sábado, 16 de junio de 2012

Beatriz Adriana Lichinchi por Daniel Heller.

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ENTREVISTA
Al rumor de tus tangos, Varela






Viene de cantar en Europa. Está a punto de volver al ruedo en Buenos Aires. Sigue sola, y dice que su entrega en el amor nunca es completa. Adriana Varela habló con Viva de su historia de muchacha peronista, del Polaco Goyeneche y de sus miedos.




Diego Heller.
dheller@clarin.com




Fue, es y será noctámbula. Le cuesta arrancar, y eso que el mediodía hace rato que descansa en paz. Pide disculpas por su cara de siesta, por algún derrape en sus ideas, también por la pinta. "No es para tanto, mujer", dan ganas de consolarla. Recién venida del sueño y todo, con unos cincuenta años encima (su edad es un arcano; ella quiere que siga siéndolo), Adriana Varela bien puede subir al podio en la categoría veteranas.

Esos ojos, negros como el cuervo de Poe, flamígeros en el enojo, acaso sean su secreto. Fuma (muchos) cigarrillos light; fumando espera que la charla tome forma. El mate -con algún yuyo, Dios sabe cuál- va y viene; matiza este primer round verbal, el que suele ser de estudio. De entrecasa, Adriana no es la "enigmática mujer escotada y blanca" que desveló al escritor español Manuel Vázquez Montalbán. (Tampoco una matrona en bata, eh.) Habla con su vozarrón, ése que hipnotiza a catadores de tangos de toda la galaxia. Si escenario arriba canta con el cuerpo, en su casa dice con las manos. Es, vista de cerca, tal como se la ha descripto: vehemente, arrabalera, sensual. Sobre el final de la charla, algo soberbia: "En el exterior piden a Adriana Varela, no a un show de tango", dirá en una tercera persona que supo ser privativa del Diego. Pero esa expresión será al cabo un accidente. El resto de la tarde parecerá una mujer que no sabe lo que quiere pero lo quiere ya. Una tipa lúcida cansada de psicoanálisis, cultora del ocio no creativo y cercada por los miedos.

Afuera, allende el balcón, el cielo gris plomizo anestesia Palermo. Es un día ideal para contar historias. Para oír confesiones. Una muchacha y una guitarra. Quiso el destino que le tocara nacer hija de padres esclarecidos. El, Osvaldo Lichinchi, técnico químico; ella, Amalia Curia, maestra en Dock Sud. Avellaneda, su terruño, aún era una ciudad fabril cuando Adriana llegó al mundo, el 9 de mayo de un año que jamás dirá. Papá Osvaldo escuchaba jazz, era socialista. Mamá Amalia descubría a la Piaf y, digna hija de don Guerino, era peronista hasta el caracú. "Mis viejos eran tipos muy modernos. Por casa pasaban monseñor Podestá, Romero Brest, gente así... Pero el gran pater familiae era mi abuelo, un veterinario que trabajaba en el frigorífico La Negra y traía a casa todo lo que tenía que ver con las movidas sociales."

Varela vivió una típica infancia de barrio, pero con sobremesas a pura política. "Así, en mi adolescencia ya era zurdita: peruca y zurdita. Siempre fui una mina muy enterada de lo que era la conciencia de clase", rememora. Gustavo, su hermano, pintaba para artista plástico. Ella, probaba los lábiles límites paternos: "Yo era una pendeja muy hincha pelotas, muy inquieta y rebelde. Mi transgresión pasaba por salir con chicos y volver tarde; por fumarme un faso en el cuarto, encanutada, con la música al mango, hablando de machos con mis amigas".

Era la que tocaba la guitarra, y sorprendió a más de uno cuando anunció que perseguiría un diploma de fonoaudióloga. "Terminé en la Universidad del Salvador, aunque no era una concheta típica, porque era donde mejor dictaban la carrera. Igual, todas las manifestaciones las hacía con la UBA", cuenta. Resumiendo: al cabo de unos años nuestra chica, que ya dejaba una estela de piropos a su paso, ya trajinaba pasillos de hospitales y consultorios. No había elegido una especialidad fácil, para nada. "Me dedicaba a los pacientes neurológicos que tienen afasias, es decir lesiones en determinada área del lenguaje. Trataba a afásicos y quise ver qué coño decían cuando decían boludeces. Me decía: No puede ser casual que digan una palabra por otra. Quería saber por qué el discurso de un afásico es tan parecido al de un psicótico, pero los neurólogos no me daban bola. Al final, me encontré con un librito de Freud, Las mal llamadas afasias. Me confirmó muchas cosas, y desde ese día empecé a estudiar lingüística y psicoanálisis." Eso, dice, ocurrió cuando amanecían los ochenta. Mientras tanto, maduraba la idea de casarse.

Al compás del corazón

Héctor Hugo Varela, hasta la fecha su único marido, era tenista profesional.
Uno de los talentosos que quedaron opacados por Vilas y Clerc, dicen los que lo vieron jugar.

Jugó varios torneos del Grand Slam y algunos partidos en la Copa Davis. Se retiró joven -de las canchas, de la vida de su mujer- y se convirtió en un buen entrenador. Es el padre de Rafael y Julia, los hijos de Adriana. No era, en los tempranos ochenta, el candidato obvio para tan combativa muchacha: en los courts la revolución no es un sueño eterno. "¿Cómo terminé casada con un tenista? Mi marido era el peruca del tenis, que tenía un ambiente bastante difícil, sobre todo en la época más dura. Yo iba al Buenos Aires (el Lawn Tenis) o al Argentino a ver partidos, y mientras tanto desaparecían amigos nuestros. A la vez, para los tipos más cogotudos, yo era muy pintoresca y divertida. Imaginate, les cantaba temas de Pedro y Pablo o Spinetta", lanza la carcajada. Acompañando a su marido, Varela pasó años recorriendo el mundo, de torneo en torneo. Llegaron los hijos y un día todo se terminó.

"Yo pasé diez años casada y feliz: no fueron años de absoluta tranquilidad, sino de absoluta vertiginosidad. Peleábamos mucho, de puro apasionados, pero éramos una pareja muy copada."

Cuando te separaste, te quedaste con su apellido y con los chicos. Tu ex marido, ¿con qué se quedó?

Supongo que con cosas muy buenas mías. Yo no compartiría todo lo que compartí con él; hoy no convivo con alguien ni en pedo. Sólo convivo con mis hijos, y no es fácil. Y pensá que yo me había casado para convivir y para tener hijos. Tenía el sueño de cualquier mina, quería ser una Susanita.

¿Y con quién te peleabas cuando te quedaste sola?

Con nadie. Me la comía y hacía mucha terapia. Por eso, ahora creo que en realidad la etapa del psicoanálisis ya fue: yo me intoxiqué con el psicoanálisis.

¿Llegaste a usarlo como muleta?

Claro, pero en esa época era así. La clase media tenía esa muleta: era muy fuerte lo que vivíamos. Más que resolver el tema de una patología, en el análisis buscábamos alguien que nos contuviera.

Antes de hartarte del diván, ¿qué descubriste de tu psiquis?

Que el deseo es mi motor, lo único que me salva de la locura, lo que me hace seguir en pie. Si no deseara, estaría mirando al sudeste.

¿Algo más?

Y... que la compulsión a la repetición es lo más difícil de resolver. Eso de volver a hacer lo mismo que te hace mal.


Al caer en esas repeticiones, ¿no te deprimís?

Claro. Te agarra un ataque de locura. Te decís: ¡La puta madre!


Otra vez en el mismo punto de partida, loca. Porque sabés cómo termina el librito, sabés el final de la novela. Pero de nuevo caés en la misma escena ridícula.

¿Hablás de tu vida amorosa?

Obviamente. ¿De qué te va a hablar una mina? Yo te puedo hablar de tango, de la vanguardia, pero sería una careta si no te hablara de mi vínculo con los tipos.


Adriana y los miedos

Cacho Castaña, uno de sus grandes amigos, supo definirla como nadie. "Parece que ya nada le sorprende/ parece saber todo de la vida/ parece, pero no es lo que parece/ es una gata herida", la semblanteó en La gata Varela.

Sos complicada, parece...

Tengo pinta de complicada, ¿no?

Creo que soy lo más parecido a una histérica, y no te hablo sólo del plano de la seducción. Yo más bien tengo esa cosa histérica de no pertenecer. Por ejemplo, no me creo una tanguera; digo que soy una fonoaudióloga que canta tangos. Tengo esa cosa histérica de querer quedar siempre afuera. Y no es por narcisismo. Es algo mucho más profundo: la idea de que nadie es dueño de mí.

Una idea que no te debe ayudar a la hora de encontrar una pareja.

Eso es lo más dificultoso con los tipos. Saben que conmigo hay entrega, pero que nunca es total. Yo no tengo dueños ni en lo laboral ni en lo cotidiano. Tal vez lo hago porque tengo miedo de perder la identidad absolutamente.

Y a la hora de pensar tus vínculos personales, ¿no te proyectás al futuro y te da temor envejecer sola?

La verdad es que miedo le tengo a todo. El año pasado empecé a tener conciencia de mis miedos: yo no sabía que tenía tantos. Me agarró una especie de fobia, lo que ahora se llama panic attack, y llegué a consultar con un psiquiatra. Ultimamente soy una mina miedosa. Lo loco es que yo era una mina muy mandada.


Sería la crisis de los cincuenta.

No, fue una cosa más profunda, una cosa de inseguridad absoluta; de preguntarme adónde voy, qué estoy haciendo. Me agarró fuerte el año pasado, y no pude viajar a EE.UU. ¿Cómo voy a cantarle a estos hijos de puta que declaran la guerra?, me dije. No estaba de ánimo, y no pude caretearla. Ahí también me di cuenta de que era dueña de mis actos.

Antes, mucho antes de su era del miedo, Varela se halló en una encrucijada. Recién separada, sin un mango, hastiada del rock, buceó en lo oculto. "A comienzos de los noventa me fui a buscar a los tangueros porque estaban ocultos. ¿Cómo llegué ahí? Porque un día me alquilé la película Sur y lo vi al Polaco Goyeneche: me partió la cabeza, entendí por primera vez el tango." El encuentro de su vida fue en el Café Homero, el refugio de las viejas glorias del género.

"El Polaco cantaba con las vivencias a flor de piel. Estaba roto, cargaba con una fractura interna; me impactó muchísimo, desde lo más visceral. Yo, cagada de miedo, me acerqué a él. No sé cómo, pero me obligó a cantar." Pasaron catorce años y siete discos desde aquel día, el del debut. Lo recuerda como si fuera hoy. "A partir de ahora, donde vaya yo vas a venir vos, me dijo, sin saber que definía mi proyecto. Yo tenía una sed, una carencia, un agujero y la música empezó a calmar mis angustias vitales. El tango no fue una elección de profesión para mí. Por eso siempre digo: No sé si no voy a volver al consultorio. Si no cantara, estaría atendiendo pacientes", (se) dice.

Cadícamo, De Lio, Stamponi: un seleccionado de glorias la cobijó, la protegió de tanto maledicente que desconfiaba de su éxito fácil. "Eran señores tangueros. Tenían un código, el de la Buenos Aires de los años 20, que me sedujo profundamente. Si canto tangos es porque me copó esa historia."

A cambio, ¿qué le diste al tango?

No sé. Lo único que puedo decir es que cuando yo empecé a cantar, nadie se acercaba al tango.
Para el entorno mío yo era una loca; no sólo me había separado, sino que había dejado el consultorio por el tango. En esos días, en el tango sólo había gente grande. Yo era la nena del ambiente, y el Polaco, que me cuidaba como a una hija. Con él aprendí a cantar sin partituras, a salir al toro, a dominar el temor antes de salir al escenario. Aunque, desde que me agarró la fobiecita esta, resulta que tengo más miedo que antes.


Il dolce far niente

La cantante de tangos más exitosa, la que se la pasa de gira por el exterior, es una caja de sorpresas. Viene de triunfar en Grecia y España y está por dar una serie de shows en Buenos Aires, pero se dispone a cometer sincericidio.

Dirá que no le gusta viajar y que a veces no tiene ganas de cantar. "Me rompe las pelotas viajar. Esto de cambiar de hotel, de desarmar y armar valijas es un plomo. ¿Sabés dónde descanso? En el escenario: ahí está todo bien. Aunque hay días en que tener que ir a cantar es un garrón terrible: hay que producirse, es todo un rollo.

Lo que más me gusta en la vida, y te lo digo sin prejuicio, es hacer huevo. Me encanta estar sin hacer nada: tomar mate con mis hijos, leer ensayos de psicología..."

¿Nunca un ataque de frivolidad?

Mi parte frívola es como la de cualquier mina: tengo el deseo de estar guapa, aunque me cueste mucho más que antes. Lo que no tengo son los típicos apetitos de los nuevos ricos. Yo no sueño ni con una casa en un country ni con una súper lancha. Mi deseo es terminar de laburar, llegar a casa, tirarme en la cama y ver una película de terror. Es un deseo más bien mediocre, ¿no? �

sábado, 31 de marzo de 2012

Chomsky

Everything Was a Problem and We Did Not Understand a Thing
An interview with Noam Chomsky.
By Graham Lawton|Posted Sunday, March 25, 2012, at 7:00 AM ET
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Noam Chomsky on human nature and climate change

Virginie Montet/AFP/Getty Images.

Why can everyone learn Portuguese? Are some aspects of our nature unknowable? Can you imagine Richard Nixon as a radical? Is Twitter a trivializer? New Scientist takes a whistle-stop tour of our modern intellectual landscape in the company of Noam Chomsky.
Let's start with the idea that everyone connects you with from the 1950s and ’60s—a "universal grammar" underlying all languages. How is that idea holding up in 2012?
It's virtually a truism. There are people who misunderstand the term but I can't deal with that. It's perfectly obvious that there is some genetic factor that distinguishes humans from other animals and that it is language-specific. The theory of that genetic component, whatever it turns out to be, is what is called universal grammar.
But there are critics such as Daniel Everett, who says the language of the Amazonian people he worked with seems to challenge important aspects of universal grammar.
It can't be true. These people are genetically identical to all other humans with regard to language. They can learn Portuguese perfectly easily, just as Portuguese children do. So they have the same universal grammar the rest of us have. What Everett claims is that the resources of the language do not permit the use of the principles of universal grammar.
That's conceivable. You could imagine a language exactly like English except it doesn't have connectives like "and" that allow you to make longer expressions. An infant learning truncated English would have no idea about this: They would just pick it up as they would standard English. At some point, the child would discover the resources are so limited you can't say very much, but that doesn't say anything about universal grammar, or about language acquisition. Actually, I doubt very much that a language like that could exist.
Ideas about human nature naturally crop up in your work. It's a fuzzy term, so what do you mean by it?
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To me it's just like bee nature. Humans have certain properties and characteristics which are intrinsic to them, just as every other organism does. That's human nature. We don't know very much about it except in a few domains. We know a lot about how the digestive system develops, that's part of human nature. We know some things about the visual system. With regard to cognitive systems, the systems are more complex and difficult to investigate, so less is known. But something is. Language is one component of the human cognitive capacity which happens to be fairly amenable to enquiry. So we know a good deal about that.
In your new book, you suggest that many components of human nature are just too complicated to be really researchable.
That's a pretty normal phenomenon. Take, say, physics, which restricts itself to extremely simple questions. If a molecule becomes too complex, they hand it over to the chemists. If it becomes too complex for them, they hand it to biologists. And if the system is too complex for them, they hand it to psychologists ... and so on until it ends up in the hands of historians or novelists. As you deal with more and more complex systems, it becomes harder and harder to find deep and interesting properties.
If human nature is relatively fixed, as you argue, how do we achieve social and political change?
Human nature is not totally fixed, but on any realistic scale evolutionary processes are much too slow to affect it. With language, for example, we have very good evidence that for the last 50,000 years there has been no evolution. That is a reflection of the fact that our basic capacities have not evolved.
So within a realistic time frame there is not going to be any change in human nature. But human nature allows many different options and the choice among those options can change, and it has. So there are striking changes, even in our own lifetime, of what we accept as tolerable. Take something like women's rights: If you go back not so many years women were basically regarded as property. That's a sign of the expansion of our moral spheres. So sure, human nature remains the same but a lot of things can change.
Sticking with social and political change, what is going on with climate-change denial in the United States?
The Republican party now has its catechism of things you have to repeat in lockstep, kind of like the old Communist party. One of them is denying climate change.
Why is it happening?
It happens that there's a huge propaganda offensive carried out by the major business lobbies, the energy associations, and so on. It's no secret, they're trying to convince people that the science is unreliable, that it's a liberal hoax. Those who want to be funded by business and energy associations and so on might be led into repeating this catechism. Or maybe they actually believe it.
The Republican-dominated House of Representatives is now dismantling measures of control over environmental destruction that were instituted by Richard Nixon. That shows you how far to the right they have gone. Today Nixon would be a flaming radical and Dwight D. Eisenhower would be off the spectrum. Even Ronald Reagan would be on the left somewhere. These are interesting, important things happening in the richest and most powerful country in the world that we should be very much concerned about.
The media has been one of your big interests over the years. Are new and social media really changing the way we do things?
I'm probably the wrong person to ask. I'm kind of out of the Stone Age, I don't use any of these things and don't know a lot about them, but they are doubtless effective. For example, Occupy Wall Street could not have developed like it did without social media.
Are they affecting other things very much?
I think that is open to question. For one thing, by their very nature they have to be fairly superficial, there isn't a lot you can say in a tweet or even an internet post. Almost by necessity, I think it is going to lead, or has led, to some superficiality. So like most technology, there is an upside and a downside.
You argue that the United States is in political and economic decline. Is that also true of the intellectual and scientific worlds?
Well, there are some who do claim that, but I'm not convinced. For example, if you look at the journal Science, the editor-in-chief Bruce Alberts has a series of editorials in which he is deploring the way science is taught in the U.S. In the federally funded schools and the universities people are being taught factoids; they are taught the periodic table to memorize when they do not understand what it is about. Alberts says this totally misleads people about the nature of science and that it is driving kids away from science. If what he is describing does overwhelm the education system it will presumably lead to a decline in scientific competence and capacity as well.
Looking back on your long career, if you were to start all over again would you still choose to study language?
When I was a college student and I got interested in linguistics the concern among students was, this is a lot of fun, but after we have done a structural analysis of every language in the world what's left? It was assumed there were basically no puzzles.
In the 1950s, there was a serious attempt to address the core problems of language and it was immediately discovered that everything was a problem and we did not understand a thing. Now a great deal has been learned and we understand a lot more about the nature of language. The contemporary field is still very exciting. It is a living field. If you're teaching today what you were teaching five years ago, either the field is dead or you are.


This article originally appeared in New Scientist.

jueves, 23 de febrero de 2012

Tom Waits

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Entrevistas
Confesiones verdaderas
Una autoentrevista de Tom Waits
Tom Waits
Hace tres años, cuando Waits publicó su disco en vivo Glitter and Doom, incluyó como parte del kit de prensa esta charla consigo mismo. Ahora que lanza al mercado Bad as Me, hemos recuperado el texto para placer de sus numerosos fans (entre los cuales, claro está, nos contamos nosotros).


Traductor
Andrea Garcés

N° 125
Noviembre de 2011



Debo admitir que antes de conocer a Tom había escuchados tantos rumores sobre él que tenía miedo. Francamente, sus deudas de juego, su magnetismo animal, su indiferencia por los sentimientos de los demás… y, además, la minuciosa colección de armas, las compras compulsivas, los rejuvenecimientos faciales, los viajes de esquí, todas las veces que lo cogieron con drogas, los cientos de alcobas que tiene su casa, la evasión de impuestos, las veces que orinó en público... estaba nervioso por conocer al hombre real, con todo y su equipaje. Sin embargo, me encontré con una persona delicada, inteligente, abierta, llena de vida, servicial, chistosa, valiente, audaz, locuaz, limpia y reverente. Un verdadero boy scout (y un gigante). Ahora, acompáñenme en esta inusual mirada al corazón de Tom Waits. Por favor quítense los zapatos y no fumen.


¿Cuál es el álbum más extraño que tienes?
En los setenta, una disquera de Los Ángeles lanzó un álbum titulado Lo mejor de Marcel Marceau que consistía en cuarenta minutos de silencio seguidos por aplausos. Se vendió bastante bien. Me gusta ponerlo para hacerme compañía, pero me molesta mucho cuando las personas hablan mientras lo escucho.

¿Qué cosas inusuales se han dejado accidentalmente en un baño?
Bueno, Winston Churchill nació en un baño de mujeres y tenía un sexto de sangre iroquesa.

Siempre has disfrutado la conexión entre la moda y la historia... cuéntanos sobre eso.
Está bien. Tomemos por ejemplo el vestido de baño de dos piezas creado en 1947 por un diseñador francés. La imagen de la primera mujer que lo usó fue tan explosiva como la bomba atómica que hizo detonar Estados Unidos en el atolón Bikini, de ahí vino el nombre.

Haz una lista de los artistas que le han dado forma a tu vida creativa.
Bueno. Éstos son algunos que se me vienen a la cabeza en este momento: Kerouac, Dylan, Bukowski, Rod Serling, Don van Vliet, Cantinflas, James Brown, Harry Belafonte, Ma Rainey, Big Mama Thornton, Howlin’ Wolf, Leadbelly, Lord Buckley, Mabel Mercer, Lee Marvin, Thelonious Monk, John Ford, Fellini, Weegee, Mick Jagger, Richards, Willie Dixon, John McCormick, Johnny Cash, Hank Williams, Frank Sinatra, Louis Armstrong, Robert Johnson, Hoagy Carmichael, Erico Caruso.

Haz una lista de las canciones que han sido tus guías.
De nuevo, por ahora... Si me preguntaras mañana la lista cambiaría, por supuesto. El segundo preludio de Gershwin, la Sonata Patética, El Paso, You’ve Really Got Me, Soldier Boy, Lean Back, Night Train, Come On in My Kitchen, Sad-Eyed Lady of the Lowlands, Rite of Spring, Ode to Billy Joe, Louie Louie, Just a Fool, Prisoner of Love, Wang Dang Doodle (all night long), Ringo, Ball and Chain, Deportee, Strange Fruit, Sophisticated Lady, Georgia On My Mind, Can’t Stop Loving You, Just Like a Woman, I’m So Lonesome I Could Cry, Who’ll Stop The Rain?, Moon River, Autumn Leaves, Danny Boy, Dirty Old Town, Waltzing Matilda, Train Keeps a Rollin, Boris the Spider, You’ve Really Got a Hold On Me, Red Right Hand, All Shook Up, Cause of It All, Shenandoah, China Pig, Summertime, Without a Song, Auld Lang Syne, Crawling King Snake, Nessun Dorma, Bring it on Home to Me, Hound Dog, Hello Walls, You Win Again, Sunday Morning Coming Down, Almost Blue, Pump It Up, Greensleeves, Just Wanna See His Face, Restless Farewell, Fairytale of New York, Bring Me a Little Water Sylvie, Raglan Road, 96 Tears, In Dreams, Substitute, Good Time Charlie’s Got the Blues, Theme from Rawhide, Same Thing, Walk Away Rene, For What it’s Worth, el tema de Once Upon a Time in America, Nowadays Clancy Can’t Even Sing, Oh Holy Night, la Misa en mi menor, Harlem Shuffle, Trouble Man, Wade in the Water, Empty Bed Blues, Hava Nagila.

¿Qué es el cielo para ti?
Estar en la carretera 66 en un Motel 6 con mi esposa, una jarra de café, una guitarra barata, una grabadora sacada de una casa de empeño y un carro que ande bien parqueado en la puerta.

¿Y qué es difícil para ti?
Por lo general tengo un pie en la realidad y otro en la imaginación. Mi realidad necesita imaginación como un bombillo necesita un interruptor; mi imaginación necesita la realidad como un ciego necesita un bastón. Las matemáticas son difíciles. También leer mapas. Seguir órdenes. La carpintería. La electrónica. La plomería. Recordar las cosas adecuadamente. Las líneas rectas. El rock en partitura. Encontrar un gancho nodriza. Tener paciencia con los demás. Pedir comida china. Las instrucciones de los equipos de sonido que vienen en alemán.

¿Qué está mal en el mundo?
Estamos sepultados por el peso de la información, lo cual significa estar confundidos a pesar de tener conocimiento; creemos que la cantidad es abundancia y la riqueza felicidad. El perro de Leona Helmsley ganó doce millones de dólares el año pasado… y Dean McLaine, un agricultor de Ohio, apenas 30.000. Ese ejemplo no es más que una versión gigante de la locura que se gesta en nuestros cerebros. Somos micos con dinero y armas.

¿Cuáles son tus escenas favoritas del cine?
De Niro en el ring en Toro salvaje. La cara de Julie Christie cuando dice “¿Te gustaría ir por una taza de café?” en El cielo puede esperar. James Dean pidiendo a la enfermera que se vaya en Al este del Paraíso, cuando su padre acaba de tener un derrame y él está a su lado en la cama. Marlene Dietrich en Sed de mal cuando dice “Él era algún tipo de hombre”. Cuando Scout dice “Hey, Mr. Cunningham” en Matar a un ruiseñor. Nic Cage perdiendo el control en la droguería de Los tramposos... y comiéndose una cucaracha en El beso del vampiro. La última escena de Barrio chino.

¿Podrías describir otras escenas de películas que se han quedado contigo?

Cuando Rod Steiger le explica al puertorriqueño cómo funciona el oro en El prestamista. La muerte de Brando rodeado de tomates y con aterradores dientes de naranja en El padrino. Lee Marvin en El emperador del norte deslizándose debajo del vagón de carga, mientras Borgnine le tira acero en el trasero. Cuando, en Sed de mal, Dennis Weaver está en el motel y dice “Solo soy el hombre de la noche”, mientras abraza un pequeño árbol. La horca de Incidente en Ox-Bow. El discurso que da Rutger Hauer en Blade Runner mientras muere. Cuando Anthony Quinn baila en la playa en Zorba. Nicholson cubierto de plumas en la iglesia mientras las mujeres le ponen agujas a su muñeco de vudú en Las brujas de Eastwick. Cuando le tiran una flecha al perro de Mel Gibson en Mad Max 2. Rachel en El exorcista diciendo “¿Le ayudarías a un antiguo monaguillo?”. El ciego en la taberna en La isla del tesoro. Frankenstein después de estrangular a la niña en el río.

Háblame de cosas extrañas que hayan ocurrido en lugares extraños. ¿Se te ocurre algo?
Un carguero japonés había sido atacado con torpedos durante la Segunda Guerra Mundial y estaba en lo más profundo de la Bahía de Tokio con un gran hueco en el casco. Se armó un equipo de ingenieros para descubrir cómo llevar el navío herido a la superficie. Uno de los ingenieros que intentaba resolver el dilema dijo que recordaba haber visto, cuando era niño, un episodio del Pato Donald en el que había un barco en el fondo del océano con un orificio en el casco y lo llenaban de bolas de ping-pong hasta que flotaba. El grupo, escéptico, se rió, pero uno de los expertos estaba dispuesto a intentarlo. Obviamente, ¿dónde en el mundo te vas a encontrar veinte millones de bolas de ping-pong si no es en Tokio? Resultó ser la solución perfecta: introdujeron las bolas en el casco y el barco subió a la superficie. El ingeniero estaba eufórico. Moraleja: las soluciones siempre se encuentran en un nivel completamente opuesto al de los problemas; también, cree en ti mismo incluso frente a las peores probabilidades.

¿Cuál es el álbum más interesante que tienes?
Es una grabación misteriosamente bella de la disquera de Robbie Robertson, según me dicen. Es de grillos. Sí, de grillos. La primera vez que lo escuché... juré que estaba escuchando el coro de niños de Viena o el del Tabernáculo Mormón. Tiene una armonía de cuatro partes, un panorama coral oscilante. Luego aparece una voz en la grabación y dice: “Lo que escuchan son grillos. Solo se disminuyó la velocidad de la cinta”. No habían añadido ningún efecto, solo cambiaron la velocidad. El sonido es muy inquietante. Una vez la reproduje para Charlie Musselwhite y me miró como si acabara de sacar un leprechaun del bolsillo.

Te fascina la ironía, ¿qué es la ironía?
La gente de Chevrolet estaba desconcertada cuando descubrió que las ventas del Chevy Nova eran excelentes en todas partes del mundo menos en Latinoamérica. Al final se dieron cuenta de que, en español, Nova se lee “no va”. No es el mejor nombre para un carro... “no va” a ninguna parte.

¿Tienes palabras que rijan tu vida?
Jim Jarmusch me dijo una vez: “Rápido, barato y bueno... escoge dos. Si es rápido y barato, no será bueno. Si es barato y bueno, no será rápido. Si es rápido y bueno, no será barato”. Rápido, barato y bueno... escoge dos palabras que rijan tu vida.

¿Qué dice la lápida de Hemingway?
“Discúlpenme por no levantarme”.

¿Cómo compararías a los guitarristas Marc Ribot y Smokey Hormel?
Los pulpos tienen ocho tentáculos, los calamares tienen diez, todos con cientos de ventosas, cada una de las cuales tiene la capacidad de reventar una arteria humana. Tienen pequeños picos como los de los pájaros que usan para inyectar veneno a sus víctimas. Se han reportado algunos calamares y pulpos gigantes con cientos de tentáculos a manera de pies. También se ha sabido de calamares que hunden barcos completos para alimentarse de los marineros desorientados que caen al agua. Muchos creen que algunos hundimientos inexplicables y algunas desapariciones de barcos son obra de calamares gigantes.

¿Qué has aprendido de la paternidad?
“Nunca le prestes tu coche a alguien a quien diste la vida”, Erma Bombeck.

Ahora, Tom, para el premio mayor, ¿quién dijo “Él es el tipo de hombre con el que una mujer tendría que casarse para deshacerse de él”?
Mae West.

¿Quién dijo que “La mitad de la gente en Estados Unidos solo está fingiendo”?
Robert Mitchum (quien, aunque parezca mentira, murió mientras dormía). Creo que fue generoso y amable al decir eso.


¿Qué cosas sorprendentes has encontrado en lugares inesperados?
1. Belleza indiscutible: las manchas de aceite que dejan los coches en los estacionamientos.
2. Puestos de brillar zapatos que parecían tronos hechos de restos de madera: Brasil.
3. Dientes falsos en la vitrina de una tienda de empeño: Reno, Nevada.
4. Excelente acústica: la cárcel.
5. La mejor comida: aeropuerto de Tulsa, Oklahoma.
6. La mayoría de tiendas de suvenires de Fátima, Portugal.
8. El lugar más improbable para encontrar una multitud chicana: un concierto de Morrissey.
9. El lugar con la mayor cantidad de pobreza: Washington D.C.
10. Un hombre de la calle con una hermosa voz operística cantando la palabra “bacteria” en un basurero vacío en Chinatown.
11. Un chino con acento texano en Escocia.
12. El mejor sueño en un lecho de río seco en Arizona.
13. La mayor cantidad de personas que usan pantalones rojos: St. Louis.
14. Los caballos más bellos: New York City.
15. Un juez en Baltimore presidió un juicio en el que un hombre acusado de asesinato fue encontrado culpable y condenado por un jurado, y luego fue dejado en libertad cuando el juez dijo: “Usted es culpable, señor… pero no puedo poner tras las rejas a un hombre inocente”. Verán, el asesino tenía un hermano siamés.
16. El pene más largo (en proporción a su cuerpo): The Barnacle.

Tom, amas las palabras y su origen. Por 2.000 dólares… ¿cuál es el origen de la palabra “bedlam”(una escena de ruido y confusión)?

Es una contracción de la palabra “Bethlehem”. Viene del hospital de Santa María de Bethlehem en las afueras de Londres. El hospital comenzó a admitir pacientes hacia el final del siglo XIV. En el siglo XVI se volvió un manicomio. La palabra “bedlam” llegó a ser usada para referirse a cualquier hospital psiquiátrico y, por extensión, para referirse a cualquier escenario de ruido y confusión.

¿Qué pasa con tus oídos?

Tengo un tipo de astigmatismo auditivo a causa del cual escucho mal las cosas y “oigo” visiones. Supongo que ahora le llaman “desorden del procesamiento auditivo”. Tengo un relevo auditivo en mi cerebro que toma lo que se dice, lo deforma y me lo devuelve.

¿Cuál ha sido tu experiencia musical más emocionante?

Mi experiencia musical más emocionante fue en Times Square, hace más de treinta años. Había un ensayadero, por el edificio Brill, donde todos los cuartos estaban divididos en partes diminutas, únicamente con el espacio suficiente para abrir la puerta. Adentro había un clavecín –quemaduras de cigarrillo, teclas perdidas, pintura vieja, sin pedales–. Entrabas, cerrabas la puerta y había tanto ruido proveniente de los otros cuartos que realmente no podías trabajar. Entonces hacías una pausa y escuchabas la fascinante mezcolanza de música: escalas en un clarinete, tango, ópera suave, un amargo cuarteto de cuerdas, lecciones de técnica vocal, alguien berreando “Everything’s Coming Up Roses”, bandas de garaje, lecciones de piano. El piso vibraba, las paredes eran delgadas. Como si hubiera diez radios prendidos a la vez en el mismo cuarto. Era la estación de tren de la música con todos sus sonidos arremolinándose... era algo celestial.

¿Qué te habría gustado ver, pero naciste demasiado tarde para verlo?

Vodevil. Tiene tantas mezclas de culturas e híbridos extraños... Los guitarristas de blues del Delta y los artistas hawaianos terminaron en el mismo lugar y adoptando la guitarra slide como un lenguaje que todos tomamos por afroamericano sin pensarlo dos veces. Pero fue una polinización de varias partes, como la mayoría de la cultura. Como todas las culturas. George Burns fue un intérprete de vodevil que amo especialmente. Seco e imperturbable, curioso y divertido sin importar lo que dijera, buen bailarín. Una vez dijo: “Qué lástima que las únicas personas que saben cómo manejar el país estén ocupadas manejando taxis y cortando pelo”.

¿Qué es un caballero?

Un hombre que puede tocar el acordeón, pero no lo hace.

¿Cuál es tu cita favorita de Bucky Fuller?

“El fuego es el sol desprendiéndose de la madera”.


¿Sobre qué cosas te haces preguntas?

1. ¿Las balas saben a quién van destinadas?
2. ¿Hay un tapón en el fondo del océano?
3. ¿Qué les dicen los jinetes a sus caballos?
4. ¿Qué siente el papel periódico cuando termina como papier-mâché?
5. ¿Qué se siente ser un árbol al lado de una autopista?
6. A veces el violín suena como un gato siamés; las primeras cuerdas de violín estaban hechas de tripas de gato, ¿hay alguna conexión entre esas dos cosas?
7. ¿Cuándo se va a encabritar el mundo y nos va a tumbar de su lomo?
8. ¿Nos casaremos alguna vez los humanos con los robots?
9. ¿Son los diamantes simplemente piezas de carbón con paciencia?
10. ¿Es cierto que Ella Fitzgerald rompió esa copa de vino con su voz?

¿Qué sonidos te gustan?

1. En una ocasión, un carrusel asimétrico de una aerolínea produjo, gracias a la fricción, una voz embrujada que sonó como un gran dedo mojado girando en círculos sobre el borde de una enorme copa de vino.
2. Evangelistas de esquina.
3. Los martinetes de Manhattan.
4. La voz de mi esposa al cantar.
5. El sonido de los trenes o los caballos cuando se aproximan.
6. Los niños al salir del colegio.
7. El de los cuervos con hambre.
8. Una orquesta afinando.
9. Los pianos de salón de los westerns viejos.
10. Las montañas rusas.
11. Las luces de los carros cuando les disparas con una escopeta.
12. El hielo derritiéndose.
13. Prensas de impresión.
14. Un juego de béisbol en un radio de transistor.
15. Lecciones de piano provenientes de la ventana de un apartamento.
16. Las viejas cajas registradoras (Ca-Ching).
17. El ruido que hacen los carros con el motor agrandado.
18. Los bailarines de tap.
19. Las multitudes del fútbol argentino.
20. La percusión vocal.
21. Las bocinas que se usan para alertar a los barcos en la niebla.
22. Una cocina de restaurante ajetreada.
23. Las salas de redacción de las películas viejas.
24. Una estampida de elefantes.
25. La tocineta friéndose.
26. Las bandas de guerra.
27. Las lecciones de clarinete.
28. Las vitrolas.
29. Las campanas de los cuadriláteros.
30. Las peleas entre chinos.
31. Las máquinas de pinball.
32. Las orquestas de niños.
33. La campana de los tranvías.
34. Los petardos.
35. Un encendedor Zippo.
36. Un calíope.
37. Las baterías de acero.
38. Los tractores.
39. Un violinofón.
40. Una trompeta con sordina.
41. Los subastadores de tabaco.
42. La sierra musical.
43. El theremin.
44. Las palomas.
45. Las gaviotas.
46. Los búhos.
47. Los sinsontes.
48. Las palomas blancas.
El mundo siempre está haciendo música.

¿Qué te produce miedo?
1. Un hombre muerto en el asiento trasero de un carro con una mosca caminándole por el ojo.
2. La turbulencia en cualquier aerolínea.
3. La combinación de sirenas y linternas.
4. Escuchar disparos por la noche en un barrio peligroso.
5. Girar las llaves del carro y que el motor no encienda, y luego oscurezca y empiece a llover.
6. La puerta de una cárcel cerrándose.
7. Ir por una curva pronunciada en la autopista de la costa pacífica, que el conductor del carro acabe de morir por un infarto y uno esté en el asiento de atrás.
8. Estás repartiendo correo y se te aparece un dóberman con rabia que gruñe y te muestra los dientes... no tienes huesos de perro y él quiere morderte el trasero.
9. En una película... ¿qué cable cortas para detener la bomba de tiempo, el verde o el azul?
10. McCain va a ganar.
11. Alemanes con metralletas.
12. Los oficiales en oficinas dedicándose a asuntos oficiales.
13. Te caíste en un arroyo congelado, te arrastró la corriente y ahora que subes a la superficie te das cuenta de que tienes por techo una capa de hielo.

Cuéntame cómo es trabajar con Terry Gilliam.

Represento al Demonio en El imaginario mundo del doctor Parnassus –no un demonio, el Demonio–.
No sé por qué pensó en mí, yo tuve una educación religiosa. Gilliam y yo nos conocimos en Pescador de ilusiones, es un gigante entre los hombres, me fascinan sus películas. He visto Munchausen unas cien veces, Brasil es un logro supremo y Los hermanos Grimm fue la película que más me gustó el año pasado. En la película, la mayoría de mis escenas fueron con Christopher Plummer (el doctor Parnassus), ¡uno de los mejores actores del mundo! Es una verdadera estrella de cine y un caballero; la mayor parte del tiempo me dediqué a observar y aprender. Gilliam es un empresario, un capitán, un mago, un dictador (de los buenos), un genio, y un hombre que quisieras tener contigo en un barco en el fin del mundo.

Dame unos cuantos títulos frescos de canciones en las que estés trabajando.

Ghetto Buddha (Gueto Buda), Waiting for my Good Luck to Come (Esperando que venga mi suerte), I’ll Be an Oak Tree Some Day (Seré un roble algún día), In the Cage (En la jaula), Hell Broke Loose (Se desató el infierno), Spin the Bottle (Gira la botella), High and Lonesome (Drogado y solo).

Te vas de gira pronto, ¿cierto?

Vamos a PEHDTSCKJMBA (Phoenix, El Paso, Houston, Dallas, Tulsa, St. Louis, Columbus, Knoxville, Jacksonville, Mobile, Birmingham, Atlanta). Tengo una banda estelar: Larry Taylor (contrabajo), Patrick Warren (teclados), Omar Torrez (guitarras), Vincent Henry (instrumentos de viento) y Casey Waits (batería y percusión). Todos son unos magos y tocan con la precisión de un auto de carreras. Tocamos en vivo canciones que antes no me había atrevido a hacer por fuera del estudio. Todos tocan muchos instrumentos y son capaces de bailar polca como hombres de verdad. Somos los seis de Borman y, como dicen en Putney Swope, “los seis de Borman deben tener alma”.

lunes, 16 de enero de 2012

Laiseca - P.12

03/Nov/04

Alberto Laiseca: "Con el humor se envuelve lo insoportable"


Página/12 entrevistó a Alberto Laiseca con motivo del relanzamiento de Los Soria, su obra cumbre, de la que hasta hoy se publicaron apenas 350 ejemplares.



(Página/12) Los Sorias podría ser, por el título, una saga familiar española, pero es una epopeya de más de 1300 páginas que se desarrolla durante el reinado mundial de tres dictaduras: Soria, Unión Soviética y Tecnocracia
. Este libro, un monumento a la excentricidad del último escritor excéntrico de la literatura argentina, pronto se transformó en un mito de circulación clandestina: muchos hablaban de la novela, pero pocos la habían leído. Alberto Laiseca tardó diez años en escribirla -la terminó en febrero de 1982-, más de 16 en publicarla (una primera edición de apenas 350 ejemplares, en 1998) y hasta se tomó el trabajito de medirla: tiene 30.000 palabras más que el Ulises de Joyce. Según Ricardo Piglia, "es la mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos". Pero el embrión de la historia empezó cuando el escritor tenía nueve años. "Estaba muy solito y la única defensa que tenía, en un ambiente injusto, era la imaginación: creaba seres poderosos que hacían todo lo que querían, que era todo lo contrario de mi vida personal. Con mi pandilla, allá en Camilo Aldao, fue la única vez que tuve una tecnocracia física y verdadera. Tenía seis chicos bajo mi mando despótico. Es la única victoria que tuve", dice Laiseca en la entrevista con Página/12, y sus carcajadas guturales resuenan en el austero y pequeño departamento en el que vive, en Caballito, con dos gatas -madre e hija- y dos perros. "Les decía que yo tenía una cueva secreta instalada en algún lugar, llena de soldados. Y ellos se lo creían, hasta me lo creía yo."

La historia de Los Sorias (que acaba de publicarse por Gárgola Ediciones, en una tirada de 1500 ejemplares, que incluye un mapa, dibujos y pentagramas) arranca en una pensión: Personaje Iseka abre los ojos y se enfrenta con sus compañeros de pensión: Juan Carlos y Luis Soria, que no lo dejan vivir en paz y le preguntan para qué escribe y por qué. "Los Sorias aniquilan al enemigo por saturación", piensa Iseka, que vive justo en el límite de la ciudad compartida entre sorias y tecnócratas, y decide cruzar la frontera e instalarse en Monitoria, ciudad capital de Tecnocracia, donde gobierna Monitor, un dictador que se cree dueño de la verdad, un iluminado que odia la música dodecafónica y la pintura abstracta —porque son artes sin trascendencia—, y que está empecinado en hacer campañas contra los contrabandistas de fósforos a pilas. Por aquellos días, el mundo estaba dividido políticamente en tres grandes "potencias" —Soria, Tecnocracia y la Unión Soviética— y varios países satélites: Chanchín del norte, Chanchín del sur, Califato de Córdoba, Protelia, Protonia Oriental, Musaraña y Baskonia, entre otros. Novela llena de absurdos y de delirios laisequeanos, en Soria todos se apellidan Soria; en Tecnocracia, todos se apellidan Iseka, y para Monitor, los vagabundos y linyeras son como animales mágicos.

—Joyce decía que con el Ulises les había dejado trabajo a los críticos para 300 años. ¿Algo similar sucederá con Los Sorias?

—Ojalá (risas). Pero me toca vivir en un mundo un poco más extraño que el de Joyce. Cuando era adolescente, las divisiones políticas eran muy grandes, nos agarrábamos a bollos derechas, izquierdas, centros, liberalismos y conservadurismos. En lo que todos coincidíamos era en que había que leer. Ahora, en cambio, cada vez se lee menos y hay que luchar para que la obra quede. Es una guerra total contra la pérdida del tiempo de los chicos, que en vez de leer libros juegan con los jueguitos electrónicos o chatean al pedo.


—¿Cómo se generó el mito de Los Sorias? Muchos hablaban de la novela, sin que estuviera publicada.

—Piglia, Aira y Fogwill leyeron el original y ellos se encargaron de hablar de la obra. Y entonces se generó un mito: esa obra larguísima y buenísima que casi nadie había leído. El mito tiene una gran fuerza porque hace que la gente se interese, busque el libro y haga sacrificios para tenerlo. La primera edición de Los Sorias, si bien era limitada, de 350 ejemplares, se vendió toda. No se vendió en el día, porque no soy best-seller; me encantaría, pero no lo soy. Soy long-seller.

—En la novela desarrolla una concepción sobre el poder. ¿Cambió mucho ese análisis a la luz del presente?

—¿Qué hacer con el poder? Estoy a favor del poder, hay que tenerlo. Como decía Lao Tse: "El que desee perder poder, primero deberá tener poder", porque no podés perder lo que nunca tuviste. Para mí, el poder hay que aplicarlo de manera humana. Por eso, la novela también se refiere a la humanización del dictador y del poder, que son motores sincrónicos: ninguno puede funcionar sin el otro. No cambió mucho la cuestión del poder en la realidad porque se siguen cometiendo los mismos errores garrafales. No hemos podido humanizar el poder. La gente no aprende nada.

—¿Por qué suele decir que no hay diferencia entre la teología y la ontología?

—Me parecen divisiones artificiales. No hay diferencia alguna entre la teología, la ontología, la metafísica, porque son una misma cosa. Si hablamos en términos estrictamente metafísicos, los filósofos discuten hasta el día de hoy los problemas del ser y la nada, pero además habría que agregarle el problema del anti-ser, que no tocó ningún metafísico. El anti-ser existe, desea la destrucción del universo que no fue capaz de crear. Desgraciadamente, nosotros, los humanos, le estamos haciendo el juego al anti-ser porque estamos muy corrompidos a nivel ontológico o teológico, que para mí es lo mismo. Doblamos las rodillas frente al Dios del Mal y así nos va: aumenta la intolerancia y la deshumanización.

—¿Qué haría si usted estuviera en el lugar del despótico Monitor?

—Duraría aproximadamente 15 días como gobernante, pero no porque me fueran a derrocar, sino porque me moriría de estrés por la responsabilidad (risas). Cuando suben al gobierno, los políticos están con las sonrisas de oreja a oreja, chochísimos. Pero en la antigua China, cuando el emperador le daba a alguien un alto cargo, los amigos se acercaban a darle el pésame, no iban a felicitarlo: "Me nombraron ministro, ¡qué horror!". Ahora, no; todos chochos porque se van a llenar los bolsillos. Al que tiene amor por el pueblo, y lo nombran en un cargo importante, se muere de estrés. No lo podés soportar porque te vas a encontrar absolutamente solo.

—¿El humor en su escritura se propone conjurar estas realidades?

—Sí, por supuesto. No sólo los lectores sino yo mismo no podría soportar mi propia obra. ¡Qué si no el humor nos ha sostenido en este tiempo terrible! El sentido del humor no quiere decir masturbación, sino que lo que decís está envuelto para que sea soportable. Pero el que quiere mirar, lo ve. No escribo críptico, está todo clarísimo.

—¿Qué piensa de lo que escribió Piglia en el prólogo de su libro: "es la mejor novela que se ha escrito después de Los siete locos"?

—Se quedó corto (risas). No se trata de ver quién es más genial. Eso es una estupidez. Lo que sí importa es que en nuestra literatura argentina hemos tenido socios fundadores: Roberto Arlt es un mojón, un punto de partida importantísimo, como lo es Leopoldo Marechal. Piglia lo ha dicho muchas veces: la narrativa argentina empieza con El matadero, de Esteban Echeverría, y tiene razón. Pero por qué no agregar el Martín Fierro, de José Hernández, y ciertamente Adánbuenosayres. Porque si decimos que mi obra es la mejor de toda la Argentina, desde que vino Pedro de Mendoza hasta hoy, estaríamos cometiendo una injusticia. Porque hay que estar en el cuero de Arlt, con las cosas que le pasaron, con lo que tuvo que luchar contra la pobreza, y la obra genial y delirante que nos dejó. Piglia se niega a negar a Arlt y me parece perfecto. Yo tampoco lo niego: ni a Arlt ni a Marechal.

domingo, 1 de enero de 2012

Silvio por Jorge Auli

Calidad, lucidez e integridad, definen el perfil del cubano Silvio Rodríguez, uno de los cantautores latinoamericanos más emblemáticos de los últimos tiempos, que tras seis años de ausencia se acaba de presentar en escenarios de Córdoba, Rosario y Buenos Aires.
El trovador cerró su gira argentina el pasado 18 del corriente en un estadio de Ferro colmado, con un recital de más de dos horas coronado por una hora más de bises. Acompañado por excelentes músicos –destacaron la flautista Niurka González y Michael Elizalde en el tres cubano- Rodríguez desglosó un repertorio donde relumbraron temas incluidos en su última grabación “Segunda Cita”, y varios de sus clásicos: “Playa Girón”, “La Maza”,  “Sueño con serpientes”, “Pequeña serenata diurna”, “Unicornio” y, entre otros,  “Ojalá”.
Entrevisté a Silvio por vez primera en México hace más de treinta años; desde aquel tiempo se cimentó una amistad con el autor de letras en las que subyacen las voces de Bertolt Brecht, José Martí y César Vallejo.
Los diálogos que siguieron con el trovador fueron varios. El que sigue es el último, en ocasión de haber publicado su libro Cancionero, de más de 600 páginas, en el que despliega cuatro décadas en una firme y creativa tarea de  composición.

- La presencia de Martí asoma entre otros temas, en“De donde crece la palma”, “Yo te quiero libre” y “El vigía”, ¿Podrías hablar de su influencia?

SR-Tu pregunta me remite a La Edad de Oro, una de mis primeras lecturas. Más exactamente a la edición que hizo Emilio Roig de Leuchsering en 1953 para celebrar el centenario del Apóstol. Este historiador tuvo la buena idea de introducir el libro, escrito por Martí para los niños, con un prólogo llamado “Martí niño”, donde cuenta la eticidad que empezó a manifestarse en Martí desde temprano. Desde aquella lectura el José Martí que me acompaña es el ser humano, el hijo, el amigo, el compañero que fue, además del patriota de espíritu cosmopolita. Así van conmigo también sus versos sustanciales y hermosos.

-A la distancia y ya con varias décadas de trayectoria, ¿qué recordás de aquel joven que debutó en 1967 en el programa de televisión “Música y estrellas”?
SR-Aquel era un joven desconcertado. Precisamente el día anterior habían terminado sus tres años de servicio militar obligatorio. El cambio de un día al otro fue tan fuerte que no se volvió loco de milagro. Pero no sólo recuerdo aquel joven sino que todavía le encuentro semejanzas con el sesentón que ahora soy. Una sigue siendo el desconcierto. Otra es la afición por los misterios.

-En el prólogo de Cancionero subrayás la importancia de la letra, ¿cuánto de tu formación pasa por la poesía?
SR-Cancionero reúne las letras de las canciones de mis discos y algunas de las muchas que se me fueron quedando por el camino. Ahí explico que cuando escribí mis primeros textos ya me guiaba alguna noción de lo poético. Y es que desde que era un niño supe que existía la poesía, gracias a mi padre. El viejo Dagoberto era un obrero agrícola que leía a Rubén Darío, a Martí, a Juan de Dios Peza, a Nicolás Guillén. Después, en los primeros años de la Revolución, pasaban por televisión un anuncio sobre Rubén Martínez Villena, con aquellos luminosos y extraños ojos suyos, mientras un locutor recitaba La pupila insomne. Aquello me hizo buscar poemas de Rubén, quien se ha quedado entre mis escasos de cabecera. En un campamento militar conocí a un recluta que leía en voz alta a Saint-John Perse, enamorado de la exuberancia de sus imágenes, de lo que me contagié hasta nuestros días. Fue por entonces cuando apareció Emilia Sánchez, una joven camagüeyana que me presentó a César Vallejo, el cholo que me condenó a la fascinación eterna. Entre esos hallazgos transcurrían los años en que empezaba a hacer canciones y a buscar poesía, como quien intuye que por esos rumbos queda lo necesario. Los últimos meses que pasé en las Fuerzas Armadas fueron en la revista Verde Olivo, que por entonces dirigía Luís Pavón Tamayo. Él me hizo leer a José Zacarías Tallet y a Eliseo Diego, poetas que me dieron un par de buenas sacudidas. También me prestó una maravillosa edición bilingüe de los sonetos de Shakespeare ―que le devolví veinte años más tarde, de estúpido que soy.

-En uno de tus primeros temas, “Mientras tanto”,  decís: “Yo tengo que hablar, cantar y gritar/ la vida, el amor, la guerra, el dolor”, ¿persiste esa idea?
SR- Cuando yo comenzaba creía que había que ampliar la temática y el vocabulario de las canciones. Tenía la sensación de que casi siempre se cantaban los mismos asuntos y, lo que era peor, más o menos con las mismas palabras. Ya yo era amigo de los poetas de la revista literaria El Caimán Barbudo y hablaba con ellos de esas cosas. ¿Por qué en las canciones no se usa la palabra herramienta?, decía uno, ¿o zapato?, agregaba otro. Así que hubo un tiempo en que anduve a la caza de palabras que no se usaban, para hacer canciones con ellas. Esa búsqueda a veces me llevó hasta vocablos que la moral predominante discriminaba. De ahí salió que “La era está pariendo un corazón” era contrarrevolucionaria —porque para algunos la palabra parir era inmoral, y mucho más puesta en una canción. O sea que declarar que pretendía cantar y gritar la vida, el amor, la guerra, el dolor, era poco menos que un sacrilegio. Debo admitir que todavía me interesa cantar lo que resulta un reto; lo prohibido siempre es interesante, sobre todo cuando va más allá del jueguito de “a ver si te atreves”.

-¿Considerás que el amor, que a en varios de tus temas refleja una lucha de opuestos (compañía-soledad, plenitud-muerte, anhelo-desesperanza), es uno de los ejes de tu obra?  
SR-¿Qué sería del ritual de apareamiento humano sin las llamadas “canciones de amor”?  Esas canciones son una especie de hilo conductor desde todos los tiempos y lugares. Son una temática inagotable que cada grupo humano y cada época renuevan con sus características. Pero no hay que ser nuevo para que las canciones de amor tengan sentido.

-También hay un núcleo casi paralelo: la muerte,  presente desde tus canciones primeras: “Muerto”, “Testamento”, entre otras.  
SRPara cantar a la muerte solo necesitamos darnos cuenta de que la maravilla de la conciencia es un accidente. Después, uno se entera de cómo están ligados el amor y la muerte en el arte antiguo, cuánta iconografía, cuánta poesía al respecto. John Keats, que sólo vivió 26 años, dejó escrito el epitafio que figura en su tumba:Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”. Los lama dicen que el sentido de su doctrina es prepararnos para el reencuentro con la eternidad. Eso me ha hecho pensar que magnificar la función del artista nos deja como unos pretenciosos que quieren algo parecido de forma más interesada.

-En tus letras hay un tono confidencial, que muchas veces se desliza hacia un interlocutor, ¿sentís que en ese “vamos a andar” aparece el diálogo con un compañero de ruta?
SR- Desde niño salí a la calle a apoyar con entusiasmo el proceso revolucionario, pero cuando me puse a cantar evité hacer panfletos. Las pocas alabanzas que he suscrito suelen señalar su excepcionalidad desde el título, con un distanciamiento casi brechtiano. “Canción urgente a Nicaragua” es buen ejemplo“Oda a mi generación” tuvo y tiene implicaciones desafiantes, ante una generación del Moncada aún vigente y a veces demasiado paternal. He preferido estos riesgos porque para hacer propaganda sobran especialistas, pero también porque soy de ese tipo de gente que no soporta adular lo que respeta. Creo que la Revolución ha sido un hermoso proyecto de Nosotros, con mayúsculas, a pesar de momentos que pudieran confundir su nobleza. El nosotros que identificas en esas canciones debe ser necesidad de establecer que el cantor es parte de una dignidad colectiva.

-Hay una línea de temas tuyos donde se cruza la leyenda, el relato infantil y la alegoría, como en “Es sed”, “La leyenda del águila”, “El rey de las flores”, “Sueño con serpientes” y “El reparador de sueños”, ¿de niño leías cuentos infantiles de este tenor? 
SR- Leía y leo. Mi padre también tenía un tomo de las Fábulas de Esopo. Andersen y los Grimm son bastante más que maravillosos. Yo aún repaso Las mil y una noches y bebo cuanta historia de derviches, chamanes u otros portentos me caiga en las manos. ¿Has leído La oración de la rana, de Anthony de Mello? Me fascina la sabiduría de las parábolas sufíes. Ojalá mis canciones pudieran ser tan útiles.

-Hay temas tuyos que definen un modo de pararte en el mundo, una conciencia alerta, como en “El necio” cuando decís: “yo me muero como viví”, ¿esos temas te definen?
SR -No sé si tanto como definirme, pero sería bueno que al menos mostraran lo que he creído ser cuando trabajaba en ellas.

-¿Crees que temas como “Defensa del trovador” apuntan en esa misma dirección: una mirada crítica que no baja la guardia?
SR -Cuando empezamos a cantar, las canciones que se consideraban revolucionarias eran las apologéticas, como las que hacía aquel singular trovador que fue Carlos Puebla. La autocrítica comprometida era un fenómeno nuevo en la canción cubana y los primeros que la hicimos pagamos el precio de la incomprensión. Sólo nos sostenía el ánimo que nos dábamos entre amigos. Entonces Haydee Santamaría y Alfredo Guevara nos dieron un apoyo que nos vinculó a las instituciones que dirigían, lo que a ojos vistas fue importante para nuestra identidad política. Pero a nivel personal cada uno de nosotros asumió los rechazos, censuras y suspensiones oficiales como pudo. A mí me dio por sostener un diálogo quemante con mi pequeño público, que era sobre todo de jóvenes, para quienes no hice la más mínima concesión. Más que cantar, me sometía a terapia de choque. A pesar de que hoy pudiera parecer desmesurada, “Defensa del trovador” es una especie de arquetipo de mi quehacer de aquella etapa, cuando cada canción que lanzaba era respiración boca a boca. Por eso la seleccioné para Cancionero.

-Tu canción “Tonada del albedrío” está dedicada al Che. ¿Qué facetas de ese “hombre sin apellido”- como lo calificás- pesan más para vos?
SR -Para mí la huella del Che es siempre diferente, siempre va contrastada contra la marea universal. En las últimas dos décadas la posibilidad de un mundo más justo, al menos de la forma en que se preconizó entre el siglo XIX y el XX, se ha hecho más dudosa. He visto como los explotadores se proclaman progresistas y como la frescura que antes representaba lo revolucionario ha sido reducida a las más lamentables experiencias del socialismo real. Veo que años después del derrumbe dela Europadel Este continúa un bombardeo mediático que distorsiona el sentido de la redención humana. Pero según muchos investigadores ―como Chomsky― la mayoría de los grandes medios, incluyendo internet, pertenecen a poderosos consorcios de derecha. Entre los ejemplos revolucionarios que esa globalización machaca para pulverizar, siempre está el Che. En “Tonada del albedrío” toco tres aspectos del pensamiento de Ernesto Guevara que considero cardinales: la lucidez con que caracterizó al imperialismo, el amor que motivó su condición revolucionaria y su concepto del socialismo, que no pretendía —según sus propias palabras— “asalariados al pensamiento oficial”.

-En tus inicios a la par de la música hiciste historietas y en Cancionero hay algunas viñetas tuyas, ¿te sigue atrayendo el género? 
SR -De alguna forma mis canciones contienen una gráfica que adquirí como lector y como dibujante de historietas. En Cuba proliferaron las publicaciones de este género, pero los problemas económicos cercenaron aquel florecimiento. Fue una pena para el desarrollo de la historieta en Cuba, aunque el mundo de la animación fue asimilando y reencaminando a algunos de aquellos creadores.

-La nueva trova surgió como continuidad de la trova tradicional, pero también como una ruptura en cuanto a las formas sonoras, ¿qué otras rupturas musicales le sucedieron y cuáles son los artistas de la música en Cuba que te interesan hoy?
SR -De la trova originaria Sindo Garay fue siempre mi héroe favorito. Hay una película en la que él afirma que uno de los rasgos fundamentales de la trova cubana son los dúos. Mi generación de trovadores se caracterizó por la diversidad, porque cada cual compuso como le pareció, con los referentes que tuvo. Ocasionalmente hicimos dúos, tríos, cuartetos, pero no se pudiera afirmar que las canciones a dos voces están entre lo que nos distingue. Sin embargo en los trovadores más jóvenes se nota un resurgir de esa forma de proyectar la canción. Hay muchas parejas interesantes, como pudieran ser el dúo Karma, Ariel Díaz y Lilliana Héctor, el dúo Enigma, y unos matanceros llamados Lien y Rey, que hacen un notable trabajo de vanguardia. Como trabajo interesante también distingo al excelente trío de cuerdas pulsadas “Trovarroco”, naturales de Villa Clara. Pero lamentablemente los medios cubanos siguen reflejando poco lo que sucede en el mundo trovadoresco.

-Un artista argentino que solés citar en tus entrevistas es Atahualpa Yupanqui, ¿Sentís su vigencia?
SR -Yupanqui es un poeta que elevó a la excelencia el arte de payar. Asumió la música de la pampa y de los andes y con ellas creó una escuela de resonancia universal. Señores de la guitarra como Leo Brouwer reconocen ese magisterio. Yo me encontré por primera vez con Don Ata cuando él ya era bastante mayor, en febrero de 1985, en un Berlín blanco de nieve. Lo había escuchado muchas veces en discos, lo había visto incluso por televisión, pero recibirlo en directo me mató. Aquella noche, con su inmenso susurro y sus manos torcidas articuló un recital perfecto. Allí descubrí su canción “Los tres Pablos”, que le hizo a Neruda, a Picasso y a Casals. Una obra maestra que interpretó brillantemente, con una sobriedad escénica que irradiaba una energía misteriosa. Cuando uno presencia algo así, aprende lo que es el arte como fulgor inverosímil.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cristina

Christina Rosenvinge: A la espera de juicio

Texto de  publicado el 19 dic, 2011 en la categoría EntrevistasEntrevistas NacionalesRevista
“Mientras que mucha gente ha salido con el arrope de una generación determinada que se potenciaba en ese momento, para mí no ha sido así, siempre he cabalgado sola. No he pertenecido a una generación o un movimiento”
Christina Rosenvinge hace balance de una carrera que ya alcanza los treinta años con la caja “Un caso sin resolver”, que recorre la mayor parte de su obra. Chema Domínguez conversa con ella.


Texto: CHEMA DOMÍNGUEZ.


Como ella no hay dos. Las pruebas de la vía escogida por Rosenvinge en la fantástica edición de “Un caso sin resolver” lo demuestra. Quién podía sospechar que Christina labrara uno de los mejores caminos musicales de este país, cuando tuvo su primera incursión en la escena con Ella y Los Neumáticos (1980). Creo que nadie, y es lo mejor. Porque esa sensación de caminar con ella, de ver cómo elabora cada vivencia en canciones que son auténticas palancas emocionales para bien o para mal, no tiene precio. Seguir sus huellas tiene premio mayor: estar vivo. Magia Blanca, Alex & Christina y Christina y Los Subterráneos fueron los siguientes trayectos que la convencieron definitivamente para ser más ella misma, mezclada con todo aquello que mereciera la pena mezclarse. Así llegaron sonidos y textos bien hilados y cosidos a una voz única en su forma de expresarse. Así ha embaucado a tantos, usando la libertad creativa que muchos se niegan y les niegan. Aunque esto tiene un precio. El texto firmado por la propia interesada y que prologa el libro contenido en “Un caso sin resolver”, es una carta dirigida al juez encargado del expediente Rosenvinge. Los cargos son claros: uso debido de la libertad para hacer lo que le dé la gana valiéndose de cómplices con igual método, engatusando al personal y dejándose engatusar con alevosía. Pero ha dejado un rastro sonoro inconfundible… Todo por un chasquido.
Estoy preocupado por la marcha del juicio, ¿cómo llevas la espera? ¿Este trabajo servirá de atenuante?
[Risas] En mi caso, como todavía faltan nuevas pruebas por aparecer, se va a prolongar durante mucho tiempo…
Lo que está claro es que recopilando tu historial has pasado por varias identidades musicales, quizá sea tópico preguntarte por tu pensamiento acerca de las etiquetas y el encasillamiento del que has huido constantemente, pero seguro que tu respuesta no es tópica.
Para mí la música siempre ha sido un ejercicio muy personal, en realidad. Mientras que mucha gente ha salido con el arrope de una generación determinada que se potenciaba en ese momento, para mí no ha sido así, siempre he cabalgado sola. No he pertenecido a una generación o un movimiento. Lo que sí he hecho ha sido ser muy permeable a todo lo que ocurría. Mucha gente cae en el inmovilismo total porque dan con una fórmula al principio y ya dejan de comprar discos y asimilar cosas nuevas, y lo único que hacen es indagar hacia atrás. Desde lo que ellos descubrieron hacia atrás. Y sin embargo no aceptan nada de lo nuevo, dando por hecho que nada les va a impactar. Para mí esto es una limitación muy grande, yo siempre he mantenido la ventana abierta, cualquier cosa que estuviera ocurriendo me podía afectar. En ese sentido una tiene una identidad lo suficientemente sólida como para poder luego dejarte influir por el espíritu de los tiempos, porque es el tiempo que vives.
Aunque señalas que no perteneces a ninguna generación, tus inicios con Ella y Los Neumáticos te sitúan en 1980 y ese es un contexto generacional muy claro.
Tampoco, porque era muy joven. La movida es algo que viví muy tangencialmente, acababa de cumplir dieciséis años cuando pasó todo eso. Sí que tuve una banda y todo esto, sobre todo porque tenía una hermana mayor que estaba en el circuito musical. Y empecé a tocar en una banda pero no tenía una vida nocturna ni nada, ¡si yo estaba estudiando!
¿Y de ese “Big Bang” personal mantienes el contacto con alguno de aquellos compañeros entre los que estaba Rodrigo D. Lorenzo (Ciudad Jardín) o Edi Clavo (Gabinete Caligari), por ejemplo?
Un vez que se rompió el grupo se acabó la relación, lo nuestro era estrictamente musical. Con la única persona, y es una enorme alegría cuando le veo, es con Edi, que tocaba la batería.
“Un caso sin resolver” contiene cuatro discos, un DVD y un libro con imágenes e interesantes textos de diferentes cómplices. Es significativo que hayas empezado por dos nuevas versiones de ‘Tú por mí’ y ‘Alguien que cuide de mí’, ¿por qué?
Porque son canciones de “Que me parta un rayo” (1992), que tenía muy buenos temas y la frescura de lo primero que hacía sola. Y fueron víctimas de la producción. Era a principios de los 90 en una gran compañía y habia ciertas teorías sobre cómo hacer las cosas que eran totalmente erróneas. Y de hecho es el único de mi etapa en solitario que se ha grabado de esa manera. Ya con “Mi pequeño animal” (1994) se grabó con una banda tocando simultáneamente, con “Cerrado” (1997), igual. Y a partir de ahí al viejo estilo de las grabaciones analógicas, con poco retoque. En “Que me parta un rayo” la producción se cargó la honestidad de esas canciones.
En “Que me parta un rayo”, estás en la labor de producción junto a Los Subterráneos, donde apareces acompañada con Antonio García de Diego y Pancho Varona, ambos fundamentales para Sabina. ¿Fue impuesto?
No, de hecho Pancho Varona fue muy amable. Yo estaba insegura sobre lo que estaba haciendo, necesitaba contrastar con alguien y a través de un amigo, Benjamín Prado, conseguí contactar con Pancho. Le dije que habiía hecho unos temas y que me daba vergüenza enseñárselos a alguien, que necesitaba una opinión. Entonces, la primera persona a quien se las enseñé fue a Pancho.
¿Y cuál fue su opinión?
La opinión fue: “No necesitas a nadie, haz esto sola. No necesitas a nadie, está todo ahí” [risas]. Sin embargo, luego, a la hora de la grabación no fue así, se grabó en digital con un técnico inglés que no tenía ni idea de cómo tratar este tipo de música; que al fin y al cabo era música casi folk que venía de Neil Young, Bob Dylan y todo eso. Entonces, el disco suena muy finito y muy brillante, con poco empaque; y creo que las canciones podrían haber sonado mucho mejor.
De hecho, los textos eran y son potentísimos. Igual estoy desacertado pero en ‘Alguien que cuide de mí’ dices: “que quiera matarme y se mate por mí”. Sabina, posteriormente, en ‘Contigo’ escribe: “y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres” ¿Sabes de buena tinta si le influyó?
Se lo tendrías que preguntar a él, pero es verdad que esas canciones le gustaron mucho y ‘Alguien que cuide de mí’, en particular, le gustó mucho.
¿Mantienes relación con Los Subterráneos y el resto de cómplices que has tenido en los 80 y en los 90?
Sí, con Pancho me alegro cada vez que le veo y hay una relación cordial, por supuesto. Con Álex no, no tiene tanto que ver con la música, cuando se disolvió la banda la ruptura fue un poco violenta y no hubo reconciliación después, la verdad.
¿El enfrentamiento fue estilístico?
Fue una mezcla de asuntos personales y musicales. Pero una parte fundamental fue que la compañía hizo una jugada promocional para que fuéramos al festival de la OTI, Álex estaba a favor y yo estaba muy en contra. Me pusieron contra las cuerdas. Acabé aceptando a regañadientes y luego me quedé muy resentida. Cuando estaba ahí, pensé “por qué lo estoy haciendo”. Ahí decidí que cometería errores propios, no de otros, me tenía que hacer responsable de lo que hiciera. No digo que después no cometiera errores, pero eran propios.
Recuerdo el contexto cultural y musical de esa época en la que vais a la OTI como pintoresco y muy contradictorio. Podías ver a Los Ilegales, por ejemplo, en un programa de la reciente tele matinal con un público doméstico, alejadísimo de su estilo y discurso. Este tipo de disparates eran muy frecuentes. Pensaba y pienso ¿cómo llevabais esas contradicciones promocionales los grupos?
Efectivamente era así, yo lo he dicho después. En mi caso se juntaban las dos cosas: vivir esa época en las que hacer un playback en la tele era algo normal, grupos sólidos y todo; y por otro lado, en mi caso, el ser mujer supuso empezar en cinco puestos por detrás. En el sentido de tener que desaprender lo que se supone que tenía que hacer, para lo que yo había venido a este mundo, luego educarme, luego tienes un periodo de maternidad en el que estás encerrada en tu casa en el que trabajas cuando puedes y como puedes… Y realmente cuando sales de ese periodo es cuando una mujer tiene lo mejor para dar. Y en ese sentido sí que encuentro mi evolución paralela a la de muchísimas mujeres, no dentro de la música o del arte sino en cualquier ámbito.
¿Cómo ha influido en tu carrera ser mujer, a la hora de dar cada paso?
Sobre todo hay un primer momento en el que tienen un plan para ti, creen que saben lo que es mejor para ti, tienen una idea prefijada cuando empiezas a trabajar con hombres en cualquier situación. Entonces, hay un primer momento en el que tienes que asentarte, pero también es verdad que a partir de eso la relación fluye perfectamente. Es decir, tengo más la sensación de que todos los músicos con los que he tocado me han apoyado especialmente, realmente si estoy aquí de hecho ha sido porque los músicos con los que he tocado me han apoyado moralmente, me han enseñado todos los agujeros que yo tenía de educación musical porque no he dado una clase de música en mi vida. Yo he aprendido de los músicos con los que he tocado. Y en el aspecto de ser mujer se han alineado conmigo, nunca me he encontrado con un tío que se molestara porque le dijera: “no, haz este otro arreglo”. Ha habido colaboracion absoluta, incluso una relación en la que ellos son conscientes de las cosas y, a su manera, intentan que el mundo sea mejor y más justo.
“Los músicos llegamos a ser músicos por nuestro desinterés en cualquier otra cosa de este mundo y una de ellas es la cuestión económica; todos llegamos a firmar el primer contrato y lo único que estamos pensando es cómo vamos a grabar el disco”
El último disco que trae “Un caso por resolver”, termina como empieza el primero, con destacadas versiones como la de ‘El sud’ de Refree grabadas en este pasado septiembre.
Sí, el cuarto disco, aunque es una locura de compilación, tiene su sentido. Empieza con Alex & Christina, que realmente no era parte de mi historia pero quería que estuvieran aquí, así que lo he metido en el de “Extras” junto con Ella y Los Neumáticos; y continúa con maquetas caseras, así se ve cómo empecé, cómo escribía las canciones sola en casa. Porque siempre hago una maqueta casera, que es la que los músicos escuchan antes de grabar y sobre la que trabajamos. Hay unas cuantas grabaciones de directo, algunas están sin retocar, tomadas directamente de la mesa con un micro, muy chapuzas, pero tienen el espíritu del directo y me apetecía recuperarlas. Algunas versiones raras de la radio y luego viene el momento de colaboraciones con otros artistas, con otros cantautores como Nacho [Vegas], con J o con Luis Troquel, que fue especial en su momento. Y luego ‘El sud’, que es la única version que hay de alguien aparte del ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen. La he hecho porque soy muy fan de Refree, estaba grabada muy radical solo con contrabajo y voz, escuchaba la canción y decía “es muy clásica, es tan bonita, habla de algo tan bonito, es tan valiente que haya escrito esta letra de compromiso, de futuro, de una casa, de niños, todo esto”. Así que quería grabarla pero tratándola como si fuera un hit que existe desde hace mucho tiempo, como un clásico, como las canciones que tocas cuando la conoce todo el mundo, como si fuera de hace treinta años.
Y, permíteme que se me vea el plumero, ‘Canción del eco’ está impresionante.
‘Canción del eco’ fue un tema muy difícil porque al hacerla pensé: “ya está, jamás voy a hacer una canción mejor que esta, ya está, hasta aquí he llegado” [risas]. Pensé, “cualquier cantautor viene para dejar una canción detrás de sí y es esta, y ya se ha acabado, de esto no voy a pasar”.
Espero que sí, aunque lo tienes difícil [risas]. Cuéntame la fuente de inspiración para ‘Canción del eco’.
Por un lado es una historia mitológica que ha sobrevivido al paso de los tiempos, porque esa es la función de los mitos; pero meterla en canción, rimarla y convertirla en una historia cercana que todo el mundo puede entender fue un desafío. Tenía este juego tan bonito del estribillo donde Narciso habla y ella repitiendo solo sus últimas palabras consigue por fin confesar su amor, cuando él le está diciendo que no la quiere. Era una cosa tan dramática, tan bonita… En esta versión quité la última estrofa, que es mi epílogo personal, donde se cuenta la historia y la narradora explica por qué está contando esa historia. Entonces entiendes que la cuenta a alguien para decirle “esto es lo que está pasando entre nosotros”. Y en ese sentido es un golpe bajo [risas]. Aquí no está esa estrofa, también pensando en hacerla más corta para que llegue más lejos.
Citabas antes a Leonard Cohen, él dijo en una ocasión: “Si volviera a nacer, me gustaría ser un cantaor flamenco”. Siguiendo por esa línea, has colaborado con J, de Los Planetas, quienes también se han adentrado en el universo flamenco con “La leyenda del espacio” (2007) y más concretamente con “Una ópera egipcia” (2010). Tu sensibilidad a la hora de escribir ,¿podría conducirte a ese terreno también, lo has valorado?
Hay ciertos elementos en algunas canciones donde se toman cosas de aquí y de allá. Hay temas como ‘Eva enamorada’ donde la estrofa tiene algo que no hubiera podido escribir sino hubiera escuchado flamenco; aunque de forma directa el flamenco me quede lejísimos, no puedo adaptarlo. Aunque, la verdad, siempre que he trabajado con baterías americanos me dicen que tengo un sentido del ritmo muy complicado, siempre dicen “esto te tiene que venir por ahí”, yo siempre lo niego, porque no he seguido el flamenco, lo he oído pero no lo he seguido, pero siempre me dicen que ahí hay algo que no responde al 4 por 4 monolítico que usan los anglosajones.
Bueno, una soleá es obvio que no vas a interpretar, pero unas cantiñas a “lo Planetas” ¿por qué no?
J lo está haciendo tan increíblemente bien… En el Grupo de expertos Solynieve, también. Lo que está haciendo es en vez de trasladar toda esta complicación que tiene el flamenco, la ha borrado para simplificar los ritmos al máximo y llevarlos al rock y darles potencia. Oigo con mucho interés todo lo que hace porque para mí es la primera mezcla realmente exitosa, y donde realmente se mezclan el palo flamenco y el rock; no es agua y aceite, realmente se mezclan.
Volviendo a tu argumentación jurídica en “Un caso sin resolver”, dices: “La jauría de IndiGentes se había reproducido durante mi exilio y pretendían coronarme como su musa. Me resistí, me resistí y… no llegué a resistirme una tercera vez”. De los IndiGentes que citas, ¿quienes te atraen más?
Refree, desde luego, pero hay muchísimas cosas que me interesan. Antònia Font, Nacho Umbert, también el Grupo de expertos Solynieve, Nacho Vegas, de New Raemon he oído canciones que me han gustado un montón… Hay muchísimo, de hecho creo que se está viviendo un momento muy dulce. Hay mucha gente haciendo cosas muy distintas y muy bien, además.
Y esto contrasta con el desprestigio de la cultura en general y de la música en particular, me preguntaba ¿qué sentido tiene ser músico, compositor o interprete un día como hoy?
Creo que en realidad las cosas no son tan distintas de otro momento. En realidad, lo que está en plena crisis es la industria discográfica y la forma de distribución: si la música va a llegar a la gente a través de cedés o a través de internet, y si llegan a través de internet si va a haber cierta reciprocidad de manera que eso se reinvierta en la creación de más música o exactamente cómo se va a hacer, si las grabaciones se van a tener que pagar del directo que es lo que está ocurriendo ahora. Lo cierto es que el flujo no va a pararse, es decir, va a seguir habiendo gente haciendo música y escuchándola. En qué condiciones, si te puedes permitir grabar un disco con un cuarteto de cuerda, por ejemplo –los músicos clásicos cuestan un riñón–, pues probablemente ahora no lo puedes hacer. O, de repente, tienes que hacer un disco en tu casa con los medios que tienes; lo cual da libertad pero hay cierto tipo de grabaciones de calidad, que todos adoramos, que en este momento es difícil hacerlas. Pero realmente qué va a ocurrir… Cuando las compañías se llevaban el gato al agua, sinceramente, a los artistas no nos llegaba mucho de eso y ahora que se lo están llevando las telefónicas y webs, que además ingresan publicidad y cosas así, pues tampoco nos va a llegar nada. Sinceramente creo que es una crisis que corrresponde a la forma de distribución, pero no es una crisis creativa ni mucho menos. Lo ideal es que en este momento en que la SGAE se está refundando, todo se está refundando, se hiciera un reparto más justo de las cosas. Pero también, si quieres que te diga la verdad, los músicos llegamos a ser músicos por nuestro desinterés en cualquier otra cosa de este mundo y una de ellas es la cuestión económica; todos llegamos a firmar el primer contrato y lo único que estamos pensando es cómo vamos a grabar el disco, no lo que estamos firmando, por cuánto tiempo, en qué condiciones te comprometes… Y luego cuando te enteras, dices, “oye”. Pero bueno, hay una industria alrededor de algo que en realidad es arte, es muy contradictorio pero si te digo, yo que estoy dentro, que no tengo las cosas claras. No me creo el victimismo de las compañías, pero tampoco creo que la solución sea autoproducirse porque entre otras cosas eso te convierte en un gestor, y ni quiero, ni puedo, ni tengo capacidad. A lo mejor un grupo de seis como Vetusta Morla se pueden autogestionar porque son estos chicos tan increíbles que sirven para todo, pero yo sola no puedo grabar un disco, darlo a conocer, que llegue a las tiendas y promocionarlo porque eso quiere decir que sacaría un disco cada cinco años. Hay un montón de gente que hace ese trabajo muy bien, quienes trabajan en promoción, en booking, tienen su razón de ser, es un trabajo importantísimo y dependes de ellos en gran medida. He estado diez años en la independencia más pura y dura y he sacado discos que creo eran muy buenos, pero que nadie se ha enterado de que existían. Sacaba un disco, hacía dos entrevistas, y fuera. No tenía un equipo que apoyara.
¿Por qué te vas y por qué vuelves?
Porque yo en esto me considero una pirata pero, vamos, de parche. Cada vez que tengo una idea pienso en a quién le voy a sacar la pasta para conseguir grabarla, que salga, que llegue y lo único que estoy pensando es en ese proyecto y cómo sacarlo. Entonces según cómo veo el percal hago una cosa o hago otra. Y haré lo que tenga que hacer para grabar los discos [risas].
Que no se entere el juez que está decidiendo sobre tu caso… Coméntame la importancia en esta historia de tu cómplice Luis Troquel.
Sí, porque fue algo bonito, cuando yo volví de Nueva York es verdad que pasé una época muy oscura en la que realmente grabé “Continental 62″ (2006) mientras tenía un hijo. Empecé a grabarlo embarazada y cuando conseguí masterizarlo el niño ya corría. Fue una grabación muy difícil por eso, porque estaba criando al niño al mismo tiempo que hacía música, lo cual es casi imposible. No podía ir de gira, tenía poco margen de maniobra. De todo eso, con las horas que conseguía sacar grabé “Continental 62″, pero estaba totalmente desconectada del mundo de la escena, no era amiga de nadie, ni conocía a nadie, no tenía mánager, no tenía nada… Estaba aquí de nuevas. Y entonces, Luis Troquel un día me llamó, no le conocía de nada. No le hice ni caso al principio, pero él insistió, insistió, me vino a ver, venía conmigo a buscar al niño al autobús, insistía que había hecho canciones que quería grabar… Me pareció un personaje que acabó ganándome y en un par de meriendas ya me dijo que tenía una canción que yo tenía que cantar, y que la iba a tocar un grupo que se llamaba Beef y que la iba a cantar J también… Yo no conocía a nadie. Entonces se empeñó, el tío se empeñó y de alguna manera él fue quien me metió en esta generación de músicos con los que yo no tenía relación en realidad. Sólo conocía a Nacho [Vegas] y porque me había contactado cuando estuve en Nueva York con la idea de hacer algún tipo de colaboración, había ido a algún concierto suyo y había hablado con él cuatro o cinco palabras. Entonces, a través de Luis grabé esto primero, luego conocí a J, que fue increiblemente hospitalario: “venta pa’mi casa, haz canciones, haz canciones en español”, y todo el mundo empezó a darme impulso…
¿Impulso que necesitabas?
Claro, entonces cuando alguien te está esperando “a ver qué has escrito, a ver qué has escrito” al final salen canciones. ‘Nadie como tú’ la hice en casa de J en un fin de semana de estos, de músicos que nos habíamos juntado varios para ver si salía algo. Sí que es verdad que el impulso que me dieron todos, tan empeñados en que hiciera un disco, pues es verdad que me llevó a empezar “Tu labio superior” (2008). Así que lo empecé a componer por toda esa gente que Luis me había ido presentando.
Y ha ido calando porque hasta otros IndiGentes como Supersubmarina grabaron una fantástica versión de ‘Chas! y aparezco a tu lado’ (2010). En otro orden de cosas, también fuiste presentadora del programa musical “FM-2″ en TVE a finales de los 80. Hace pocos días se entregaron los premios Ondas, y se habló mucho en los medios sobre el periodismo actual, su objetividad y su transparencia. El texto firmado por David Bonilla, responsable y compañero de aventuras en la promoción de “Que me parta un rayo” e incluido en el libro que acompaña “Un caso sin resolver” habla, entre otras cosas, de lo complicado que es dar a conocer un artista, un trabajo. ¿Qué opinas de los medios de comunicación?¿Tiene sentido seguir haciendo entrevistas?
[Risas] Es un poco lo que te decía antes, los años que estuve en la independencia total y real, produciéndome los discos, sacándolos con sellos distintos en cada país y todo esto, al final, es una rueda que funciona así; grabo un disco y tengo a Zara [encargada de la promoción de su management] que llama a todo el mundo para decir que ese disco existe: a algunos les interesa, a otros no, la gente se entera de que existe y a través de eso empiezas a generar interés, empiezas a tocar en directo y otra vez vuelves a escribir canciones. Hay una rueda que funciona y los medios de comunicación hacen la labor de difusión, y algo que en este momento, con este mundo tan indiscriminado que es internet, es fundamental: selección. Si buscas el medio con el que eres afín pues ahí estás llegando a nuevas músicas, si no te llegaría de forma accidental o podría no llegarte nunca. Entonces creo que es fundamental el papel de los medios de comunicación. Creo que en la era internet, además, las páginas o la selección va a ser lo fundamental porque no puedes oírlo todo, no puedes prestar atención a todo, alguien tiene que ir haciendo ese trabajo de selección. Que es un mundo que admite ligeramente la perversión, sí, efectivamente.
¿La objetividad o mayor objetividad sería el antídoto contra esa perversión?
Es que hasta qué punto debe ser objetivo. A mí lo que me interesa es la subjetividad de alguien que tiene mucho criterio, y en ese sentido las firmas me parecen fundamentales, sigues a ciertos críticos que sabes son afines a ti, entonces, si te dice que te oigas esto probablemente te va a interesar. Ciertos críticos o revistas. Lo que me refería cuando hablaba de perversión es en el sentido de que haya cosas que realmente no están al nivel que se supone que están y que se habla muy bien de ellas porque hay presión por parte de la compañía, porque es “trending”, por que es “cool” o alguna de estas cosas. En ese sentido es deseable que hubiera una percepción más objetiva.
Ahí quería llegar. Por una frase dicha en un momento dado se arma una historia, se descontextualiza porque interesa o se amarillea. Luego, esto, puede marcar ese disco, esa carrera, esa canción o a ese artista.
Sí, a estas alturas he estado en todas las posiciones de este tablero y he estado en ese sitio en el que no caes en gracia aunque estés haciendo algo de puta madre, y parece que nadie va a hablar bien de ti. En cambio, hay otros momentos en los que pasa lo contrario, parece que has cogido ola, tienes el tiempo a favor. Espero no relajarme, corres el peligro de dejarte arrastrar por la adoración y por todo esto y creerte que todo lo que haces es bueno. Uno tiene que mantener un nivel de autoexigencia muy alto siempre.