, en principio, El guitarrista, y espero acabarla relativamente pronto. Esta sí que va a ser una novela remotamente autobiográfica, porque parte de experiencias muy mías, que yo viví... pero enseguida la historia adquiere autonomía. No es exactamente la historia de un guitarrista, pero si que es verdad que esa semblanza cruza toda la novela. Es decir, está escrita en primera persona y trata de un hombre que se hace guitarrista... pero mejor no hablar mucho de ella. Sólo diré que parte de experiencias muy mías, pero enseguida adquiere autonomía. En esa medida va de la vida a la literatura. Como a mí me gusta.

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS.

Andreu Martín

Por

©Luis García

Andreu Martín. Barcelona 1949. Licenciado en Psicología
.


Máximo representante de la novela policíaca en España, es uno de los autores más populares entre el público juvenil: su serie del detective Flanagan, escrita con Jaume Ribera, se halla entre las novelas juveniles más vendidas. Destacar de su extensa obra Aprende y calla (1979), Prótesis (1980), Momento de difuntos (1985), El día menos pensado (1986), Barcelona connection (1988), Cuidados intensivos (1990), A martillazos, El hombre de la navaja (1992), Jugar a matar (1995), Fantasmas cotidianos (1996) o Mentiras de verdad (2000). Merecedora de numerosos galardones nacionales e internacionales (Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil de 1989 con No pidas sardinas fuera de temporada, en colaboración con Jaume Ribera). Su obra está traducida al francés, italiano, portugués, alemán y holandés. Bellísimas personas obtuvo el XXXII Premio de Novela Ateneo de Sevilla. Espera, ponte así ha obtenido el XXIII Premio La Sonrisa Vertical (2001).



Introducción.- Hammett, Chandler, Le Carre, nombres para la historia literaria dignificados si cabe por el cine. Cuesta creerlo, pero no será hasta la incursión del Séptimo Arte cuando la Novela Negra comience a salir del ostracismo. Cuesta creerlo, digo. En España, también los tenemos. Son los Juan Madrid, los Andreu Martín, nombres que auparon la novela policíaca española hasta su lugar actual, y que sólo a base de coraje y trabajo consiguieron que ¡por fin! fuesen tratados de igual a igual al resto sus colegas por los suplementos literarios de este país, tan cortos de vista en multitud de ocasiones. Andre Martín es un auténtico 4X4. Novela Negra, Juvenil, Guiones de televisión... y ahora, posiblemente en uno de sus más fructíferos años, Novela Erótica. Pocos podían sospechar que tras aquel seudónimo que firmaba la novela ganadora del Sonrisa Vertical 2001, se encontrase quien no hacía ni seis meses que había ganado el Ateneo de Sevilla con una obra de registro radicalmente distinto. ¿O no lo era tanto en el fondo?.Pregunta

Pregunta.- ¿Son tan diferentes ambos géneros como a simple vista lo parecen?.

Andreu Martín.- Sí: son muy diferentes porque el público es diferente. Lo que el aficionado busca en la novela erótica es, evidentemente, distinto a lo que busca en la novela policíaca. Y el principal objetivo del escritor de género es satisfacer al aficionado según las reglas de juego que posee cada género. Ahí está el placer: en descubrir las reglas, en jugar bien

P.- Andreu Martín, nombre de inevitable referencia para cuantos seguimos la novela negra en España. Pero, ¿de donde le viene su pasión por dicho género?.

AM- Me gusta decir que yo aprendí a leer (a leer catalán y a leer descubriendo el sentimiento que se esconde tras las páginas de un libro) con una formidable colección de novela policíaca que se publicaba en catalán en los años 60, La Cua de Palla, dirigida por un escritor magnífico llamado Manuel de Pedrolo. Allí descubrí (descubrimos en catalán) a la Highsmith antes de que fuera famosa, al LeCarré policíaco de Llamada para el Muerto y demás; al Ira Levin de Un Beso antes de Morir. Allí se publicó una novela excelente de Stanley Ellin, Dreamful Summit (en catalán: Cal saber encaixar: Hay que saber encajar), la primera novela que me leí de un tirón en mi vida. Me entusiasmó. Y de ella sólo se ha hecho (que yo sepa) una versión al castellano, y era pésima. En esa colección (a la que luego se añadieron la estupenda Serie Negra de Bruguera y la colección de Noguer donde apareció El Chivato de Higgins, por ejemplo, y El espía que surgió del frío), descubrí que ninguna novela policíaca es, realmente, sólo una novela policíaca. Que, queriéndolo o no, a fuerza de hablar de la transgresión de la ley, del transgresor y sus motivos, del que persigue al transgresor, del que vigila al vigilante, de policía y de política (que tienen el mismo origen semántico) te veías forzado a hablar del mundo en que vivimos y a juzgarlo desde un punto de vista moral y, por tanto, crítico. Por todo eso, cuando me propuse escribir una novela, me salió necesariamente una novela policíaca.

P.- Es conocida y vieja dicha relación, pero no lo es tanto (al menos hasta la fecha) por el género erótico. Su Sonrisa Vertical 2001 le atesora un brillante futuro. ¿Se sintió cómodo escribiendo Espera, ponte así?.

AM.- Me lo pasé muy bien porque, como mi primera novela policíaca, realmente no estaba pensando en publicarla. Era un experimento, una prueba. La di a leer a mi agente literaria y estuvo en sus manos cosa de cinco años antes de que atináramos a qué hacer con ella. En realidad, si fue a parar a la Sonrisa Vertical fue porque Carina Pons me preguntó: “Bueno, ¿qué hacemos con Espera ponte así? ¿Quieres moverla o no?”. Me imagino el original en sus archivos, cubierto de polvo, estorbando. La pregunta, en realidad, era: “¿Lo tiramos o qué?”. Yo recuerdo que me encogí de hombros y le dije “Haz lo que quieras”. Con esto quiero decir que estuve muy cómodo escribiéndola: la incomodidad vino cuando tuve que darla a conocer. Me daba vergüenza.

P.- Me llamó la atención esa radiografía autodestructiva de su protagonista. ¿Cómo dio con el perfil del personaje?.

AM.- Nació así. Quise mostrar esa reacción enfermiza que suele darse ante una negativa en el terreno sexual. Después de acostarse con una mujer (o una mujer con un hombre) muchas personas dan por supuesto que ese embozo de esa cama estará ya siempre abierto para ellos. Y, ante la negativa a una segunda vez, se sienten más rechazados y ofendidos que si no se hubiera dado la primera. Es como si la otra persona si les hubiera catado y manifestara que no le gustó el sabor. Cuando la atracción no viene del afecto, de la amistad, del cariño, del amor (etc: sentimientos positivos y generosos) sino del afán de posesión y dominio, hay ocasiones en que estas actitudes depredadoras se vuelven contra el posesivo y dominante. Y es el caso del protagonista de ESPERA PONTE ASÍ.

P.- ¿Que siente al estar ensillado en dos de los géneros más infravalorados por la crítica?.

AM.- No me siento mal, porque es elección mía. Lamento, eso sí, que la crítica cometa la estupidez de infravalorar estos géneros. Lamento que la crítica infravalore nada, porque eso sin duda empobrece nuestro panorama cultural. Dice muy poco a favor de la crítica, la verdad.

P.- El Ateneo de Sevilla por Bellísimas personas (Algaida), el Sonrisa Vertical por Espera, ponte así (Tusquets)..., ¿nos depara Andreu Martín más sorpresas en el futuro?.

AM.- A un escritor de género le gusta sorprender, sí. (Ahí está precisamente uno de los placeres del género: sorprender cuando el lector se cree que ya está curado de sorpresas. Pero ésa es otra pregunta y otra respuesta.) Si dijera lo que preparo ya no sería sorpresa. En todo caso, ya es un secreto a voces que estoy preparándome para la dirección de una película sobre Flanagan.

P.- ¿Qué opina de los cánones literarios?.

AM.- Que son la opinión de un señor y, por tanto, discutibles. Lo que pasa es que un señor que se anima a elaborar un canon se considera indiscutible y lo malo es que los papanatas que se lo aplauden también lo consideran indiscutible. ¿Queda clara mi opinión?

P.- ¿Cuáles son los referentes literarios de Andreu Martín, que seguro tendrá?.

AM.- Leo continuamente y me dejo influir por todo cuanto leo. Como ha quedado claro, no creo en los cánones ni en la infalibilidad de nadie y, por tanto, si John LeCarré es autor de una de las mejores novelas que he leído en mi vida, El espía que surgió del frío, también es autor de novelas detestables. Me da un poco de vergüenza decir cuáles son mis referentes literarios porque he sido poco influenciado por Flaubert y Dostoievski. Claro que a mis cincuenta y algo años ya tendría que quitarme manías de encima, pero tengo la sensación de que, en este ámbito cultural de papanatas, pueden borrarte de muchas agendas si reconoces que has aprendido de gente como Ed McBain, LeCarré, la Highsmith (inimitable: nunca trataría de aproximarme a ella porque su altura es excesiva para mí), Stephen King, Stanley Ellin, Jardiel Poncela y, naturalmente, Hammett y Chandler. Claro que también me han influído Baroja y Galdós (igual como me aburre profundamente Quevedo). Me divierten mucho los dramaturgos románticos (Don Álvaro o la fuerza del sino es una de mis obras cómicas preferidas, no sé a qué esperamos para hacer la película). Y, mira, para hablar de un clásico al que sí tengo respeto, te hablaré (me da un poco de vergüenza decirlo, pero...) del Quijote. Sí, señor, el Cervantes del Quijote me parece un cachondo muy ingenioso. En fin, que de todo un poco. Ahora acabo de leer El Ilusionista de Martyn Bradford, que seguro que me influirá para un futuro. Me gustan mucho Vila-Matas, Zarraluki y toda esta patulea... Yo qué sé.

P.- Bellísimas personas tiene un cierto carácter documental, que recuerda un poco al Truman Capote de A sangre fría. ¿Cuántos meses de trabajo previo le depara una novela?.

AM.- Mira: Bellísimas Personas y A Sangre Fría sólo se parecen en que relatan un hecho real, como tantas y tantas y tantas otras novelas. Mi estilo y el de Capote no se parecen en nada, y no añado “Qué más quisiera yo”, aunque Capote me gusta mucho. Quizá en un principio, Bellísimas quiso ser como A Sangre fría pero, precisamente por eso, no me releí el libro de Capote y celebré con entusiasmo la creación del personaje (ficticio) de Nuria que alejaba definitivamente mi novela de cualquier comparación con otra novela. A partir de la historia paralela de Nuria, lo más importante de Bellísimas ya no es el hecho periodístico sino la elucubración sobre la relación entre ficción y realidad. Creo yo. Y sí: me llevó muchísimo tiempo escribir la novela. Mucho más que cualquier otra.

P.- ¿Cómo se introduce un autor en la mente de un psicópata?.

AM.- Ante todo, sincerándose consigo mismo y descubriendo dónde tiene guardada su propia psicopatía. Es lo mismo que para meterse en la mente de una mujer (si se es hombre) o en la de un niño distinto al que fuimos o en la de un anciano que no sabemos cómo seremos. O en la de un personaje mucho más inteligente o mucho más tonto que el autor. Todos los hombres tenemos rasgos femeninos y todas las mujeres los tienen masculinos, todos tenemos un referente de la infancia y todos participamos del miedo a la muerte. Las enfermedades mentales no son más que exageraciones, hipertrofias, de mecanismos de comportamiento perfectamente normales y necesarios. Todos somos un poco paranoicos, hemos de serlo, para poder andar prevenidos por la vida (no es verdad que todo el mundo sea bueno); todos somos un poco esquizofrénicos, para poder concentrarnos en la lectura, en el estudio, para ensimismarnos en nuestros placeres y nuestro propio yo; todos somos un poco psicópatas para alcanzar nuestros objetivos con satisfacción... Es cuando ese mecanismo necesario crece y crece y predomina y nos domina que se puede decir que prevalece la locura. Bueno, pues el escritor debe a) sincerarse reconociéndose un poco psicópata (que ya es un poco difícil), b) encontrar ese aspecto repelente de sí mismo y estudiarlo bien, y c) tener la valentía de sacarlo a la luz y, eso sí, atribuírselo a otro como si no tuviera nada que ver con uno mismo. Oye, mira. Y, ya que me he enrollado mucho en las preguntas anteriores, me permitiré la grosería de dejar sin responder tres de las que siguen. Esta primera...

P.- Siempre mantuve que el género negro, junto con el cómic, era uno de los más adecuados para incentivar a la lectura a una juventud excesivamente dependiente del videojuego y de la televisión. Sin embargo, ¿a que cree que se debe ese desinterés de las Editoriales por el género?.

AM- ... No la contesto porque la respuesta sería muy larga. Merecería un tratado amplísimo. Y, la verdad: parece que las editoriales vuelven a interesarse por el género. Al menos me han hablado de dos que están a punto de sacar colecciones policíacas. A ver qué tal lo hacen. Mira... A ver, breve: estamos en esto desde los años 80. Veinte años. Hace poco, fuimos a una radio un importante autor de novela negra español y yo, y nos preguntaron qué era la novela negra, cuáles eran los elementos esenciales del género. El otro autor tomó la palabra para decir que no se sabía, que el género negro era esencialmente un género urbano y nada más, y que no había elementos esenciales del género. Me enfadé. Si ya empezamos nosotros mismos por no analizar nuestro trabajo, ya me explicarás dónde vamos a parar. Veinte años y aún no sabemos responder a esas preguntas??? Eso explica que la vieja guardia de autores policíacos esté escribiendo lo que escribe, Y NO ME HAGAS HABLAR, NO ME HAGAS HABLAR. Suerte tenemos de nuevos y buenos valores como Martín Casariego (Mi precio es ninguno) o Suso de Toro (Ambulancia, Land-Rover, Calzados Lola...) .

P.- ¿Ayudó la Semana Negra de Gijón a dignificar el género?.

AM.- ¿Dignificar el género? ¿Está muy dignificado el género? (Ésta no es respuesta, sí, ya lo sé. Pero el que avisa... es avisador.)

P.- Y ya que lo mencionamos... ¿qué le debe Andreu Martín al cómic, si es que le debe algo?.

AM.- Mucho, le debo. Más de diez años de mi vida. Pensar en imágenes. La estructura básica de mi estilo. La concisión en las descripciones. Quiero volver al cómic porque le debo, sin duda, ser como soy. Y no me disgusta ser como soy, la verdad.

P.- ¿En que proyecto o novela anda metido en estos momentos?.

AM.- En la peli. Ando metido en la pelea. Esperando una firma que tiene que venir de TVE y que no viene y nos tiene a todos mordiéndonos las uñas. Esa firma será el pistoletazo de salida para empezar a correr en todas direcciones pegando gritos. Espero que te sirva todo esto. He tratado de ser lo más sincero posible.
Joaquín Leguina

Por

©Luis García



Joaquín Leguina. Villaescusa (Cantabria-España) 1941, se licenció en Ciencias Económicas en la facultad de Bilbao y se doctoró en la de Madrid. Tiene publicados varios ensayos de economía, demografía, política y novelas: La fiesta de los locos, Tu nombre envenena mis sueños , Malvadas y virtuosas: retratos de mujeres inquietantes, Historias de la calle Cádiz, Fundamentos de Demografía, La fiesta de los locos, La tierras más hermosa, 10 Relatos históricos, Cartas abiertas a un lector de periódicos acorralado por la información, El corazón del viento, Años de hierro y esperanza y la exclusiva para todos los lectores de Literaturas.com el próximo libro de relatos que llevará por título Cuernos.




Introducción.- Pocos podían sospechar cuando hace años Joaquín Leguina publicó su primer libro de relatos, Historias de la calle Cádiz, que había nacido para la literatura un escritor que eventualmente ejercía de político. La historia, sobretodo en esa franja que ocupa por derecho propio los años treinta, ha sido generosa con dicha estirpe, si por tal concepto queremos definirla. Baste para ello hablar de los Azaña, Unamuno o Azorín. Pero, salvedad expresa del primer caso, siempre estaríamos hablando de intelectuales que circunstancialmente se asomaban al patio político en unos tiempos en los que sin duda se les necesitaba. Por eso, resulta especialmente significativo el caso de Joaquin Leguina. Por eso, y por más cosas que intentaremos ir desgranando poco a poco. Pero vaya por delante mi reconocimiento público ante dos actitudes de ver la vida aparentemente contrarias, pero, a veces, afortunadamente convergentes. Y digo afortunadamente, porque guste o no, el Joaquín Leguina escritor nunca podría haber escrito El corazón del viento de no haber existido previamente el Joaquín Leguina político.

P.- ¿Qué siente un político como usted, anterior Presidente de la Comunidad de Madrid, metido a novelista y escritor de relatos?.

Joaquín Leguina.- Bueno, tampoco soy el primero, ni me imagino que seré el último. Ha habido muchos políticos dedicados en algún momento de sus vidas a la literatura, incluso con algún éxito. Alguno de ello llegó a ganar el Premio Nobel.

P.- Bueno, pero Churchil fue un poco el pago a unos servicios.

J.L.- Tampoco me estaba refiriendo a Churchil, sino a Echegaray. Pero ya que lo mencionas, tampoco estoy de acuerdo contigo, Léete los Diarios de la Guerra. La obra es excelente. Otra cosa es que él no se dedicara a la literatura propiamente dicha. Hay una tradición de políticos antiguos que fueron magníficos escritores.

P.- El mismo Azaña, sin ir mas lejos, aunque mantenga el estigma de ser un poco el responsable del fracaso de La II República, ya que hay quien mantiene que fue precisamente su carácter de intelectual comprometido lo que derivaría en el Golpe de Franco.

J.L.- Hombre, tampoco es así. El tener a uno, dos o mas intelectuales en el Gobierno debe de ser motivo de orgullo. Lo que pasa que a Azaña le tocó la época de los totalitarismos, le tocó lidiar desde la izquierda con un anarquismo potentísimo aquí en España y con un ejercito anclado en la Guerra de África, sin modernizar. No creo que Azaña cometiera mas errores que Largo caballero por poner un ejemplo.

P.- Afirmaba Borges, que toda novela de más de 150 páginas es autobiográfica. Aplicando dicho razonamiento a El corazón del viento, y una vez que se ha leído con detenimiento, no cabe duda de que la suya lo es. Máxime a poco que nos detengamos en el papel que desarrolla Cesar, su protagonista. ¿En o no autobiográfica?.

J.L. No tampoco es exactamente así. Efectivamente, el ambiente en el que se desarrolla la novela si que es mío. Más el de Chile que el caos que se vivía en España. La fase chilena sí que es autobiográfica, aunque con reservas. No lo es la peripecia personal de Cesar, ni el resto de los protagonistas de la novela.

P. No pude evitar mientras la leía el revivir con nostalgia (a pesar de mi edad) los trágicos y convulsos años del fin de la Dictadura. Y cuando hablo de revivirlos, no quiero decir que los haya vivido, sino del efecto catártico que de los mismos ejercieron en nosotros. ¿No resulta la novela una liberación de Joaquín Leguina, como si tuviera que echar ciertos fantasmas que aún hoy en día viven en su interior?.

J.L. Yo lo que quería era recuperar esa etapa pero sin batallitas, y sobretodo sin idealidades. Yo creo que la gente de mi generación cuando cuenta su juventud, lo hace con un sentido muy poco realista, y excesivamente idealizado. Y eso no me parece que sea una forma de recuperar una etapa tan trascendental. Eso es lo que intenté hacer con la novela, a partir de unos personajes de ficción que viven en un ambiente determinado y muy realista. La novela es desde ese punto de vista costumbrista si se quiere,.

P.- En literatura ocurre una cosa muy curiosa, al igual que por ejemplo en el cine. Y es que cuando aparece una novela como la suya, con un tema determinado de fondo, aparece a la vez otra de otro autor que de alguna forma trata los mismos temas. En su caso coincidió con la de Cebrián, La ternura del dragón...

J.L.- Fue a la vez que la de Cebrian y a la vez que la de Chirbes, aunque en ámbos casos con matices. La de Cebrián se desarrolla en una época posterior a la mía, y la de Chirbes es el último día de la vida de Franco, aunque claro, hay constantes saltos hacia atrás. Pero las tres novelas muy diferentes.

P. Hay un pasaje recurrente en El corazón del viento, y es la constante referencia a modo de homenaje, a la novela Campo de almendros de Max Aub. ¿Qué le debe Joaquín Leguina y todos los de su generación a Max Aub?.

J.L. Es de la saga de Galdós y me parece uno de los mejores escritores de su generación, aunque haya sido de los que menos han escrito. El laberinto mágico es una de las grandes novelas castellanas de este siglo. Es un homenaje, al igual que hay homenajes a Baroja. Mi personaje se llama igual que el protagonista de Cesar o nada... Hay constantes guiños al lector.

P. Usted estuvo directamente involucrado en los trágicos acontecimientos del Chile de 1973, algo que no todos saben. ¿Qué siente cuando visiona una y otra vez por la televisión aquel Palacio de la Moneda en llamas?.

J.L. Directamente estuvimos todos, incluso las piedras. Lo jodido no es verlo en una película, es verlo en directo. Yo no estaba en El Palacio de la Moneda. Yo era militante de base del Partido Socialista, pero sí que tenía una historia con uno de los ayudantes de Allende, concretamente con Juan Garcés, alguien que se hizo famoso últimamente por llevar el peso del asunto londinense de Pinochet. Y este hombre, que sí que estaba en el Palacio, salió y vino a mi casa.

P. Su historia de aquella época resulta tan atractiva para tanta gente que daría para un libro de memorias. ¿No se lo ha planteado?.

J.L.- Un libro de memorias tiene otro abordaje.

P.- Pero también un libro de memorias se puede disfrazar como un diario, como por ejemplo la novela Días y noches de Trapiello..

J.L.- Pero eso es otro estilo. Lo que hace Trapiello es otra cosa... Pero lo cierto es que no me encuentro sicológicamente preparado para escribir un libro de memorias. Puedo contar una historia de personal, pero no pudo huir de ellas. En la novela no. Hay algunos detalles que son personales, pero en general la historia es ficticia.

P.- ¿Qué fue primero, el político o el escritor?

J.L.- El escritor, por supuesto, aunque yo he estado en política desde los dieciocho años.


P.- En una entrevista hace años abogabas por la eliminación de las fronteras y anuncias quizás de una forma apocalíptica esta emigración del sur hacia el norte, de la pobreza a la "riqueza". Hablabas entones, y mantenías que teníamos que empezar a acostumbrarnos a vivir en una Europa multirracial y multicultural. ¿Cómo ve desde esa perspectiva la Europa del III Milenio?.

J.L.- Mal, muy mal. Bueno, yo en realidad me he dedicado durante bastantes años a una disciplina, la demografía, acostumbrada a realizar análisis a largo plazo. Y esto que está pasando era bastante previsible. Recuerdo un viaje a Ghana, a Centro África, en el que fui a un Congreso que nunca existió. Dado que como ya estaba allí, me quedé una semana. Conocí a gente, la Embajada me facilitó un guía, y cuando volví a España en avión, vía Roma, venía con el que durante mi estancia en aquel país había hecho las veces de guía. Y yo le decía,

-¿Y a que vienes tú a Europa?.

-A lo que sea, me contestó.

-Pero, conocerás a alguien en Roma, le pregunté.

-A nadie.

-¿Llevas dinero?

-Cien dólares.


Y era un hombre estudiado, con una cultura. Pero ya entonces se comenzaba a ver, de ahí esta anécdota No era la emigración que habíamos vivido los españoles en los años sesenta y setenta hacia Europa, donde había primero una distancia menor, unos enlaces familiares o de amistad. No. Esta gente no tenía nada de eso. Ahora comienzan a tener esas condiciones los nuevos emigrantes. La demografía es un poco como decía un clásico una ciencia que puede destruir un edificio como las terminas. Trabajamos a muy largo plazo frente a los economicistas.

P. ¿Qué tal la versión cinematográfica de tu anterior novela?. ¿Cómo resultó?.

J.L. Bueno, yo tengo una experiencia ambigua en torno a ese tema. Por una lado la convicción de que la película no es mía. Es del Director, en este caso Directora, del guionista, de los actores... Además es muy difícil que una novela quepa en una película. Pero vista la primera vez, te llevas el disgusto inicial, y a medida que la ves más veces, te das cuenta que tampoco está tan mal llevada. Fue la última `película que dirigió Pilar Miró, y algunos de los personajes están construidos con mucha fidelidad de fondo a la novela. Incluso algunos hasta físicamente me los podía imaginar así. Pilar trabajó mucho en la novela, le gustaba mucho, pero tuvo mala suerte la película porque coincidió en el mercado con otra suya de enorme éxito, con El perro del hortelano. Porque el riesgo que corrió llevando una obra de teatro en verso, al cine, fue tremendo. De hecho, pocos, incluido yo, creían en el éxito de ello.

P. ¿Qué estás escribiendo ahora?.

J.L. Bueno, estoy terminando una colección de relatos, un género que dicen no tiene mucho mercado, pero me da igual. Es un género que me permite más versatilidad. Una novela no te permite cambiar el estilo, y sin embargo en una colección de cuentos puedes tener tantos estilos como relatos. Diferentes abordajes, etc.

P. ¿Cómo se va a titular?.

J.L. Bueno, en principio el título va a ser Cuernos, porque los cuentos giran en torno a infidelidades no necesariamente sentimentales.

ROSA MONTERO - POR LUIS GARCÍA ¿MONTERO?

Rosa Montero

Por

©Luis García

Madrid- España 1951. Estudió Filosofía y Letras, Sicología y se graduó en Periodismo. Desde 1977 trabaja en exclusiva para el diario El País, donde ha sido redactora jefe de El País Semanal. En 1970 publicó su primera novela, Crónica del desamor, a la que siguieron La función Delta (1981), Te trataré como una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), finalista ese año del Premio Europeo de Novela, Bella y oscura (1993) y La hija del caníbal (Premio Primavera de 1997). Su obra ha sido traducida a idiomas como el alemán, italiano, inglés, etc. Ha publicado también La vida desnuda (1994) e Historias de mujeres (Alfaguara, 1995). En 1998 publica en Alfaguara el volumen de relatos Amantes y enemigos. Cuentos de parejas. Su última novela es El corazón del tártaro (2001).



Introducción.- Rosa Montero es un poco, junto a otra compañera de profesión cuyo nombre obviaré en este momento, la Pepito Grillo de una generación que se acostó con la Dictadura y se desperezó con la democracia. Rosa es un poco ese Pepito Grillo que todos llevamos dentro pero al que nunca nos atrevemos a despertar, so peligro de soliviantar nuestro cómodo tránsito por la vida. Lo siento. Seguro que ya se habrá repetido en más de una ocasión, pero si Rosa (o Maruja, ahora sí voy a citarla) no existieran ni se asomaran desde esas ventanas de El País, seguro que habría que inventarlas.

P.- Periodista y escritora. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?.

Rosa Montero.- Para mí el periodismo escrito es un género literario, así es que ,me considero una escritora que escribe narrativa, ensayo y periodismo. Empecé escribiendo narrativa, a los cinco años ya escribía cuentos de ratitas que hablaban y cosas así. Si estudié periodismo fue porque me gustaba escribir ficción, y no al contrario.
P.- Se lo pregunto porque soy de los que mantienen que muchos de nosotros nos hicimos lectores desde el descubrimiento de columnistas como usted, que consiguieron en un tiempo récord instaurar un nuevo género que compitiese en igualdad de condiciones con el teatro, la poesía...

R.M.- Gracias por el elogio, que me encanta, pero nosotros no instauramos nada. El periodismo como género literario es tan viejo como Larra.

P.- Algunas de sus columnas son auténticos cuentos breves. ¿Qué le debe a dicho género?.

R.M.- ¿Tú crees? Yo eso lo veo más en Millás, que es un maestro del microcuento. Yo creo que mis columnas son columnas. Creo que son estrictamente periodísticas, pero ya te digo que para mí el periodismo es un género tan literario como cualquier otro, como el ensayo, el drama, la poesía...

P.- En ellas, suele hablar de lo mundano de lo cercano, pero también de lo trascendente. ¿Resulta la vida tan desmaquillada como para mostrárnosla así, desnuda?.

R.M. No sé si consigo desmaquillar del todo la vida, como dices. Intento contar, o entender, lo que hay debajo del tópico. Pero a veces no es fácil hacerlo.

P.- Se puede decir que su incursión en la novela es relativamente reciente. ¿Dónde se encuentra más a gusto?. ¿En ese género en sus columnas periodísticas?.

R.M.- Me encanta que te parezca relativamente reciente porque me rejuvenece, pero mi primera novela salió hace 22 años. Y antes, sin publicar, ya escribía narrativa, como te he dicho. Para mí las columnas son trabajo. Me gusta mi profesión periodística, pero no es más que eso, una profesión. La narrativa, en cambio, es algo mucho más profundo. Es mi manera de vivir, lo que estructura mi vida.

P.- Uno no puede evitar el solidarizarse con lo que trata en su sección Angeles y monstruos. Historias duras de gentes anónimas pero muy, muy cercanas. ¿Cómo bucea en ellas?. ¿Se ve en su posición de Pepito Grillo, como decía al principio, removiendo conciencias?.

R.M.- No, no. Mi intención primera no es remover conciencias, sino aprender, entender un poco mejor la vida y el mundo, rozar la emoción de la existencia.

P.- ¿Cómo ve a la mujer en este comienzo de milenio tan desajustado y desarbolado?.

R.M.- Mejor que nunca. Pero todavía queda mucho camino por andar.

P.- Personalmente hay un estrato de la población especialmente olvidado, y que sin embargo se ha demostrado que son consumados lectores. Me estoy refiriendo a la tercera edad, término que me disgusta bastante. ¿Cree en la existencia de una literatura para mayores?.

R.M.- Ni hablar. Sólo creo en la buena y mala literatura, y también creo que hay un libro para cada persona. Si alguien no lee, si no le gusta leer, es porque todavía no ha encontrado ese libro que es su llave mágica hacia la lectura.

P.- En estos tiempos del pensamiento único, y de desarboladas batallas e intrigas palaciegas en lo literario, ¿no le parece que hay quien pretende instaurar a su vez la novela única?.

R.M.- Pues no. De hecho vivimos un momento posmoderno, es decir, un momento en el que no existe una única respuesta frente al mundo, ni ética ni estética. Hoy coexisten todo tipo de novelas. En otras épocas ha habido una mayor tiranía estética en cuanto al modelo de narrativa imperante.

P.- ¿Qué opina del tan manido canon literario?

R.M.- Es una tontería como cualquier otra.

P.- Premio Nacional de Periodismo, Premio Primavera de Novela..., ¿y El Cervantes?.

R.M.- ¡Cielos! En estos momentos el Cervantes ni aparece por el horizonte de mi imaginación más desaforada.

P.- ¿Qué opinión le merece, habida cuenta que pocos Premios están dotados de tanta polémica, a menudo gratuita?.

R.M.- Todos los premios son arbitrarios, está en su naturaleza. En cuanto a la polémica, los premios más amañados son justamente los que no generan polémica. Cuando están arreglados, los jurados no debaten entre ellos.

P.- ¿Qué está escribiendo en estos momentos?.

R.M.- Acabo de sacar una novela “El corazón del Tártaro”, y ahora estoy reposando las ideas. También tomo notas para una novela medieval y para un libro de ensayos literarios.

P.- ¿Para cuando un nuevo libro de relatos, si me permite la licencia, o una nueva recopilación de artículos?.

R.M.- Un libro de relatos va para largo; tengo una idea para uno, pero iré haciéndolo muy despacio... El anterior libro de relatos reúne cuentos escritos a lo largo de quince años, de modo que... En cuanto a la recopilación de artículos, no tengo nada pensado por el momento.

P.- Por último, ¿siente que junto a sus colegas de columna, dignificaron un género que no pasaba por buenos momentos?.

R.M .- Pues no, la verdad es que no creo eso. No eran las columnas las que pasaban por malos momentos, sino el periodismo español en general, porque salía de una época de dictadura. Pero eso no tiene que ver con el valor de las columnas o de los columnistas en sí.

ELVIRA LINDO

Elvira Lindo

Por

©Luis García

Elvira Lindo. Cádiz 1962. Vive en Madrid desde los doce años. En 1987, empezó a trabajar en la radio como locutora y acabó especializándose en guiones. Fue entonces cuando nació Manolito Gafotas, el protagonista de sus libros. Elvira Lindo ha escrito también guiones para la televisión, para el cine, y ha estrenado en teatro Ley de la selva 1994, una comedia de costumbres. Manolito Gafotas ha sido llevado al cine en dos ocasiones con desigual aceptación. Títulos de la autora: Pobre Manolito 1995, Olivia y las carta a los Reyes Magos 1996, Manolito Catrollos 1996, Manolito Gafotas en la radio (grabación sonora) 1997, Los trapos sucios de Manolito Gafotas 1997., Manolito On the Road 1998, Como Molo: otra de Manolito Gafotas 1998, Todo Manolito 2000, Amigos del Alma 2000, , Yo y el Imbecil 2000, Manolito Gafotas 2000, ¿Quién Mato a Harry? 2000 (Juan Bonilla, Felipe Benítez Reyes, Elvira Lindo), El otro barrio 2000, Tinto de verano 2001.






Introducción.- ¿Es Elvira Lindo la mujer de Antonio Muñoz Molina o Antonio Muñoz Molina el marido de Elvira Lindo. Es posible que la terna resulte un tanto pueril para muchos. Para otros no es mas que un reflejo de las nuevas parejas literarias que han nacido en nuestro país, de las que las más famosas y menos populares son Elvira Lindo & Muñoz Molina y Almudena Grandes y Luis García Montero. Pero si las comparaciones son odiosas, conviene recordar que Elvira Lindo fue monaguillo antes que monje, o lo que es lo mismo, se curtió primero en el competitivo campo de la radio. Allí nació Manolito Gafotas, uno de los más entrañables personajes de ficción de los últimos años. Allí lo vio crecer y allí, finalmente, se le independizó y cobró vida literaria. Se puede decir que a partir de entonces Elvira Lindo perdió el control de su creación. Ya nunca más podría dominarlo a su antojo. Aunque por otra parte, nosotros, los lectores, habríamos de ganar a la que pasa por marcar las pautas de la literatura juvenil de los últimos años.

Luis García.- Elvira Lindo & Manolito gafotas. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?.

Elvira Lindo.- Primero fui yo. En realidad, Manolito era uno de los muchos personajes que yo hacía en la radio, el caso es que lo repetí más veces porque gustaba más y porque yo siempre me divertí mucho haciéndolo, pero mi vida en la radio es mucho más intensa. No sólo he interpretado a Manolito, he presentado también programas en Radio 3, en Radio Cadena, y he trabajado en todos los ámbitos posibles, desde la información sin más hasta la presentación de programas musicales o culturales. Trabajé en la radio muchos años, así que hubiera sido absurdo que sólo me hubiera dedicado a hacer un personaje, en realidad, Manolito era una de las muchas cosas que hacía. Lo que ocurrió es que cuando dejé Radio Nacional, me llamaron de la cadena SER para hacer solamente Manolito los fines de semana, y a mucha gente que no me conocía de mi trabajo anterior debió parecerle que mi única relación con la radio era hacer un personaje.

L.G.- ¿Cómo nació el personaje?. ¿Se inspiró en alguien en particular?.

E.L.- Ya digo, yo presentaba programas, hacía entrevistas, pero siempre me gustó escribir guiones, cuentos para la radio. A veces los interpretaba yo y otras buscaba a locutores para que me pusieran las voces. En el caso de Manolito, fue muy simple: un día debí escribir el monólogo de un niño, y no debí encontrar a nadie que me prestara la voz y la puse yo. A todo el mundo le hizo gracia y lo repetí al día siguiente. Manolito nació por la repetición.

L.G.- No abundan los casos en los que un personaje de Radio, que nació más para ser escuchado que leído, haya dado el salto a la literatura. ¿Sintió vértigo en sus comienzos?.

E.L.- No sentí vértigo en el sentido de que cuando empecé a escribir el libro Manolito era ya un personaje muy sólido en mi cabeza, es como si estuviera escribiendo un libro sobre un niño que conocía a la perfección puesto que llevaba interpretándolo y escribiendo guiones para "él" muchos años. Pero sí que sentí miedo por el hecho de estar casada con un escritor muy conocido y que eso se pudiera interpretar como algo poco serio. Debo decir que la gente cercana, fundamentalmente mi marido, me animaron a desarrollar una vocación literaria que yo tenía de siempre y que sólo había podido ejercer como guionista.

L.G.- Tengo un amigo que siempre la escuchaba, pero que nunca la ha leído, lo que demuestra que tiene muchos más seguidores en la sombra esperando quizás su retorno a las ondas. ¿Será posible algún día?. ¿Volveremos a oír la voz de Manolito Gafotas?.

E.L.- A mí me gustaría que esos oyentes que me escuchaban en la radio dieran el paso a los libros porque aunque Manolito naciera en la radio, para mí, la idea de Manolito siempre fue una idea escrita, nunca me ha gustado interpretarlo improvisando, he seguido todos estos años un guión y lo he seguido con bastante rigor, aunque a la gente le pareciera que todo era muy natural. No era en absoluto natural: yo me ponía el día anterior a escribir un guión que me costaba bastante trabajo y al día siguiente lo interpretaba con mis cinco sentidos para que conseguir toda la gracia, la naturalidad posibles. En cuanto a mi vuelta..., no sé, en realidad lo dejé porque estaba cansada, casi físicamente, no por ninguna otra cosa. Llevaba trabajando todos los fines de semana durante cinco años y eso agota. Pero también me da pena pensar que nunca lo volveré a interpretar. Tengo serias dudas con todo esto.

L.G.- ¿Se los imaginaba a él y a sus amigos El Imbécil, Susanita bragas sucias, etc, como al final fueron en la película?. ¿Le gustó la versión de Manolito Gafotas?.

E.L.- Era difícil de imaginar para mí, pero apoyé la primera película, la que hizo Miguel Albaladejo porque él se metió en el proyecto con muchísimo cariño y respeto por el personaje, y creo que la película es el resultado de mis textos y también de la visión propia de Miguel, es una película muy tierna. En cuanto a la segunda, no me identifico en absoluto, no he pasado de los diez minutos y me pareció espantosa. Parece que hay gente que cuando hace cine para que lo puedan ver niños baja el nivel o pierde el respeto hacia el espectador.

L.G.- ¿Le molesta que la comparen con J.K. Rowling?.

E.L.- No, pero creo que en la comparación hay cierto desconocimiento porque en realidad en lo único que nos parecemos es en que hemos escrito libros para niños y en que, al menos en España, las dos hemos sido un best seller. No hay más, porque mi forma de escribir no tiene mucho que ver con la suya, pero cuando se habla de literatura infantil todo se simplifica. Imagínate que a dos autores de adultos los compararan continuamente por el simple hecho de que los dos vendieran muchos libros, realmente la comparación es escasamente literaria, es puramente económica, y me parece lamentable que sólo se hagan comparación económicas en la literatura para niños porque se desconoce el resto o porque no se tienen más elementos de juicio. Mis libros para niños se parece mucho más a los de Roahl Dahl, que por cierto, es un clásico, que es lo que deseamos ser todos. Yo preferiría saber que mis libros se siguen vendiendo dentro de diez años al hecho de vender ahora muchísimos y que luego el fuego se apague.

L.G.- Soy de la opinión de que si bien nosotros nos criamos y crecimos bajo la sombra de Mafalda y Snoopy, e incluso de El Pequeño Nicolás, nuestros hijos lo hacen bajo la de Harry Potter y Manolito Gafotas. ¿Tiene usted esa sensación?.

E.L.- Es posible. Ojalá. Y es una buena mezcla porque la señora Rowling se dedica al mundo de la fantasía y yo el mundo de la realidad, son dos buenos contrapuntos para una imaginación infantil. Puedo decir ya que hay chicos estudiando su carrera universitaria que tienen como recuerdos de sus lecturas infantiles a Manolito Gafotas. Eso me hace muy feliz.

L.G.- Se han hecho muchas lecturas, muchas interpretaciones de su personaje. Pero sin duda una de las que más me ha llamado la atención, ha sido la importancia que desde algunos círculos se le dio a la figura del abuelo en sus libros. ¿Qué hay de cierto en ello?.

E.L.- Bueno, la figura del abuelo es muy importante en el libro, porque en este libro para niños son muy importantes los adultos, algo que a veces se me ha criticado por la idea de que en los libros para niños deben aparecer ante todo niños. En realidad el abuelo es un poco la mezcla de todas las personas mayores que convivieron conmigo durante la infancia, tíos, tías mucho mayores que mis padres. Yo los adoraba, sobre todo a mi tía Concha, en realidad, a veces el abuelo, ahora que lo pienso, es mi tía Concha.

L.G.- Porque tengo entendido que incluso le llegaron a dar un premio en Francia por el tratamiento que sobre dicho personaje y su relación con su entorno familiar hace en sus libros.

E.L.- No he llegado a ganarlo, he estado propuesta varias veces para ese premio.

L.G.- Pero el abuelo no deja de ser una abuelito convencional, con sus manías y sus rarezas, pero al fin y al cabo como lo son todos aquellos que ya han sobrepasado un cierto umbral.

E.L.- Bueno, no estoy de acuerdo, hay abuelos que pueden tener muy mala leche, además este es un abuelo que vive con ellos, un abuelo del pueblo que se ha venido a la ciudad, eso cada vez es menos común. No digo que sea un personaje muy original, pero yo no pretendo que mis personajes sean originales, sino que sean creíbles, que sean sólidos y que a mí me gusten. No tengo porque hacer un abuelo que pilote coches de fórmula 1.

L.G.- Pasa usted por ser una observadora un tanto cáustica de la vida diaria. Los artículos de sus Tinto de verano en El País así lo atestiguan. ¿Ha recibido muchas amenazas por ellos?.

E.L.- Amenazas, no. He recibido muchas felicitaciones y también el escándalo de gente que no los ha entendido. A mí me choca que la gente piense que hay algo"moralmente" reprochable en ellos, porque son, ante todo, artículos irónicos, pero creo que resulta extravagante que sea la mujer la que haga humor sobre la vida diaria, sobre el marido y los hijos. De verdad que pienso que ese ha sido el punto que más ha molestado a determinada gente que, por otra parte, no tiene mucho sentido del humor. En España sabemos abundan los chistosos de barra de bar pero hay poco humor escrito y el lector no está muy acostumbrado a eso. Pero debo decir que quitando ese tipo de lector, en el fondo muy puritano, tengo muchos seguidores. No me puedo quejar. Y a mí me gusta ser extravagante, lo soy en mi forma de ser, en mi vida diaria, y eso es lo que se trasluce en los artículos.

L.G.- ¿Qué le dice "su santo" cuando la lee?. ¿Le reprocha ese sarcasmo que utiliza en los artículos?. Esa frivolización de la intelectualidad.

E.L.- No, a mi marido le encanta los artículos, él es el primero que los lee, por supuesto, y le hacen muy feliz, se ríe. Tengo mucha suerte porque para mí su juicio es importantísimo, y el que a él le gusten me da mucha seguridad. Tiene mucho sentido del humor, y le encanta que yo sea descarada.

L.G.- ¿Se ha acostumbrado a ser la mujer de Muñoz Molina, o comienza él a ser él el marido de Elvira Lindo?.

E.L.- En nuestra vida normal de todos los días no pensamos muchos en quiénes somos públicamente, de verdad, no es algo que esté en nuestras conversaciones. No hay competencia entre nosotros. Nuestros apellidos desaparecen. Y con respecto a ser Señora-de, bueno, estoy casada, claro, y con un escritor muy conocido, pero siempre quise tener mi sitio en el mundo porque he trabajado desde los dieciocho años, ¿cómo voy a conformarme con ser la sombra de alguien? Me gusta trabajar, estar en el mundo, que se me tenga en cuenta, y no me refiero a un nivel público sino a todos los niveles. No soy el prototipo de señora de artista.

L.G.- ¿Cómo es la vida diaria con Antonio?. Quiero decir... en lo literario, por supuesto.

E.L.- Compartimos muchas cosas de nuestro trabajo: opiniones, correcciones, dudas...Nos contamos los proyectos. Tenemos bastante camaradería en lo profesional porque hay mucha confianza en la opinión del otro.

L.G.- ¿Y en lo personal?. ¿Surgen las inevitables rencillas, los celos... profesionales?.

E.L.- Ya le digo: no hay competencia. Pero cuando las personas se entienden y se llevan bien, ya lo saben los periodistas, no hay noticia. De acuerdo, somos una pareja que no se dedica a algo convencional y que tienen cierta proyección pública; desde fuera, eso puede resultar chocante pero nosotros no pensamos nada en ello, nos dedicamos a intentar disfrutar de la vida. Eso sí que puedo confesarlo: intentamos disfrutar de la vida al máximo.

L.G.- ¿Se corrigen mutuamente los textos?.

E.L.- Por supuesto.

L.G.- ¿Por qué se han ido a vivir a Nueva York?.

E.L.- Porque nos gusta pasar un tiempo fuera todos los años, lo que ocurre es que este año se ha enterado todo el mundo por lo que ha sucedido pero es algo que solemos hacer. Nos gusta salir de vez en cuando de este mundo a veces fácil y a veces asfixiante de las figuras públicas para convertirnos en anónimos. Es algo que enseña mucho, y mirar a tu país desde fuera también enseña.

L.G.- Una pregunta fuera del guión. ¿Cómo vivieron el atentado de las Torres Gemelas?. Porque si había unos enviados de excepción en la gran manzana eran ustedes.

E.L.- Lo vivimos con angustia, como todo el mundo allí. Se vivió con angustia en todo el mundo, pero claro, allí la angustia se multiplicaba porque no se sabía si la cosa iba a continuar. Y siendo una ciudad a la que tenemos especial cariño y en la que hemos estado tantas veces lo vivimos con pena, con tristeza porque es un palo muy grande para una ciudad el perder cinco mil almas. Hemos disfrutado mucho de nuestra estancia allí pero no cabe duda que todo se ha visto empañado por estos momentos tan difíciles que está viviendo el mundo.

L.G.- ¿Qué está preparando en estos momentos Elvira Lindo?. ¿Para cuando una nueva entrega de las correrías de Manolito Gafotas?.

E.L.- Estoy escribiendo una novela, así que ahora no pienso en Manolito. No puedo tener la cabeza en tantos sitios a la vez, procuro concentrarme sólo en mi novela. Poner toda mi energía en que me salga como yo he soñado.

jueves, 8 de enero de 2009

THE GHOSTWRITER - el escritor fantasma -

REPORTAJE
"Me llamo Blair, Tony Blair"
Pierce Brosnan interpretará al ex primer ministro británico en el cine
PATRICIA TUBELLA - Londres - 30/06/2008


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La enésima encarnación cinematográfica de Tony Blair se perfila como un retrato poco amable de su gestión política. Pero la elección del actor que le dará vida, al menos, puede suplir la cuota de vanidad del ex primer ministro.

Tony Blair

A FONDO
Nacimiento: 06-05-1953 Lugar: (Edimburgo) Pierce Brosnan

A FONDO
Nacimiento: 16-05-1953 Lugar: (Navan)
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'El fantasma' muestra un retrato implacable del político laborista
Pierce Brosnan, conocido para el mundo como uno de los James Bond más atractivos -si no el más guapo- de la saga fílmica, interpretará en el celuloide a un jefe de Gobierno británico recién retirado y cuya singladura se ha visto marcada por la sumisión al presidente de Estados Unidos, que le abocó a participar en una guerra ilegal en Oriente Próximo. Si bien el personaje en cuestión responde al nombre de Adam Lang, el parecido con la figura de Blair resulta incuestionable.

The ghost (El fantasma), cinta basada en el libro homónimo del afamado Robert Harris, relata los avatares de un autor contratado como negro (ghostwriter, en inglés) para escribir la autobiografía del citado primer ministro. El director Roman Polanski y el propio Harris (coguionista) se inclinaron por Brosnan por su capacidad para dotar al personaje tanto de encanto como de cinismo y doble moral. Porque The ghost es, ante todo, el retrato implacable del político laborista, un ajuste de cuentas de Harris con su antiguo amigo Blair, a quien acabó dando la espalda por la intervención militar en Irak y su connivencia con la vergüenza de Abu Ghraib.

Tanto o más antipática resulta la figura de la esposa del ex primer ministro, émula de Cherie Blair, una mujer inteligente y manipuladora que en la gran pantalla correrá a cargo de la oscarizada actriz Tilda Swindon. El éxito del libro ha animado a su plasmación cinematográfica, que comenzará a rodarse el próximo septiembre en Alemania, con Brosnan como cabeza de cartel.

Será el quinto entre la nómina de actores británicos que han prestado sus facciones a Tony Blair. El más conocido de todos es el galés Michael Sheen, protagonista de la cinta La reina. Aquella caracterización de un joven político laborista, nervioso, simpático y popular, que desembarca en Downing Street coincidiendo con la muerte de Lady Di, da paso ahora en El fantasma a un personaje más amargo y que ha perdido el apoyo de la opinión pública. Brosnan personificará al Blair más oscuro, aunque con el aliciente de brindarle su físico más imponente.

domingo, 4 de enero de 2009

ERIKA LUST - ( UN LUJO DE CHARO MORA)

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