jueves, 1 de enero de 2009




ENTREVISTA A HORACIO GONZALEZ
“Clarín no miente”

Domingo 10 de Agosto de 2008
Año III Nº 0285
Buenos Aires, Argentina

El director de la Biblioteca Nacional es –junto a José Pablo Feinmann– el intelectual kirchnerista más activo. Las críticas a los medios de comunicación que durante la crisis del campo se formularon desde Carta Abierta y el Observatorio de Medios hicieron que la palabra de este sociólogo y ensayista trascendiera los círculos académicos. Después de dos cancelaciones, Horacio González se prestó al extenso reportaje de los domingos.



Por Jorge Fontevecchia


“Yo leo Clarín desde que era chiquito, ¿cómo podría sostener que Clarín miente? Esa consigna surgida de un modo de lucha inmediatista no me gusta.”
—En su libro “La ética picaresca” destaca la nobleza de Ramos Mejía, quien “recurre a sus motivos favoritos para ensalzar a Yrigoyen, un enemigo suyo y le gusta concebir el elogio contra aquello mismo que lo ataca”. Le propongo que tengamos una conversación abierta, distendida, sin posiciones defensivas, honesta intelectualmente y donde lo importante sea el conocimiento y no, como para muchos políticos, quién tiene razón. Aún siendo simpatizante del Gobierno, ¿se permitirá criticar aquello criticable y elogiar aquello que sus adversarios tengan de elogiable?

—Vine a esta entrevista con la energía necesaria.

—Ud. califica de “señorial” a Ramos Mejía por permitirse elogiar aquello que le es ajeno a su propio orden valorativo. ¿Cuál es el orden valorativo del kirchnerismo?

—Imaginé que podría enfrentarme a este tipo de preguntas. Lo que señala en el párrafo es que se puede pasar del orden valorativo a la capacidad de apreciación interesada en aquello que no necesariamente nos gusta. Me parece que eso es parte de una figura intensa de la formación moral; es decir, estar abierto a aquello que nos desafía y aquello que de algún modo pone en cuestionamiento último lo que suponemos que son nuestros valores, entendiendo por valor aquello que no es fácil de explicar, pero entendemos que nos sustenta y nos anima a vivir. Por lo tanto, no es fácil definir un sistema de valores que pertenece a otra persona. Me parece que, en primer lugar, hay una épica, y pone su foco en los años setenta, una óptica reparatoria de algo que quedó cesante en el pasado, que originó una culpa difusa, y que motiva una cierta ansiedad de retornar a esos motivos para preguntarse qué fue aquello. Muchas veces se lo ha acusado al ex presidente respecto de que la evocación de esos motivos pasados pertenecerían a una recurrencia que haría inviable los países. Mi interpretación es otra. Pienso que una sociedad como la argentina, con luchas de mucha intensidad y de capacidad de desgarramiento, la vuelta al pasado para explicar el conjunto de las cosas que quedaron irresueltas no es para repetirlas precisamente, sino para crear nuevos puentes con el presente. También tiene un estilo discursivo que no pertenece a lo que habitualmente se cultiva en todas las áreas de la política, el acto de medir sistemáticamente el alcance de las palabras. Kirchner me parece que es un político que no da la impresión de tener en su lenguaje un plano reservado del cual apenas emergen pequeñas piezas como preparadas y muy destinadas, después de ser sometidas a un control y a un autoexamen, a producir ciertos efectos.

—No mide las consecuencias.

—Mide las consecuencias a través de otros sistemas de valores. Es una persona que a veces me asombra por el hecho de que los pensamientos previos, o tácitos, o del mundo implícito del político salen a luz con más facilidad que en otros políticos.

—Ramos Mejía decía que para Yrigoyen “la revolución posee en su espíritu las vivas atracciones y el inevitable magnetismo de la morfina”. ¿Lo de Yrigoyen es aplicable al ex presidente?

—En Argentina se utiliza mucho la expresión animal político como un elogio; no es una expresión que a mí me guste, pero el animal político se podría definir como alguien que tiene la vocación persistente de vivir el drama político como una agonía personal, agonía como sistema general de las luchas en el mundo, con el mundo, consigo mismo y en la organización del orden doméstico más inmediato.

—¿Y la revolución posee en Kichner “vivas atracciones” e “inevitable magnetismo”?

—La expresión es muy abarcadora y a muchos políticos les gusta ser considerados así. Se podría decir que la palabra revolución empleada en Yrigoyen y trasladada a nuestro tiempo es la lengua persistente de la política. La palabra revolución admite todas las traducciones posibles, y la política se puede entender como una traducción infinita hacia múltiples direcciones de la palabra revolución. En el lenguaje del kirchnerismo se utiliza la palabra cambio. Revolución no se utiliza…

—¿Cambio hoy es equivalente a revolución en 1916?

—Se puede decir que la palabra revolución gobernaba un poco el lenguaje político de esa época. Es notorio en la biografía de Kirchner que perteneció a una agrupación juvenil que tenía la palabra revolución en su sigla (el no uso).

—Por la cantidad de veces que lo cita en sus textos, Fogwill, columnista de este diario los sábados, ¿es su escritor contemporáneo preferido?

—Es el que me provoca más angustia. Piglia es uno de mis preferidos, no mi preferido, pero me provoca menos angustia. Fogwill me provoca más angustia y hace de esa angustia la fuerza de su atracción. Una descripción de Fogwill de un avión estacionado en Los Angeles un día de nevada, y que abre de repente un compartimiento y se ven cables interiores es una escena de horror.

—¿Y Borges su preferido de los escritores argentinos no vivos?

—Borges no me parece una presencia de la cual podamos evadirnos, y por lo tanto tiene una presencia un poco carcelaria en la literatura argentina. Digo carcelaria, pero puede ser una prisión amable e inspiradora, y en realidad lo es para muchos. El modo en que usó el castellano argentino en términos de un absoluto universalismo aún podemos decir que no es fácil descifrarlo, qué castellano usó efectivamente Borges, cómo inventó un sistema donde un pequeño desplazamiento de un adjetivo o el uso de un plural inducía, como decíamos al comienzo de la charla, a un orden de valores. A Borges es difícil ubicarlo dentro de un sistema, la molestia que produce es que siempre lo vemos dentro de un sistema cuyas reglas exhaustivas no creo que aún atinemos a describirlas íntimamente. Borges sigue cercándonos, hay un sitio de Borges a la literatura y en buena parte a la política argentina de hoy que proviene del hecho de que su sistema aún no es fácilmente descifrable.

—Borges ocupó el mismo cargo que Ud., dirigió la Biblioteca Nacional desde el derrocamiento de Perón en 1955 hasta 1973, cuando el peronismo volvió al poder. ¿A Borges le cabe la definición de gorila?

—No. La palabra se impuso nuevamente, y creo que se haría un beneficio a la discusión política retirándola. Superhombre agradecería si le retiraran la criptonita, pero es la base de su sistema de valores, de modo que retirar la palabra gorila no seré yo quien lo haga. Es un concepto que tiene tantos estratos, no es fácil hablar de él, define a las personas, y después de cinco décadas sigue definiendo los partidismos argentinos. En relación al uso trivial, pero profundo, porque inmediatamente al utilizarlo trazamos una línea de tiza sobre la mesa. En el caso de Borges, su consideración era tan profunda sobre la idea del otro que excede bastante la idea de gorila, que también es una calificación sobre la idea de que existe otro. Toda la literatura de Borges tiene en su centro la idea de gorila, sólo que utiliza ese concepto con un grado de universalismo tal que, finalmente, establece un hecho que la política no puede permitirse, que es un hecho alucinado, la fusión con la sombra o con el fantasma del gorila, pero ese nombre no tendría sentido porque es la fusión con el fantasma del otro.

—¿Qué imagina que Borges diría de Néstor Kirchner?

—Aceptemos que Borges dijo cosas muy interesantes sobre Yrigoyen, y formó parte del Comité de Intelectuales Yrigoyenistas que apoyó a Yrigoyen en las elecciones de 1928. Si creemos enteramente en las cenas que recopila Bioy Casares, lo vería como un sucedáneo del peronismo. De todas maneras, no hay que olvidar el modo en que Borges intervino en la valoración del juicio a las Juntas en 1985.

—¿Rescataría de Kirchner el enjuiciamiento a los represores?

—Juzgó con mucha valentía y con mucha precisión a los militares de la época y, al mismo tiempo, también utilizó la idea de la reversión de cualquier enunciado en el otro, por lo tanto, imaginó a la Argentina bajo un sistema inviable, que sería la fusión de la víctima con el verdugo. Ahí se equivocaba, aunque era muy aguda su observación sobre el sistema de dominio que se había establecido en la ESMA. Con poco esfuerzo podríamos extraer sus opiniones del tema de sabiduría del héroe y de El informe de Brodie (N.d.R.: cuento sobre una tribu, los Yahoos, que veneraba a un dios llamado Estiércol ideado a imagen y semejanza de su rey; en palabras de Borges: “Pese a su barbarie, no son una nación primitiva sino degenerada”), que tiene fuertes posibilidades de ser convertida en metáforas de la política actual.

—En el primer párrafo de su texto “La escritura feliz”, usted utiliza la palabra “articular”, también aparece en el primer párrafo del primer reportaje que le hace como director de la Biblioteca el sitio oficial Educ.ar, y en una entrevista que le realizó el Observatorio de Medios en 2001 encontré la palabra articular cuatro veces. La Presidenta también repite la palabra “articular”: ¿la incorporó usted o es sólo una coincidencia?

—Me extraña su pregunta: le atribuye demasiado poder a una palabra, demasiada posibilidad de injerencia a alguien que utiliza una palabra que es corriente.

—No en nuestra política.

—Proviene de la teoría sexopluralista, probablemente de la filosofía francesa de los años 60. Es una palabra complaciente que reemplaza la docencia en ciertos aspectos. No deja de provocarme cierta incomodidad, voy a tratar de usarla menos, si es que ya no la expurgué. Efectivamente, la reiteración de palabra obedece a mitos personales. Quiero recordarle que el primer grupo interno del Partido de los Trabajadores de Lula se llamó Articular, y con esa palabra se veía como el centro de un sistema complejo, como era el PT, que tiene muchas alas, de izquierda, centro izquierda y ahora centro derecha. La articulación es una lengua complaciente del político. Pero entiendo la vida política como la articulación amenazada. No había reparado en que la Presidenta la usara con la misma frecuencia. Palabras que aparecen en el medio académico, un tiempito después aparecen en el periodismo, después en la política. Es el sistema de ósmosis del lenguaje, esa forma en que viajan subterráneamente las palabras y que hacen que muchas se originen en el mundo académico y otras en el mundo carcelario. Tanto la palabra trucho, que surge en el mundo carcelario, como la palabra articular, que surge del mundo académico, se parecen bastante.

—Usted dijo que, al revés de muchos, le gustaba el edificio de la Biblioteca Nacional por su noción de masas en desequilibrio. ¿El kirchnerismo le gustó también por la misma noción?

—Nuevamente le señalo la índole de sus preguntas, que de ninguna manera me incomoda, pero es tomar una frase de la cual estaba absolutamente olvidado para hacerme hablar de la actualidad. No me parece mal la idea, pero exige muchas…

—Dijo que vino preparado...

—Respondería muy simplemente que sí. Concibo este momento de la política argentina como un conjunto de volúmenes que tienen una capacidad evidente de desequilibrarse. La lucha en este momento, sobre todo por parte del Gobierno, es para volver a equilibrar sus volúmenes.

—Usted dijo que las escalas salariales en la Biblioteca “son muy grandes en sus diferencias, y esto introduce lo que algunos llaman corrosión del carácter”. ¿Cómo son esas escalas de diferentes y por qué corroen el carácter?

—Extraje esa expresión de un interesante escritor y filósofo norteamericano, Richard Sennett, que estudiaba las escalas salariales de los altos ejecutivos de una empresa automotriz de Estados Unidos, y el modo en que se habían achatado, o algunos de ellos habían sido despedidos y se reunían en las cercanías a hablar de las miserias existenciales. A eso le llamaba corrosión del carácter.

—¿“Corroe el carácter” la igualación o lo inverso?

—Quise decir que las escalas salariales tienen picos hacia arriba y hacia abajo con mucha distancia y eso introduce la idea de que hay una difusa injusticia permanente en la redistribución salarial.

—¿Qué cantidad de veces separa el piso del techo?

—No son muchas en relación a las que hay en la empresa privada, no se lo podría decir con precisión. El Estado es muy complejo en la redistribución salarial porque hay funciones ejecutivas que originan una retribución importante. El Sistema Nacional de Empleados Públicos, Sinapa, hace una clasificación casi del tipo borgeana, con muchas líneas de fuga.

—¿Una clasificación tan loca como la del “Manual de zoología fantástica” de Borges?

—Justamente. El Sinapa es un sistema borgeano, a través del cual se organizan los estratos, las categorías, implica un cierto feudalismo con muchas escalas. Hay que hacer escalas salariales donde la más alta y la más baja se acerquen.

—Las diferencias que se producen entre los mejores y los peores ¿son o no necesarias para el progreso del conjunto social?

—Yo diría que la cuestión de los premios y los castigos, con su resonancia bíblica, cuando se alojan en la administración pública deben ser tratados de una manera mucho más sutil. El sistema rígido de premios y castigos no rige en la administración pública porque es un sistema con relaciones tácitas.

—En la esfera de lo privado, redistribuir la mayor parte de la rentabilidad que obtenga el capital para obtener lo antes posible la mayor equidad, ¿logra lo opuesto a mediano plazo porque desalienta la inversión y, finalmente, reduce la riqueza total de la sociedad?

—Esa paradoja es por la cual se está discutiendo en la Argentina. Yo no opino lo mismo, pero entiendo que el problema forma parte de una fuerte paradoja que sería una fuerte apuesta a la inversión para después entregar los frutos en una distribución de una manera equitativa. Soy partidario de pensar en la simultaneidad, pero no ignoro los problemas, me parece que poder decir esto supone una discusión para la cual no hay un marco de tranquilidad debido a que se juegan intereses grupales.

—¿No cree que con la mejor de las intenciones, pero con cierto desconocimiento de los medios que son necesarios para alcanzar esos fines, muchos políticos conciben a la riqueza total que produce una sociedad como una torta a la que hay que dividir lo más equitativamente posible, sin percibir que dependiendo de cómo dividan esa torta se agrandará o achicará en el futuro, para beneficio o perjuicio de quienes quieren beneficiar?

—Esa es una definición correcta del capitalismo en términos clásicos. Yo acepto esa definición en el modo en que la modificaron Keynes y sus discípulos. Sobre eso no le puedo decir mucho, porque en su expresión está definido un problema. Nuestras sociedades en América latina se rigen por el intento de cuestionar la definición precisa que usted dio. Los ensayos en América latina, en la Argentina y en Brasil también son un intento de dialogar críticamente con la definición que ha hecho.

—Veamos, entonces, nuestros vecinos: usted se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de San Pablo, Brasil: el país de los sociólogos así como Argentina lo es de los psicólogos, además tuvo un presidente sociólogo: Cardozo. ¿Qué experiencia le dejó la economía de Brasil?

—Viví ocho años en San Pablo, de 1977 a 1985. Puedo decir que Brasil tuvo grandes pensadores, le puedo hablar de Gilberto Freyre.

— Autor de una frase tan aplicable a la Argentina: “La fuente de lo opuesto es el opuesto”.

—Yo soy muy fanático de Casa-Grande y senzala. La sociología fue tomada en serio en Brasil. En la Argentina el mundo de las ciencias sociales es un mundo que siempre fue interrogado con mucha virulencia por la vida social y popular; la existencia de fuertes sindicatos, el cuestionamiento permanente a la vida intelectual. La palabra intelectual es la fuente de una organización de valores conflictivos permanentes, a favor o en contra. En Brasil esto no es así, por eso un sociólogo pudo ser presidente.

—Y el ministro de Economía, que transformó la economía brasileña.

—Sí. Lula de alguna manera es el heredero de él, y tuvo que demostrar que no era necesario ser sociólogo para ser presidente, y de alguna manera el PT era más el partido de los sociólogos, con un presidente no sociólogo, que el partido de Cardoso. Veo a Brasil como el ejercicio de una continuidad, de una memoria política que no tiene la Argentina. La clase política argentina y la enorme cantidad de argentinos informados ven a Brasil como un modelo que compone la fatalidad por la cual la Argentina se va alejando de él.

—¿Lula con su economía clásica consiguió mejorar la vida de la población más que Kirchner con su heterodoxa?

—Que hay logros en Lula es evidente; que no haya logros en Kirchner no me parece tan evidente.

—Yo dije que Lula hizo más.

—Pero se concluiría eso porque está usando una fuerte postulación a cómo se genera un orden económico justo. Me parece que eso atiende mejor los asuntos brasileños, creo que Brasil puede hacerlo así, los programas de Hambre Cero, los sistemas de promoción social y el pasaje a niveles de mayor consumo a millones de personas va a hacer de la economía brasileña una economía que se aproxime a ciertos imperios de distribución de las riquezas, con una poderosa socialdemocracia, como es posible que sea Brasil en muy pocos años.

—¿Por qué siempre los modelos de otros países no se adaptan a la Argentina? Antes no lo eran porque provenían de países desarrollados, pero ahora es Brasil. ¿No es más simple de lo que parece? Brasil desde Cardozo en adelante, decidió combatir la inflación a la que consideró causa central de la generación de pobreza. Argentina, al revés, volvió a considerar que cierta cantidad de inflación era buena para promover el crecimiento.

—En la Argentina siempre se interpretó que un nivel apropiado de inflación podía generar un dinamismo económico que sin duda tiene sus riesgos.

—¿Podríamos decir que Brasil está más adelantado que nosotros en la solución del problema: fue campeón mundial de inflación, inventó la indexación, los precios controlados, pero abandonó esas políticas hace quince años y Lula continúa sin utilizar “anabolizantes” para promover el crecimiento de la economía?

—Brasil va a atravesar una época futura y su modelo de prosperidad ha sido bien descrito por su proposición. Es decir, hay una economía ortodoxa, pero también hay una sociedad en movimiento hacia mayores horizontes de consumo que de ninguna manera quitan la profunda historia de injusticia que hay en Brasil.

—Y todavía hoy con mayor injusticia social que la Argentina por eso sus avances en la reducción de pobreza y ascenso de una parte de la clase baja a clase media son tan interesantes.

—Pero si con esta conversación deberíamos derivar que Brasil propone un modelo que la Argentina debería seguir, entramos en un terreno problemático. Podemos tener toda clase de admiración, su proyecto económico actual, tener la secreta envidia hacia el país que descubre fuentes de petróleo en el Atlántico, todo eso es legítimo.

—¿No cree que también nuestro Atlántico podría estar lleno de petróleo pero no lo sabemos porque nadie quiere invertir en un país donde cambian la reglas continuamente?

—Por supuesto. Yo creo que debe haber una épica, para volver a la palabra con la que empezamos la conversación, del descubrimiento.

—¿Capitalista?

—Me debería permitir que no utilice la palabra capitalista. Me parece que el no uso de ciertas expresiones contribuye a que encontremos nuevas palabras que llevan a nuevos conceptos, a nuevas acciones y a nuevos comportamientos colectivos. Si usamos la palabra capitalismo como si fuera antagónica, también el debate pierde la oportunidad del descubrimiento, por eso ese descubrimiento de palabras y de conceptos para mí es paralelo al descubrimiento del petróleo. Hablo de épica en ambos casos, descubrimiento en grandes consignas y descubrimiento de yacimientos.

—¿Era Ud. quien se quejaba de la importancia que yo le daba a la palabra “articular”? Muy bien, no lo llamemos capitalismo sino un sistema donde la rentabilidad premie a la inversión y se genere un círculo virtuoso de reinversión continua que agrande la torta para todos.

—Lo que dice usted, que no está mal, podríamos llamarlo capitalismo y liberal. Tiene un rango de utopía también y, por lo tanto, se ofrece a la discusión respecto de los modelos económicos.

—¿A qué atribuye la inflación argentina actual?

—Me parece que es obvio que se convirtió en una discusión política. Si bien sería abusivo armar la inflación política, la Argentina tiene afectado su sistema de creencias, pero no describo sólo el modo en que ha sido afectado el sistema de creencias o de estadísticas, ha sido afectado el sistema de creencias hacia su sistema de palabras, en la urdimbre conceptual del país.

—Independientemente del sistema de creencias, los precios aumentan en serio.

—Podría responderle con mucha más precisión si fuera un economista.

—Hágalo desde la sociología.

—No se me escapa la dimensión política de la discusión; evidentemente, su expresión de que hay una inflación alta es una afirmación política notoria, como si yo le dijera: no hay inflación, o hay poca inflación; es regirse por los números que conocemos, según un respaldo oficial.

—No creo que usted piense eso.

—Fíjese la índole de nuestra conversación. Usted no cree que yo piense eso, puede ser que no, pero no deja de ser una conversación entre dos personas atentas a la realidad política que tienen infinidad de apreciaciones sobre infinidad de temas y que se ven confrontadas con esta...

—Estoy seguro de que también tenemos muchas coincidencias.

—Se está discutiendo a qué se le debe creer hoy en la Argentina. Por lo tanto, el esfuerzo mayor que debe hacer la Argentina, tanto el Gobierno como las fuerzas que se le oponen, es por una fuerte reconstitución de ese tejido que lleva a que tenga puntos de creencia efectivos. El tema del INDEC va a ser retirado en algún momento del conjunto de sospechas.

—¿Usted trabajó en el PAMI?

—Sí, era un empleado de afiliación, en los años 70. Trabajé también en el INDEC en el censo de 1970, y me quedé en las operaciones posteriores; con los sistemas de la época, que eran avanzados, había que computar los números. La estadística es muy interesante, tiene mucho que ver con el destino porque de algún modo al crear categorías estadísticas, provoca otros hechos que se van alojando en la categoría anterior y tiene una gran influencia. No es esto algo ajeno al debate político sobre el INDEC.

—¿Si el INDEC diera un número más alto de inflación predetermina un inflación futura mayor?

—De alguna manera, sí.

—Eso ya se sabe, pero la solución es no bajar el número informado sino la inflación real. Por eso los brasileños sostienen que la indexación parece justa inicialmente, porque es una manera de volver a establecer equilibrio entre los que quedaron retrasados, pero a determinado nivel de inflación termina afectando a los beneficiados porque promueve una inflación mayor.

—Saber eso ya es saber mucho. Por lo tanto, su expresión anterior de que estábamos hablando de números objetivos queda bastante relativizada. La objetividad es una creación múltiple donde hay muchas objetividades.

—No en la matemática.

—Pero la estadística, que es una matemática ligada al Estado, induce conductas futuras.

—La inflación no se reduce a la estadística sobre la inflación.

—Eso es pensarla con un Estado inactivo que no puede intervenir, es pensar en que hay oferta y demanda y nada más. En el Estado hay fuentes de intervención que crean ciertas disparidades a las que usted se refiere que creo que tienen que ser vías de inversión, tienen que establecer grandes momentos de audacia en el Estado. La distribución tiene que ser acompañada por momentos de acumulación de recursos que deben decirse siempre que van a ser aplicados socialmente.

—Concretamente, ¿Ud. no está a favor de que se baje artificialmente el indice de inflación para generar menos inflación futura o está en contra porque esa técnica es útil en el corto plazo pero rápidamente trae más perjuicios?

—No hay que intervenir sobre los números, y siempre está en discusión qué es un resultado científico matemático. Me parece que esta discusión, que debe resolverse rápido, es una discusión que ha puesto a la Argentina, ahora sí muy diferente a Brasil.

—Amplío el tema ya hacia el periodismo: aceptando que la existencia de informaciones negativas generan efectos sobre el futuro, ¿es correcto que se manipulen esas informaciones en función de un objetivo que puede ser noble?

—La pregunta presupone que se ha hecho eso, pero si ocurriera efectivamente, no sería bueno. Deberíamos discutir el INDEC como los procedimientos necesarios a una nueva ética en la expresión pública que sea un debate para los medios de comunicación.

—Luego pasaremos al Observatorio de Medios, antes me gustaría debatir si “verdadero es lo útil”.

—Acepto el planteo que hace, y creo que las sociedades deben construir sus grandes momentos de sinceridad y que Argentina debe marchar hacia eso.

—¿Se enamoró de Alfonsín en los 80?

—Conservo una gran simpatía por Alfonsín y, por supuesto, sería fácil hacer infinidad de críticas. Pero creo que su papel en la historia argentina fue muy importante. A veces uno sufre al verlo por debajo de ese papel, porque volvió a un tipo de política ligada a la crisis del radicalismo.

—¿Igual que a Frondizi?

—Quizás… sí. Pero creo que es nuestro deber valorar la historia política como gran drama. Y me interesa cuando los hombres políticos viven con dignidad su drama, y creo que en sus momentos Alfonsín y Frondizi dieron evidencia de vivir con dignidad sus dramas políticos principales, que tuvieron que ver con el modo en el que el poder público democrático era acosado.

—¿Y Néstor Kirchner vivió con dignidad la crisis de los 120 días con el campo?

—Kirchner es un personaje fundado en otro tipo de dramatismo, que no es ni el de Alfonsín ni el de Frondizi. Diría que es un tipo de dramatismo nacional popular, si me permite transferir un concepto de orden político a un concepto de orden dramatúrgico.

—Utilizó la palabra dignidad para Alfonsín y a Frondizi, ¿es aplicable a Kirchner?

—Porque fueron hombres con una caída. Kirchner no ha caído. Lo tendremos que ver en situaciones en las que se exigen de los hombres políticos un mayor esfuerzo para pensar el infortunio. Espero que no lleguemos a la situación de pensar el infortunio.

—Sobre Kirchner al comienzo de su gestión escribió: “Su dicción no era esbelta, estiraba las últimas sílabas de cada frase con una implícita intención de señalar una desprotección y un desafío. Pedía ayuda y solicitaba atención para su condición de hombre corriente ante tareas desmesuradas”. ¿Cristina Kirchner está en las antípodas?

—En las antípodas no está. Evidentemente, son discursividades muy diferentes. En el caso de Kirchner, aparece la propia agonía del político y había un pedido de ayuda. Y el modo en el que se expresa Cristina es muy completo. No tiene sobras. Es muy preciso e incluye el pedido de ayuda, pero como algo exterior. En el caso de Kirchner, la idea es que había una fragilidad interna del discurso y, por lo tanto del Gobierno, y que merecía y reclamaba ese apoyo.

—¿Kirchner pedía ayuda analógicamente y Cristina digitalmente?

—Bueno, prometo no tomar esta interesante articulación que ha hecho, pero se podría decir que sí. En un discurso de Plaza de Mayo, Cristina pidió ayuda y al mismo tiempo asumió la responsabilidad frente a los cuestionamientos de las formas populares de la política. Uno de los dilemas políticos más importantes de la Argentina es el de la definición de las responsabilidades que tiene el Gobierno: ¿hay un único responsable o hay responsabilidades derivadas, subordinadas, y hay una responsabilidad popular también? Esta distribución de responsabilidades está presente en el discurso de Cristina como una tensión. Por un lado, se hace responsable, y por el otro, pide ayuda. Es una contradicción y es interesante también.

—Por analógico me refería a la madre que abraza al hijo sin decir que lo quiere y por digital la que le dice que lo quiere pero no lo abraza. Llega más rápido el lenguaje analógico.

—El otro día estaba leyendo El origen de la lengua de Rousseau y dice exactamente eso, que el lenguaje debe descansar en la fuerza de los hechos analógicos. Y lo que está rondando en esta comparación creo que es un tema de discusión también en el Gobierno. Analógico y digital es: ¿lo decimos con las palabras y por lo tanto hacemos descansar la expresión política en la fuerza del discurso, o lo hacemos descansar en una serie de gestualidades?

—¿Kirchner con su fragilidad predisponía bien a la gente y Cristina, con su autosuficiencia, la predispone mal?

—Sin duda, esta situación que sufrió el país entre las fuerzas económicas originó una paralela discusión en el mundo de la expresión política. Y lo que está diciendo no revela sino el hecho de que hay que discutir cómo se organizan las expresiones políticas y cuál es la más persuasiva.

—Usted escribió que “el discurso de Kirchner es desprolijo como su saco”. ¿El de Cristina es prolijo como su tailleur? ¿La gente habla como se viste?

—Son dos estilos diferentes, indudablemente. Creo que también hay una fuerte presencia de este pensamiento fisonómico en los diarios y revistas de esta casa. Pero me da la impresión, sin restarle importancia, que no puede descansar sólo en esto la interpretación de un momento histórico.

—El pensamiento fisonómico no es sólo del diario y las revistas de esta casa sino también suyo. Fue Ud. quien se refirió a “el saco arrugado y gris de Ricardo Balbín como imagen y símbolo del político republicano y austero”; en 2003 dijo que “el menemismo fue vulgar en su lujo y torpe en su condición de excesivo”. Que “la austeridad de De la Rúa era pomposa y vacía”. Y que con su indumentaria desprolija “Kirchner la pegó”. ¿Qué mensaje transmite la indumentaria de Cristina?

—En primer lugar, considero valido el análisis de los estilos y de las formas estéticas que sostienen los estilos. Pero al mismo tiempo, creo que debemos evitar la estupidización de la política. Estas cosas las escribí después de pasar frente a un monumento de Balbín en el Congreso, en el cual el escultor logró plasmar arrugas. Por eso creo que esas eran fáciles interpretaciones. En el caso de Cristina, evidentemente, tiene una autorreflexión sobre su fisonómica, sobre su estilo y sus vestimentas.

—¿Y qué representa el estilo de indumentaria de Cristina?

—Cristina introduce elementos nuevos en esta serie. El caso es diferente porque remite a una raíz anterior, que es la idea de una figura que en su presentación pública acude a los patrones de cuidado y de belleza que tienen relación con un ajuar más ordenado.

—Y coincide con su discurso.

—Sí, siempre que no coloquemos las expresiones orden, prolijo y cuidado como parte de un pensamiento peyorativo. Hay una raíz vinculada a la historia del peronismo, a un tipo de indumentaria que ofrece un vínculo cierto con el Estado. En Cristina hay una aureola que tiene más que ver con la presencia austera pero ordenada del Estado. Y en el caso de su discurso, no sería justo decir que es solamente ordenado porque tiene recursos de la intelectual que, probablemente, sea un motivo por el cual en muchos sectores se la rechace. Cristina demasiadas veces es cuestionada porque tiene todas las inflexiones y tradiciones de la intelectual. Y esto complejiza la situación, porque muchas veces su indumentaria es vista como una decisión basada en una escasez de reflexión y su discurso es visto como un exceso de reflexión. Creo que ni la indumentaria está ajena a una idea de reflexión ni el discurso es solamente una idea de utilizar prolijamente el lenguaje, sino que es una heredera de quien probablemente haya sido una oradora de las asambleas estudiantiles. Lo interesante sería remitirnos al modelo indumentario de Evita, que tuvo una respuesta del peronismo, que no es la que yo daría, según la cual su enjoyamiento remitía a un fuerte deseo popular. Y esto remite a una fuerte discusión brasileña sobre las escuelas de samba y la vida popular enjoyada. Joasinho Trinta (N.d.R: el más célebre de los “carnavalescos”, el director de escuelas de samba de Río, ganador de 9 campeonatos, 5 vicecampeonatos) dijo: “Sólo a los intelectuales no les gusta el lujo, el pueblo adora el lujo”.

—La revista “Caras”.

—Bueno, sí…

—No sólo en Brasil, sino también en la Argentina.

—Sí, por eso estamos en un tema que va de lo profundo a lo superficial.

—A fines de 2001, sobre la crisis que se estaba sucediendo, dijo que “algo salió de su cuajo y nos arrastra a todos”. ¿Algo se salió de cuajo en el Gobierno durante la crisis con el campo?

—Eso define un poco nuestra situación política general siempre. En este caso se acentuó mucho porque apareció algo inesperado. Creo que todos estamos fuera de cuajo. No es preocupante bajo la idea de que los países se rehacen y fundan sus instituciones estando fuera de cuajo.

—¿Argentina tiende a estar fuera de cuajo?

—Sí. La Argentina tiene un modelo de lucha política de fuerte intensidad, mientras que Brasil es un océano donde los modelos de lucha política intensa estaban incluidos dentro de ese océano.

—En 2001 se preguntaba si llamar pueblo a los caceroleros y qué tipo de sujeto colectivo construían esas manifestaciones. Le hago la misma pregunta aplicada a las manifestaciones pro campo.

—Hay un discurso de De Angeli que me llamó mucho la atención. El profería la idea de que si en vez de llamar a la Plaza de Mayo a las personas que acudían con el sándwich provisto por el intendente del Conurbano decidieran las medidas que correspondían al campo no precisarían más pagarle a nadie, ya que las grandes masas pro campo se agruparían solas. Ahí sentí que estaba proponiendo el canje de un pueblo por otro. Había una fuerte interpretación sobre una forma del pueblo, que sería el que acude a cambio de algo, y el pueblo diáfano y digno en el altar de la república. Esto nos introduce en el debate de a qué debemos llamar pueblo argentino. Evidentemente, visto en estos términos, sería inviable la Argentina como Nación. En realidad, lo que estamos discutiendo es por qué las personas entran en acción. No es justa la interpretación de que hay un estímulo material grosero inmediato en la formación del pueblo que acude a la Plaza de Mayo y tampoco hay una transparencia en aquellos que acudieron al monumento a los españoles.

Sigue
—En 2001, usted alertó sobre “si el peligro de populismo no estaba acechando detrás de esa idea de pueblo” en la calle y que “un conjunto de políticos que controlasen la vida popular lo use como insumo de sus poderes vicarios”. ¿Cuándo “el pueblo” en la calle y el populismo son un peligro y cuándo no?

—No se puede dejar de invocar al pueblo porque es el respaldo último de la veracidad de lo que decimos. Ahora se debe saber dónde colocar en nuestro lenguaje la palabra “pueblo”.

—¿Pueblo son algunos y otros no lo son?

—Concibo al pueblo como una escisión. La política es una lucha por indicar la mayor veracidad de una representación popular y, por lo tanto, hay muchos sistemas de representación popular en cada momento histórico.

—¿Pero el pueblo podría ser una parte de la sociedad?

—El pueblo siempre es la apelación de una totalidad que nunca se presenta como tal. Yo respeto al populismo, no creo serlo, pero lo respeto en todas sus versiones. Sin embargo, el peronismo no fue populismo porque contuvo este problema de a qué llamamos pueblo. Y Perón creía que el pueblo se constituía mencionándolo en sus grandes jornadas oratorias. Pero si el pueblo es una acción de tipo retórica, debe tener la ambición de la totalidad y la certeza de que esa ambición nunca se logra… si no, no podría existir De Angeli, ni nuestro diálogo, ni las posiciones del Gobierno.

—En aquel texto hablaba de los excluidos de –textualmente– “la modernización o globalización”. ¿Modernización y globalización son sinónimos?

—Fue un error de cuando lo escribí. La modernización tiene que tener raíces sociales y en la justicia pública, ya sea desde la ley o desde la justicia cotidiana que se ejerce en las conversaciones. No rechazo el concepto, pero creo que lo moderno debe separarse de la globalización, que me parece un concepto que merece ser revisado, ya sea en sus efectos reales o como palabra.

—Dijo en 2001: “No creo, como dicen Toni Negri y otros, que a la globalización hay que oponerle una lucha globalizada”.


—No, porque imaginé que era necesario seguir creyendo en las naciones y lo sigo creyendo. No como totalidades cerradas, y mucho menos como rechazo a los planes de universalismo.

—¿Kirchner es lo que Negri llama “revolucionario realista”?

—Creo que no rechazaría ese concepto. Los importantes conceptos políticos son grandes paradojas. Muchas veces se piensa que la paradoja puede obstaculizar un pensamiento, pero yo las prefiero porque la paradoja es la escuela del político.

—¿Coincide con Negri sobre que hoy “los Estados Unidos no constituyen –e, incluso, ningún Estado-Nación puede hoy constituir– el centro de un proyecto imperialista”?

—Justamente como efecto de la idea de que hace desaparecer las unidades nacionales y las culturas nacionales históricas, como es la propia expresión de los Estados Unidos, yo no la quiero sacar de mi lenguaje como una fuerte alusión a esa cultura nacional histórica con su derivación universalista que, en este caso, tiene forma de imperialismo.

—En su visita a la Argentina, Chávez dijo que “Estados Unidos tienen periódicos argentinos que maneja desde Washington” y junto a “las oligarquías que tienen televisoras poderosas” conforman la “máquina cultural del imperio”. ¿El imperio es Estados Unidos como dice Chávez o no hay, según Toni Negri, ninguna nación que sea imperio?

—Chávez usa un lenguaje que ha sido creado en gran medida por Chávez, y que tiene elementos de Toni Negri, de la vieja teoría del imperialismo y de la vieja teoría de la dependencia de Fernando Henrique Cardoso. A Chávez no es fácil definirlo porque es un personaje de la política mundial hecho por el petróleo, el ejército venezolano, la memoria popular latinoamericana, las movilizaciones sociales caraqueñas, las lecturas de Simón Rodríguez, Bolívar y el bolero o la salsa.

—¿Es anacrónico considerar a Estados Unidos el imperio?

—No. Quiero aclarar que el modo en el que se forjó la teoría del imperialismo en el siglo XX, desde los laboristas ingleses hasta Lenin y Rosa Luxemburgo, me parece que hoy es la teoría más interesante, la de los modos de colapsos de las economías mundiales. Me da la impresión de que el modo cambiante al que nos impulsan a hablar las bibliografías dominantes a mí a veces me obliga a usar la palabra “imperialismo” en algunos casos, y la palabra “imperio” en otros.

—¿Y cuando la utiliza, se refiere a los Estados Unidos?

—Sí, porque tengo una vocación historicista que me parece imprescindible para el entendimiento contemporáneo.

—Dijo que “el gobierno argentino debe encontrar una inspiración metafórica que no sea la apelación bolivariana ni la comunicación sentimental y popular que propone Chávez. Hay que crear otra, equivalente pero con los elementos de la historia argentina”. ¿Cómo sería esa inspiración metafórica?

—Me gustaría algo que quizás no tenga la plenitud que tiene el bolivarismo. No podemos tomar eso porque con Bolívar hay un problema en la historia argentina que es el problema con San Martín. La idea de mito debe aceptar distintas tradiciones y articularlas. Creo que las del peronismo son unas, las del radicalismo son otras y las de la tradición socialista y liberal son otras. Este magno propósito no debe ser totalista y no debe invitar a la creación de un conductor de ideologías. Debe ser una tarea democrática y hasta de índole parlamentaria.

—Sobre Kirchner escribió: “Ojo entrecerrado para afinar la puntería verbal, sus actos tenían el sello de la interesante soledad del hombre justo”. ¿No cree que quienes elogian desmedidamente, en lugar de hacerle un favor al elogiado, al empalagar su ego se le reducen los necesarios sensores del temor frente al error?

—El aspecto que tiene esta amable conversación es que me recuerda frases que escribí en una dirección, y parecería un apologista banal, y yo no soy eso.

—No encontré críticas.

—No, pero puestas todas juntas me colocan en una situación incómoda, porque no soy un apologista. Lo que quise fue dar cuenta de qué manera se construyen los símbolos de la política. Pero no es una apología, sino que intenté recrear un fervor cívico.

—Le leo otro fragmento:

“Las nuevas derechas acechan, los vanos conspiradores de tabernáculo se han recobrado, los agoreros pontifican, los impenitentes del golpismo secreto actúan, los comunicadores viscosos se refocilan, los sibilinos escribas mantienen sus conocidos retintines, los republicanistas de manual se envanidecen, los políticos de libreto fijo se frotan las manos, las máscaras de seriedad se compran en el supermercado, los neoliberales trabajan ansiosos para que la economía del país caiga de nuevo en sus manos, los académicos de la derecha no vacilan en hablar como la izquierda con tal de poner obstáculos elegantes para que trastabille una oportunidad cierta, este trémulo kairos de los actuales tiempos argentinos. ¿Por qué un hombre de su edad utiliza un lenguaje tan barroco: “conspiradores de tabernáculo”, “impenitentes del golpismo”, “comunicadores viscosos” que “se refocilan”, “sibilinos escribas”, “trémulo Kairos”?

—No me parece mal. Por supuesto que he sufrido mucho alrededor del barroquismo. Claro que estos pueden tomarse como amaneramientos. Acepto críticas, pero todo eso lo sostengo totalmente.

—¿Le dolió cuando intelectuales como Hilda Sabato y Beatriz Sarlo manifestaron su preocupación sobre la suerte de la Biblioteca Nacional por la salida de su subdirector, Horacio Tarcus?


—Sí, pero lo más interesante es el debate que sigue. Las bibliotecas nacionales tienen siempre ese debate –la Biblioteca Nacional de España lo acaba de atravesar– y en su seno está el debate de toda la sociedad, es decir, modernización con raíces en la práctica bibliotecaria real, y qué clase de complejo cultural es una institución como la Biblioteca Nacional, que, en muchos casos, son anteriores a los Estados, provienen de la monarquía y, probablemente, sobrevivan a los Estados también.

—En su defensa pido no ser alarmista, ¿somos alarmistas?

—La discusión argentina actual parece hecha al borde del abismo.

—¿Kirchner ha sido el mayor cultor y, hasta antes de la crisis del campo, quien más provecho obtuvo de ese estilo alarmista?

—El estilo de Kirchner es sobresaltado e inquieto, y deberíamos buscarle una raíz, quizás en las asambleas universitarias de La Plata. Tiene en su vehemencia permanente una práctica que lleva a la toma de partido.

—Le leí usar como ejemplo de otras crisis argentinas la tragedia de Filoctetes, el arquero griego despojado de su arco y flecha.
¿Cobos dejó a Kirchner despojado como Filoctetes?

—Le hace bien al hombre político sentirse despojado de sus instrumentos en algún momento. Se puede decir que no estaría mal que eso ocurra en los mejores niveles de reflexión con los hombres principales del Gobierno.

—Filoctetes quedó sin su arco y flechas envenenadas camino a Troya cuando una serpiente picó su pie y lo dejaron en la isla de Lemnos. Pero cuando un oráculo anunció que los griegos no podrían tomar Troya sin sus flechas, los griegos fueron a Lemnos a buscar a Filoctetes, sanaron su herida, volvió a la batalla y mató a Paris. ¿Lo ve a Kirchner volviendo como Filoctetes?

—Ese flechazo es indispensable generarlo colectivamente. Y su pregunta la puedo responder sólo con un deseo: que haya esa flecha colectiva y que robustezca esa sabiduría de la que todos disponemos.

—Si Cobos fue la serpiente que mordió a Filoctetes, ¿es para Ud. un traidor?

—Diría que si la tratamos de una manera exhaustiva y apelamos a los grandes relatos sobre la traición, evidentemente no está mal tratarlo así. Pero al mismo tiempo, la palabra gorila, o la palabra traición en este caso, sería un excedente innecesario.

—En la misma línea, ¿Duhalde fue un traicionado?

—Evidentemente, la relación que se creó entre Kirchner y Duhalde no fue ni es hoy de lo más fácil, porque Kirchner no podía dejar de hacer lo que hizo y, al mismo tiempo, no hacerlo implicaba dirigir la gran fecha de Filoctetes contra el gran elector de su candidatura.

—¿Fue inevitable?

—No. Pero el hombre político, en algún momento, se debe dar esa situación. Ignoro si a Kirchner le gustó hacer lo que hizo con Duhalde, que fue…

—Un parricidio…

—Si quiere decir parricidio, está bien.

—Distintas encuestas dan que Cristina Kirchner tiene una imagen negativa alta, aun la más benévola indica una ruptura con la sociedad muy difícil de reparar. ¿Cómo ve los próximos tres años del Gobierno?

—Con fuertes esfuerzos reparatorios. La Argentina está patas para arriba porque todos sus elementos de medición están en discusión: las encuestas, el rating, el lenguaje político. La Argentina vive un momento de fuerte excepcionalidad, que debe ser seguido por uno de fuerte prudencia. En ese sentido, el tramo futuro inmediato no puede ser otro que la reconstitución de los sistemas de creencia social y pública.

—¿Cómo pudo perder tanto capital político en poco tiempo?

—La idea de capital la veo en relación al colapso. El colapso es una categoría interna del capital político. Evidentemente, lo que ocurrió es excepcional. No tengo una explicación fácil.

—¿Hubo un gen errado en este mandato? ¿No se presta un matrimonio presidencial a todo tipo de especulaciones?

—No daría tanta amplitud al conjunto de la historia de la civilización, en la que sin duda encontraríamos infinitos ejemplos.

—Hay sólo tres: Nefertitis en el antiguo Egipto, y los últimos jefes de Estado comunistas de Alemania Oriental y Rumania, Honecker y Ceausescu.


—Todo lo que está ocurriendo en la Argentina conduce a ver esta excepcionalidad como algo inconveniente. No es mi opinión, pero creo que sí es el debate. Mi idea es que en esa excepcionalidad hay que buscar un modo posible, con el respaldo de lo que ya produjo la historia argentina, de robustecer las instituciones .

—¿Cómo interpreta la permanencia de Moreno?

—Hay una tradición que viene de la propia historia del peronismo en relación a lo que el peronismo llamó el “conductor”, que se responsabiliza relativamente de las fallas, errores o acciones, cualesquiera que sean, de las personas que forman parte del cuadro de gobierno. En la conferencia de prensa de Olivos, Cristina anunció una doctrina que se aparta notoriamente de la idea del conductor que tiene un grado de responsabilidad relativa en relación a que las figuras son intercambiables y se salva la figura central de este sistema. Evidentemente, Cristina ha respondido con la idea...

—¿Distinta de Kirchner?

—Distinta de la tradición del conductor, cuya responsabilidad se construye con la libertad de juzgar en todo momento responsabilidades parciales que pueden ser desplazadas o sustituidas sin afectar la responsabilidad general. No es lo que ha dicho Cristina al defender a Moreno.

—Se precisan fusibles.

—La política en general se construye de ese modo.

—En su último libro dijo que “Perón mandaba palabras a la lucha”. ¿Cuáles fueron las palabras de lucha de Kirchner?

—Perón es hijo de las grandes retóricas, tomada de las grandes escuelas donde se verificó su formación, que son las escuelas militares, y que son todas escuelas de retórica, mucho más que la universidad.

—¿Qué palabras Kirchner “mandó a la lucha”?

—En este momento de la Argentina las palabras que están en la lucha son nombres de funcionarios, nombres de instituciones. El país tiene todos sus funcionarios en la lucha. Son parte de las tensiones políticas inmediatas.

INDEC y Moreno serían palabras de lucha de la oposición.

—Sí, y que el Gobierno toma como tales y las revierte.

—¿Y cuáles son las que el Gobierno manda a la lucha?


—En el caso de Cristina, son parte de un armazón conceptual donde aparecen las revisaciones de un país en progreso: gasoducto, la inauguración de obras. Hay una hipótesis modernizadora que se manda a la lucha.

—¿Podría explicarnos su tesis sobre que el liberalismo sustrae? Según el diccionario substraer viene de extraer; es apartar, separar, hurtar, robar y también restar la diferencia entre dos cantidades. ¿A cuál de esos significados se refería?

—Esta sustracción a la que aludí hace del liberalismo un tipo de pensamiento de problema por problema, meticulosidad, retiro total de los supuestos, el metalenguaje... Todo lo que hace del lenguaje la composición difusa y opaca que realmente reconocemos en el lenguaje.

—¿El liberalismo es sustractivo en el lenguaje?

—Un lenguaje que lleva al despojamiento de todo aquello que no pertenezca a la argumentación elaborada. Esto es un elogio, pero al mismo tiempo quise decir que yo no pienso así. Para actuar en la historia argentina hay que estar alerta respecto de este tema. Saber no pensar así y, al mismo tiempo, respetar al que piensa así.

—En medio del conflicto con el campo dijo que “De Angeli y Bussi son los personajes obtusos de esta escena política, son los patanes, los soeces”. ¿Es así?

—Llamaría obtuso a alguien que no tiene una capacidad primera de pensar en su propia situación. Seguiría sosteniendo eso de Bussi y de De Angeli. De Angeli tiene un fuerte atractivo, porque es alguien incapacitado de pensar en su propia situación. No lo digo con menosprecio, pero digo que hay ciertos personajes que tienen absoluta convicción por lo que hacen, y por el tipo de lenguaje que utilizan tienen un fortísimo encanto que se ha revelado con los medios de comunicación. La fuerte atracción de De Angeli no me gusta. Lo estoy situando en la tradición intelectual a la que pertenezco, que es la tradición popular romántica. No lo considero asimismo en Bussi, que utiliza un lenguaje culpable. Hay una fuerte autoculpabilidad cuando está presente la contradicción entre el tipo de alianza que protagoniza y el modo en que tiene que explicar que aún así apoya a Morales. Lo de “patán” póngamelo en la cuenta de mi propia incapacidad de autorreflexión sobre lo que digo. Me mostré fuera de la autorreflexión que recomiendo. Traidor a mi propio estilo.

—También dijo que “la sociedad argentina arma y desarma su escena al breve compás de una programación televisiva errática y salvaje de un día” y que la TV es “una especie de bólido que no se sabe muy bien qué dice, qué escucha y hacia dónde va” y que “masacra el idioma social y político de Argentina”. ¿Tan importante fue el papel de la TV en la crisis del campo?

—Quizás lo he descrito con un exceso de énfasis, pero me parece que sí. Nadie sabe muy bien qué hace la televisión. Es la peculiaridad de esta discusión específica, de la cual tendrá que salir una sabiduría nueva en relación al uso de los medios de comunicación. El modo en que se habla en la televisión es haber unificado en un único plano el lenguaje en un momento de máxima pobreza.

—Ese “lenguaje de la injuria”, ¿no fue el propio Néstor Kirchner el máximo cultor?

—No, ¿a quién injurió?

—Le pongo un solo ejemplo: agarrarse los testículos al lado del ex presidente.

—A mí me sorprendió esa escena. No la juzgué de manera negativa. No son gestos que formen parte de mi elenco de gestos, pero me da la impresión de que...

—Otro: defender a un funcionario como Moreno, cuyo estilo es la injuria permanentemente.

—También hay un sistema de indagación de los medios de comunicación que capturan gestos, que lleva a que haya sido captado ése, y muchos otros gestos, y forman parte del modo en el que se construyen las imágenes contemporáneas, de fuerte captura de gestos que antes no formaban parte de la discusión. Llegar al punto de elocuencia máxima, al estilo de Jean Jacques Rousseau, como tocarse los testículos, se puede explicar de muchas maneras.

—Creativa su apelación a Rousseau para los tésticulos.

—Sí, pero muchos medios de comunicación abrieron una compuerta inesperada que es una expresión anónima, fuertemente injuriante, con letras mayúsculas, de modo tal de usar el lenguaje como un sistema inherente a la agresión. Termina el artículo y aparece una larga discusión que forma parte de un campo cloacal.

—Esos son los comentarios en Internet. Cuando dijo que los blogs no tenían futuro...

—No sólo puse equivocadamente la palabra blog y por la titulación de Ñ en este caso, parece que estoy en contra de los blogs. No estoy en contra, estoy haciendo una fuerte observación crítica al modo en que ciertas tecnologías permiten el uso de este tipo de lenguaje en términos dominantes.

—Un blogero escribió que “José Pablo Feinmann es a Horacio González lo que el insípido flato es al rimbombante sorete”. También tiene su hinchada digital.

—Si el mundo se juzgara por categorías escatológicas de esa índole, puede ser. Pero ese pensamiento me parece inaceptable por la forma y por el contenido.

—En un artículo en “Página/12” sobre los medios y el campo mencionó a “Fenomenología del espíritu de Hegel”. Si las retenciones móviles hubieran sido la tesis y la respuesta del campo la antítesis, ¿cuál sería la síntesis?

—Diría que lo que está ocurriendo ahora, complejo y problemático para todos, y para el Gobierno mucho.

—¿Massa sería la síntesis?

—Sí. Muchas veces estas aperturas, estos reconocimientos de la dificultad, aunque no tienen ese título, son atendidos por figuras conceptuales, que tienen que ver con las propuestas del sentido común.

—Uno de sus libros se titula “Retórica y locura”. ¿Hay locura en la retórica kirchnerista?

—Muchas de las figuras de la oposición están señalando que hay locura en el Gobierno, y me parece sumamente inadecuado, es llevar la discusión a un plano de total ilegitimidad, y por lo tanto abre la compuerta a las peores experiencias políticas. ¿Dónde hay locura? La locura era la palabra que se usaba para señalar los nudos irresueltos de una sociedad. En ese sentido se puede usar. Pero la psiquiatrización de la política argentina es un arma de muy baja estirpe.

—¿Ud. no percibe locura?

—Si me lo pone en esos términos tan tajantes, no. Decir locura hoy, en términos de la primera escena política de las figuras centrales de un gobierno...

—... es destituyente. Esa es otra de sus palabras.

—No, no proviene de mí, sino del medio universitario que resolvió un vacío en la discusión política que había, porque no había un golpe, pero había procesos parecidos. Esa semejanza remota tenía que ser cuidada con alguna palabra. Decir locura es la semejanza, aunque lejana, con un golpe.

—Carta Abierta dijo textualmente: “Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo”.


—Es un producir de otra índole, no de manera clásica, con avance de la fusilería. Sería una política tal como se hace actualmente en todo el mundo.

—Pero eso no es golpista, es democracia.


Es un tipo de democracia profundamente inestable. Bolivia es un extremo.

—¿El golpismo no implica rotura del orden jurídico y constitucional?

—Ciertos usos del tipo de manifestación que hubo por parte de la protesta agropecuaria se salían de los cauces constitucionales y legales. La pulsión que tenían esos gestos excedía en mucho el modo en que eran designados. Lo mismo que en Bolivia: la designación de autonomía, de federalismo, del necesario reconocimiento de la coparticipación federal. Todos esos temas, con los que concuerdo plenamente, con el uso al que eran sometidos, era el dislocamiento del lenguaje hacia otro lado, el de lo impensable, y toda la manifestación del campo estuvo del lado de lo impensable. creo que toda la manifestación del campo estuvo del lado de lo impensable. Por lo tanto había un cierto golpismo. Y lo llevo a otro texto, al 18 Brumario...

—La tragedia se repite como farsa.

—Sí, caricaturesco. Si ve ciertos programas de televisión, el modo conversacional de la Argentina tiene eso de golpismo, sin que se afecte quizás las instituciones del andamiaje legal. Pero lo que se está afectando es algo difícil de describir, tiene ese dramatismo de los límites que podríamos atender con la categoría de golpismo, pero es un golpismo vacío, sin sujeto golpista. Eso no lo hace menos interesante, pero cuando el interés que uno puede sentir condice con el riesgo al que se llevó al país, debemos cesar incluso de charlar de esta manera.

—Pareciera ser, por los resultados, que fue para mejor.


—Puede ser la paradoja de Cobos, por supuesto.

—¿Cobos es más inteligente de lo que se suponía?

—No, porque esa frase de Kirchner de “un hombre simple en circunstancias complejas”
es también una definición de eso. Era un único hombre con un único bote. En cualquier sentido generaba situaciones inesperadas. Esta que generó fue una cierta ontología del alivio, evidentemente. Pero eso no quiere decir que no haya proyectado para un futuro próximo todos los problemas.

—¿Qué mensaje emite al ir al teatro a ver a Midachi mientras Cristina visita su provincia?

—Cualquier político argentino de cualquier nivel sabe que ir al teatro se convierte en un emisor de signos. Que a un toro se lo haya llamado Cleto lo pensó como algo que lo beneficiaba.

—En Carta Abierta se responsabilizó a los medios por “la gestación permanente de mensajes conformadores de una conciencia colectiva reactiva. Privatizan las conciencias con un sentido común ciego, iletrado, impresionista, inmediatista, parcial. Alimentan una opinión pública de perfil antipolítica, desacreditadora de un Estado democráticamente interventor”. ¿Usted personalmente piensa así?

—Soy fiel a los documentos de Carta Abierta como surge implícita a esta conversación. En gran medida, los medios de comunicación reclaman un tipo de aceptación de un conjunto de valores que tienden hacia lo acrítico.

—¿PERFIL también?

—PERFIL se basa en un tipo de observación...


—¿... “Iletrada, inmediatista, antipolítica”?

—El resultado del conjunto de los medios de comunicación puede ser que resuelva la cuestión de la verdad con una comunidad de espectadores acríticos.

—En el caso de PERFIL, le preguntaba.

—No es destituyente ni golpista. Pero me parece que tiene la idea de que siempre se produce un escándalo..

—¿Tan épico como Kirchner?

—De alguna manera, sí. Al entrar acá, están los ojos de Cabezas. De ahí la fuerte propensión alegórica que tiene PERFIL, que creo que lleva a conclusiones equivocadas y, al mismo tiempo, utiliza los grandes recursos de la retórica. El hecho en un policial negro es un crimen privado, acá se buscan los crímenes públicos y se los coloca como un obstáculo a ser investigado, con riesgos, porque obstaculiza al capitalismo que define en sus preguntas.

—Usando sus ejemplos, como decía Ramos Mejía de Yrigoyen, para quien la política es en su espíritu una viva atracción de inevitable magnetismo, ¿eso es para PERFIL el periodismo?

—Sí, en el sentido de que se basa en la idea de escándalo, y no lo digo peyorativamente. Está lo destituyente ahí, porque toda la realidad tiene una potencialidad de escándalo interna, y el periodismo en PERFIL se propone para juzgar de una manera o de otra aquello que debe ser reservado a la picota o no.

—Cuando estalló el Valijagate, Luis D’Elía explicó en este mismo reportaje que se trataba de una operación de prensa organizada por grupos de medios de Venezuela y la Argentina financiados por la CIA. Le pregunté varias veces los nombres y se negó a hacerlo. Le dije que se cuidara de los fantasmas porque en los varios años que llevo en esta profesión nunca nadie de la CIA o el gobierno norteamericano había intentado financiarnos. “Ustedes no son”, me respondió. Ahora, tras la crisis con el campo, acusó al diario PERFIL de estar financiado por la CIA. ¿No cree que hay paranoia mediática en los simpatizantes del Gobierno?

—Tengo un gran aprecio por D’Elía. En el caso de estas opiniones, yo no lo diría así. Porque significaría colocar en términos de absoluto realismo el pensamiento de una conspiración.

—¿Hubo un cambio en la actitud del Gobierno con los medios a partir de la asunción de Massa como Jefe de Gabinete?

—El mismo que observo en relación al hecho de que es un Gobierno que extrae lecciones de la realidad. Pero no podría haber otro tipo de gobierno en la Argentina. Ese sería un gobierno que cae al otro día
.

—¿Fue un error no haber hecho conferencias de prensa los cinco años anteriores?

—No le atribuyo tanta importancia. A mí me gustan, como esta charla, que tiene un tono desafiante, que obliga a pensar la realidad. Pero al mismo tiempo, no puedo decir que no estando eso se desploman todos los demás aspectos. Sería bueno que esto siga, porque airea la escena política.

—¿Qué sucederá con la nueva ley de radiodifusión?

—Espero que haya un gran debate parlamentario
y que produzca lo que toda ley debe producir, que las cosas tengan tratos y relaciones más productivas. Hay sin duda un gran tema a discutir: la estructura jurídica de los medios de comunicación en relación a la monopolización de la palabra pública. Creo que la ley argentina debe ser tan prudente que limite la monopolización y, al mismo tiempo, recoja la gran tradición histórica cultural de los medios.

—¿“Clarín” miente?

—Esa consigna surgida de un modo de lucha inmediatista no me gusta. Clarín es un tema, y necesitamos un marco adecuado para tratarlo. Su redacción actual está formada en múltiples experiencias políticas, yo diría de todos los fracasos políticos argentinos: el desarrollismo, las ideas de los 70 también. Escribe con todos los síntomas del escepticismo y del fracaso argentino de hace más de un siglo. Ni Clarín sabe demasiado, porque sale medio espontáneamente, y además están los intereses complejos insertos en el sistema Clarín. Tiene un equipo de redacción muy heterogéneo y forma parte de un sistema irónico de la Argentina, habilidoso para la crítica y para las operaciones políticas y muy poco interesado en participar en el gran debate de ideas de la Argentina. No quiero decir que el tema de la mentira y la verdad no haya que tratarlo, pero no de esa manera.

—¿Hay alguna contradicción ideológica en el hecho de que los medios de Daniel Hadad sean los preferidos del Gobierno?

—Sí, hay una contradicción ideológica. A mí no me gustan, hablen a favor o en contra. Están regidos por algo de carácter soez y absolutamente prejuicioso, y con un reborde racista también. Esto puede hablar bien o mal del Gobierno, y es un tema también al que deberíamos destinar muchas horas de charla.

—¿No le gustó el “Bombita Rodríguez” de Capusotto?

—Me gustó. Quise decir que es un personaje de riesgo muy interesante, porque utiliza todos los restos del lenguaje argentino, un poco como Clarín, pero en broma. Nos hace tener piedad de nosotros mismos. ¿Por qué me río de eso? Por ahí me tendría que enojar, pero me río porque es una forma de reconciliarnos con nosotros mismos a través de un gran comediante como es Capusotto.

—La publicidad de la provincia de Buenos Aires es “la provincia”, idéntico al de Radio 10, que es “la radio”, y el ministro de Salud bonaerense era el columnista de medicina de los medios de Hadad. Tinelli fue contratado por Scioli para una de las campañas de la provincia. ¿Cree que Scioli se acerca a personas con poder mediático porque confunde política con comunicación?

—No es conveniente esa confusión, así como no me parece conveniente la frase “comunicamos mal”. El mundo comunicacional tiene leyes propias, pero ese tipo de traslación no me parece interesante. Relatada por usted, es, punto a punto, un sistema de transferencia de cierto estilo televisivo con cierto estilo de gobierno.

—Por último, su esposa, Liliana Herrero, filósofa y entre 1990 y 1994 directora de la carrera de Filosofía de la Facultad de Humanidades, es también folclorista. ¿Coincide con Mercedes Sosa en que su esposa será su sucesora?

—Lo dijo en una entrevista. Mercedes Sosa tiene un gran cariño por Liliana. No me parece que sea necesario utilizar ese tipo de expresión que provino de una entrevista periodística. Liliana tiene un enorme respeto por Mercedes Sosa.

—¿Hay algo que quiera decir que no le haya preguntado?

—No. Vine preparado, pero tampoco pensé que iba a ser fácil. Y espero que hayamos tenido una conversación que abra distintos tipos de discusión.

Por: Marcelo Birmajer / Juan Sasturain.

Los libros, la política y la aventura
Periodista, narrador, guionista y poeta, Sasturain ha logrado últimamente concitar audiencia para un programa nocturno sobre libros. Lo conduce con amenidad y es un éxito. Aquí, el autor del guión de Perramus y de novelas y relatos, habla con el también escritor Marcelo Birmajer sobre géneros literarios, historietas, los años 60, el peronismo.

Fotos Videos VER PARA LEER. Entrevistador y entrevistado hacen buenas migas en un restaurant italiano, en uno de los programas del ciclo televisivo conducido por Sasturain.








Sasturain Básico
Gonzáles Chaves, 1945. Escritor y periodista

Ensayista, periodista, profesor de literatura, guionista, narrador y poeta, Sasturain colaboró profusamente con los diarios Clarín y La Opinión y trabajó en Humor y Superhumor. En 1981, con el dibujante Alberto Breccia, creó la historieta Perramus. Dirigió la revista de historietas Fierro entre 1984 y 1994. Volvió a dirigirla cuando se relanzó en 2006. Como narrador, ha publicado entre otras las novelas Manual de perdedores (I y II), Arena en los zapatos, Parecido S.A., Los dedos de Walt Disney, Los sentidos del agua, Brooklin & Medio y La lucha continúa y los relatos de Zenitram y La mujer ducha. Ha escrito dos libros de crónicas y reflexiones sobre fútbol y el libro de poesía Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión". Conduce en TV el ciclo Ver para leer, que ganó un premio Clarín Espectáculos este año.









SASTURAIN recorre en una charla amable, pero sin vueltas, libros, política y aventuras literarias.



La primera vez que vi a Sasturain, él estaba jugando al fútbol. Esto no tendría nada de particular, de no ser porque se desplazaba en una silla giratoria. Y tampoco sería especialmente recordable si no agregara que el partido sucedía en una redacción, con una pelota de papel. La revista era Fierro y Sasturain era el director. Yo llegaba con una nota escrita a máquina, arrugada, literalmente hecha un bollo. Probablemente la pelota de papel fuera más prolija que mi nota. Pero de algún modo aquella fue la primera vez que me pagaron por un artículo. Era el invierno de 1986. Maradona en su mejor momento. La Argentina, al borde de abandonar uno de sus mejores momentos. Trabajar en Fierro era acceder a la cornisa más divertida de la cultura. Allí se reunían figuras nuevas como los dibujantes Tati y Podetti. Pablo De Santis acababa de ganar el premio al mejor guión; Juan Pablo Gonzalez –Max Cachimba– al mejor dibujo. Y las plumas más importantes de la historieta y el humor: Altuna, Trillo, Nine, Fontanarrosa, Limura, por sólo mencionar algunos. Juan Manuel Lima llevaba el arte de la revista. Todo sucedía dentro de La Urraca, la inolvidable editorial de Andrés Cascioli.




La revista era una idea de Sasturain, y parecía, también, una puesta en escena de su imaginería: coincidían en esa redacción verdaderos eruditos del policial y monjes de la cinefilia, como Angel Faretta; devotos de la poesía y fanáticos seriales de la ciencia ficción. Ricardo Barreiro, por ejemplo, que nos dejó hace ya unos años, guionista de El Instituto , dibujada por Solano López, solía comentarme que si en el futuro le ofrecían implantarse neuronas artificiales, no pensaba negarse. Sospecho que Barreiro, como tantos otros que fatigaron aquella pequeña oficina con vista a la calle Venezuela –no obstante parecía una casona infinita, que nunca sería tomada–, continuaría hoy tan adelantado a su tiempo como entonces. Como dice Rod Stewart: cuando nosotros éramos los chicos nuevos. El propio Sasturain se acaba de aparecer por la televisión y ya lleva dos temporadas de Ver para leer, sorprendiendo a los espectadores; hace unas cosas rarísimas con ese tema tan frágil y difícil, la literatura.

No he vuelto a visitar una redacción donde se respirara más diversidad, exotismo y libertad. Pero sí visito, 22 años después, la casa de Sasturain en la calle Defensa: el domicilio de la aventura.



El tiempo ha pasado de dos modos muy distintos por Sasturain y por mí. Como si dos pasajeros, en un mismo tren, viajaran en dos direcciones distintas. Sasturain está igual: el mismo tipo de calvicie, la misma cara, la misma forma de hablar. Yo en cambio, como dice la canción mexicana, tengo el pelo completamente blanco. Me cuesta recordar nombres. Y escupo cuando hablo.

La casa de Sasturain tiene algo de aquella redacción de Fierro: no sólo porque está en el mismo barrio. En medio de la mesa, junto al mate, hay un diccionario bíblico; dentro del libro, a modo de señalador, la cubierta de un DVD de Los 39 escalones, de Hitchcock. Por cualquier parte sigue apareciendo Borges, a quien Sasturain me aconsejó leer cuando yo todavía era más ciego que el Maestro. Incunables de Goodis, Jim Thompson, otros logros docentes de Sasturain. Y Salinger, Hammet, Chandler... Creo que de mi fondo literario, los únicos tres que no me recomendó Sasturain son Bashevis Singer, Somerset Maugham y Lion Feuchtwanger. Justo cuando llego a su casa vengo releyendo El agente secreto, de Maugham, y como es de los pocos de los que puedo hablar de igual a igual con él –porque, sin habérmelo presentado, sé que compartimos la afición–, le comento:

Graham Greene le robó dos ideas a Maugham. Una es la idea de El fin de la aventura , una de las mejores novelas de Greene (la mejor, para mí, sigue siendo El americano impasible ). En Una hora antes del amanecer, la novela de Maugham, un personaje femenino le ofrece a Dios dejar de ver a su amante a cambio de que lo conserve con vida. La Sarah de El fin de la aventura hace lo mismo. La otra la sacó Greene de El agente secreto : en el cuento llamado "Gustavo", el personaje escribe falsos informes de espionaje; igual que en Nuestro hombre en La Habana, de Greene. Y para colmo, Greene se permite escribir un ensayo perdonándole la vida a Maugham, diciendo que sí, que es un buen contador de historias, pero que escribe en un lenguaje convencional.

–No debe haber sido fácil escribir ni siquiera esas tibias palabras a favor de Maugham, en ese momento –me corrige Sasturain–. Lo que queda es que lo defendió en un momento en que todos lo atacaban. Y la verdad es que a Maugham lo atacaron durante toda su vida como escritor.

Desde aquel 1986, y hasta ahora, siempre te veo señalando lo que no está en el escaparate, ya sea un libro, un guión o una película. De hecho, tu programa en televisión está hecho de tal modo que siempre parece algo casual; nunca una consagración de nada.

Las recuperaciones dependen, entre comillas, de las coyunturas y de las olas literarias. Hay cosas que se ponen de moda en un determinado momento... Lo importante a veces es cierta lectura que no necesariamente corresponde a la época. Puntualmente, en la crítica de libros, no creo haber sido demasiado heterodoxo, solamente en algún momento. Pero sí me gusta recordar que durante el año 81, por ejemplo, escribí para un medio atípico como era la revista Humor, sobre toda la literatura argentina que se publicó ese año. Haber acompañado Respiración artificial , de Piglia; o Maldición eterna a quien lea estás páginas, de Puig, por recordar sólo dos, bueno, no está mal.

Yo creo que en tu caso hay una paradoja. Por un lado, trabajas con géneros considerados marginales: la historieta, el policial, el western. Pero vos, en lo personal, nunca tenés una actitud juvenil o transgresora. Sos lo que yo definiría como una persona normal. Ni siquiera fuiste de izquierda.

No, porque fui peronista siempre, por mi viejo, por la historia de mi familia. Además, cuando era pendejo, en mi primera adolescencia fui católico ferviente, es decir que tengo un camino distinto que otros. Cuando otros agarraban la bandera de la militancia, yo agarré la bandera de la militancia espiritual, digamos. La época de la búsqueda de absoluto... pero también pasé por la protoguerrilla.


¿Por la protoguerrilla?... ¿Por Montoneros?

No, proto... Las Far.
¿Cuánto te duró eso?

Un año y medio largo. Desde el 69 hasta el 71. Sobre todo por el contacto con un hombre excepcional: Carlitos Olmedo. Jugábamos al fútbol en la facultad, él me reclutó.

¿Y por qué te vas?

No sé, eso no lo sé, pero no era para mí. Podía reconocer la justicia de la causa, podía entender las razones por las cuales había entrado, pero también sentía las razones personales. En la adolescencia, fue abrazar el cristianismo como una forma de solución mágica a todas las cuestiones... una casa donde encontrás todas las respuestas. Entonces vivo tranquilamente a los 14, 15 años, que tenés un flor de quilombo. Si le tenés mucho temor a los cambios o a hacerte las grandes preguntas, encontrás una buena receta y te metés ahí. De algún modo la militancia revolucionaria te contestaba... y le daba sentido a tu vida. Pero en algún momento me di cuenta de que había algo que podía ser válido para muchos, pero no lo era para mí. Llamalo una cuestión de piel. Yo seguí militando pero no allí.

Aparece Diego, el hijo mayor de Sasturain, al que conozco desde que era más bajo que yo. Ahora creo que me lleva una cabeza. También es novelista. El hijo del medio, Tuto, vive en Barcelona y se dedica al tatoo. Lola, la hija menor, quiere estudiar cine. Nos retiramos de este breve capítulo de la vida de Sasturain.

¿Y es esa búsqueda de absoluto lo que te lleva a buscar estos géneros marginales, poco reconocidos; como si la verdad no pudiera estar expuesta?

Hay dos cosas distintas. Una es la validación de las experiencias personales, que tiene que ver con aquellas cosas que te han hecho feliz, aquellas cosas que te llenaron el alma. Y a mí me pasó con ciertas cosas que reivindico siempre como fundantes. Una puede ser la práctica del fútbol; otra puede ser la lectura de formación, que en mi caso, que es un caso generacional, tuvo que ver con la lectura de cierto tipo de aventuras. Las aventuras pasaban por la historieta y la reivindicación de la historieta viene por ahí. Es la aventura como lugar existencial, como el lugar de las preguntas por el sentido. La aventura es la situación límite en que te jugás no la vida, sino el sentido de tu vida.

Y para vos, el fundador de la aventura es Oesterheld.

Mi reencuentro con [Héctor] Oesterheld, no con él personalmente, sino con su nombre, es de algún modo una parábola. Tené en cuenta que El Sargento Kirk , Ernie Pike , las historietas de Oesterheld que leía en mi infancia, fueron fundamentales para que yo siguiera la carrera de Letras, y me dedicara, finalmente, a escribir mis propias historias. En el 75 yo ejercía la docencia en la carrera de Letras. Me amenazan los de la Triple A. Y poco después, en ese clima irrespirable de la dictadura, decido llamarme a silencio. Entro como corrector en Clarín, y no publico una palabra hasta el 78. Y la primera palabra que publico en el 78, es Oesterheld. El mismo apellido que me había llevado a buscar la escritura y que, de algún modo, también me llevó al silencio cuando no se podía decir lo necesario. Pero vuelvo con ese nombre en el 78, con un artículo sobre El Eternauta, para Clarín, precisamente. En Cultura y Nación. La primera vez que se publica una nota sobre Oesterheld en un suplemento cultural, y sobre El Eternauta.

¿En ese momento él estaba desaparecido?.

¿Dónde estaba en ese momento Oesterheld? Yo no sabía. Yo escribo y digo, como buen ganso, que el autor ahora estaba en el exterior. Porque por lo que yo sabía, lo habían agarrado; pero había podido salir del país. Yo no tenía ningún contacto cercano, ninguna otra información. Entonces, suena el teléfono una noche en la sala de corrección de Clarín, y era Elsa Oesterheld. Me dice: "Habla Elsa Oesterheld, ¿usted sabe dónde está mi marido?". Yo sentí que era exactamente el último de los pelotudos. Yo digo: "No, la verdad no sé." "¿Y por qué puso eso?" "Es lo que me dijeron." "¿Pero usted sabe qué ha pasado?". Yo dije: "No." "Venga a mi casa un día de estos". Entonces fui un día a la casa de Elsa y ahí me enteré de todo... de todo.
Y del drama familiar: cuatro hijas desaparecidas. La ilusión de Elsa de recuperar a una de las hijas...

Llega la escritora y guionista Liliana Scliar, la esposa de Sasturain –ahora que lo pienso, Sasturain estuvo en mi casamiento, y yo estuve en el suyo– y aprovechamos para salir de esa noche.

Bueno, a partir del 79 en adelante, es cuando empiezo de nuevo a escribir, pero ya en otro registro. Renuncio a la corrección en el 79 y en lugar de ir a laburar, me pongo a escribir.

Por esa época creás un personaje que te va a acompañar hasta hoy: Etchenique, el protagonista de "Manual de perdedores". Curiosamente, aunque vos por entonces no habías llegado a los cuarenta, tu personaje ya es un veterano. Eso refuerza mi percepción de que siempre te negaste a ser joven.

Tenía una distancia de edad con Etchenique que recién se ha acortado ahora. En la primera versión, el personaje se llamaba Robledo y vivía una historia relacionada con la militancia universitaria, con las organizaciones armadas. Robledo, que tenía treinta y pico de años en esa primera versión, finalmente aparece en Manual de perdedores como Etchenique.

¿A qué edad nace Etchenique?

Cuando nace, Etchenique tiene 67.

Nace como un veterano.


Exactamente. Ahora, yo me aproximo a él mientras él persiste, porque la historia sigue transcurriendo en el año 80.

Permitime un salto en el tiempo, para evitar un salto temático, porque quiero aprovechar el tema de "El Eternauta" para preguntarte por tu propia historieta: "Perramus", ese álbum dibujado por Alberto Breccia. Porque ahí aparece también el tema de la resistencia, del olvido... Ya no como lo trata Oesterheld, pre-dictadura; sino post-dictadura. Precisamente, ese guión me parece muy relacionado con esa noche terrible que pasás con Elsa Oesterheld...

Perramus fue, claramente, al menos para mí, sin demasiada conciencia, un gesto catártico, en varios sentidos. El personaje se me ocurre en el 81, 82, a finales de la dictadura. Lo primero que pensé fue en un hombre que al dormir olvidaba todo y que cada día era otro, volvía a empezar sin memoria. La idea, supongo, era la de vivir en un presente absoluto, libertad plena sin condicionamientos. El olvido no era una limitación; la memoria, en cambio, era un lastre. Pero no pude o no supe hacerlo. O no quise. Y conté otra cosa: el olvido puntual y borrador como elección consciente que no deja rastros de lo que hizo que se lo eligiera... Perramus, abandona a sus compañeros de lucha, indefensos y en inferioridad ante el enemigo. Elige olvidar; y mágicamente el olvido le es concedido. Pero sólo para ser puesto nuevamente a prueba, aunque no sepa quién fue. El tratamiento del tema era y es absolutamente borgiano en todas sus variantes y no es casual que el Maestro tuviera protagonismo en la historia. También hay mucho Oesterheld, mucho Conrad ahí: el hombre que puede o no estar a la altura de las circunstancias –lo que cree, lo que espera de sí mismo– en una situación límite. Y las consecuencias: la culpa y su expiación.

Volvamos al cachorro de escritor, el Sasturain que llega a la Capital.

Yo nací en Gonzáles Chaves, provincia de Buenos Aires.
Mi viejo era bancario. Cuando llega el golpe del 55, lo echan por peronista. Ahí empezamos a peregrinar por la provincia. Pasé una temporada muy linda en Mar del Plata... mi viejo administraba el hotel de un tío, y yo colaboraba. Ahí también aparecen las revistas de historietas. Después vivimos en lugares como Médanos, Rauch... Vine a la Capital a estudiar Letras.

¿Y qué letras te encontrás?

Si tengo que mencionar un deslumbramiento, al voleo, la literatura norteamericana...
Y el segmento policial me ha acompañado desde entonces, como escritor, siempre cruzado por ese hotel de Mar del Plata, y por el murmullo de Rauch o Médanos.

¿Y por qué esa senda policial?

Más como escritor que como lector. Porque yo no leo policiales, así, en general. Leo autores.


Pero leíste todos los policiales.

Yo no leo policiales, Marcelo, yo leo autores...

Leíste todo Dashiell Hammet, te lo sabés de memoria.

Bueno, leo Hammet. Pero autores, no leo cualquiera.

Y Agatha Christie

No, no leo Agatha Christie.


¡¡¿No?!!

¡No, no! Conozco algunos, no he leído mucho, ni tampoco me interesa. Yo creo que esa literatura norteamericana fue una marca generacional.

Yo creo que es una marca personal, no generacional. Hablaste de tu padre, peronista que, después del golpe del 55, se niega a renegar del peronismo y pierde su laburo. También me hablaste de la búsqueda de absoluto, y de la culpa. Ahora bien, en el policial tenemos una épica y una ética. Marlowe vive en un tiempo en que se matan seres humanos de a miles, pero él busca al culpable de un asesinato. Sigue buscando a Caín por haber matado a Abel. En el medio esas tramas incomprensibles de Chandler, lo único que entendemos es que el detective quiere reconstituir el orden de la vida: matar al inocente está mal, y se debe hacer justicia.

Lo ético y lo épico juntos, sí. Eso es absolutamente así. Es decir, el descubrimiento de un género que es épico y en el cual la ética es determinante, eso es absolutamente cierto. Y es una marca, para mí, tanto al leer como al escribir.

En algún momento te fuiste de la Argentina...


Yo jamás pensé en irme de acá. Nunca. Nunca junté guita para irme, nunca pensé irme, nunca pensé en vivir en otro lado. Era como un desafío siempre estar acá.

Pero sin embargo te tomaste el buque en los 90. Me acuerdo que estábamos los tres, con De Santis, trabajando en el diario Sur, en una cosa que se llamaba La Yapa. Y te fuiste a España...

Yo no elegí solo mi viaje a España, ni mi permanencia allá. Fueron apenas tres años, siempre en Barcelona, que me encanta. Desde la asunción de Menem al verano del 92. Se dieron circunstancias que saludablemente me "empujaron": el despido de Fierro, una pareja nueva, una hermosa oferta de trabajo (que después no se concretó). Y España, en ese momento, me vino muy bien. Antes, hasta entonces –y tenía más de cuarenta años– jamás había pensado en irme a vivir afuera. Lo sentía como una borrada ideológica... Nunca me gustaron las quejas sobre "este país de mierda", los falsos exilios y otras agachadas.

Pero una vez afuera, la lejanía me hizo muy bien. Primero, el indulto de Menem a los milicos y a la conducción de Montoneros me costó un cólico nefrítico y una revisión culposa de qué había votado –por estúpida "disciplina partidaria"– antes de irme. Y enseguida, esa política económica desastrosa... Así que me abrí en ese momento del peronismo con un texto, "Escrito sobre un cuerpo", que está en Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión.

Y en esos pocos años, con dificultades, arrancando de abajo, todo de nuevo, me hice una vida, me adapté a las nuevas condiciones, me la banqué incluso sin ocuparme de cómo iba Boca. Así que laburé un montón y de todo, tuve una hija, escribí tres lindas novelas... Y cuando me estaba consolidando, ya instalado y con papeles a la vista –otra vez por razones de algún modo "externas"– me volví sin decidirlo del todo yo solo. Había dejado a mis hijos mayores adolescentes en banda en Buenos Aires, tenía que hacerme cargo, necesitaba recuperarlos después de algunos desencuentros. Y al volver en el 92, todo fue distinto: yo era otro, y el país también.

Volvamos al presente. El título de tu última novela podría ser una frase de ese otro gran Etchenique, el hacedor de aforismos creado por Fontanarrosa...

El título de Pagaría por no verte , un verso maravilloso de Celedonio Flores, lo tenía desde mucho antes de escribir la novela. La cuestión era encontrar cómo justificarlo después, con algún incidente de la trama. Tenía eso, el título, y otra linda idea: "Los espías no tosen". Partí de ahí. El título me mandaba al pasado, la sensación de no querer volver a ver a alguien, por lo que revuelve... Y lo del espía y la tos me permitía imaginarlo a Etchenique en una situación de tensión entre dos lealtades: investigar a alguien (una mujer, seguro) pero al mismo tiempo, mientras espiaba, toser. No sabía si se le escapaba o si era a propósito... Hasta que supe que algo lo hacía darse a conocer, le impedía seguir investigando. ¿Qué le pasaba? ¿Una culpa vieja? Y como en todas las novelas anteriores de Etchenique –me doy cuenta ahora– siempre hay historias viejas, de padres e hijos, que desde el pasado vienen a aflorar, a reventar en el presente. Lo que pasa es que en este caso el involucrado es el propio veterano.


Elegí un libro, una película y una actriz.

Los Nueve cuentos, de J.D. Salinger;

Lauren Bacall a los diecinueve, en Tener y no tener, de Hawks,

y El tercer hombre, de Carol Reed sobre el relato de Graham Greene, con Orson Welles.

¿Qué quiere Dios de nosotros?
Quiere que lo inventemos, que lo creamos (de creer y de crear) necesario.

La primera vez que vi a Sasturain, él estaba jugando al fútbol. Esto no tendría nada de particular, de no ser porque se desplazaba en una silla giratoria. Y tampoco sería especialmente recordable si no agregara que el partido sucedía en una redacción, con una pelota de papel. La revista era Fierro y Sasturain era el director. Yo llegaba con una nota escrita a máquina, arrugada, literalmente hecha un bollo. Probablemente la pelota de papel fuera más prolija que mi nota. Pero de algún modo aquella fue la primera vez que me pagaron por un artículo. Era el invierno de 1986. Maradona en su mejor momento. La Argentina, al borde de abandonar uno de sus mejores momentos. Trabajar en Fierro era acceder a la cornisa más divertida de la cultura. Allí se reunían figuras nuevas como los dibujantes Tati y Podetti. Pablo De Santis acababa de ganar el premio al mejor guión; Juan Pablo Gonzalez –Max Cachimba– al mejor dibujo. Y las plumas más importantes de la historieta y el humor: Altuna, Trillo, Nine, Fontanarrosa, Limura, por sólo mencionar algunos. Juan Manuel Lima llevaba el arte de la revista. Todo sucedía dentro de La Urraca, la inolvidable editorial de Andrés Cascioli.

La revista era una idea de Sasturain, y parecía, también, una puesta en escena de su imaginería: coincidían en esa redacción verdaderos eruditos del policial y monjes de la cinefilia, como Angel Faretta; devotos de la poesía y fanáticos seriales de la ciencia ficción. Ricardo Barreiro, por ejemplo, que nos dejó hace ya unos años, guionista de El Instituto , dibujada por Solano López, solía comentarme que si en el futuro le ofrecían implantarse neuronas artificiales, no pensaba negarse. Sospecho que Barreiro, como tantos otros que fatigaron aquella pequeña oficina con vista a la calle Venezuela –no obstante parecía una casona infinita, que nunca sería tomada–, continuaría hoy tan adelantado a su tiempo como entonces. Como dice Rod Stewart: cuando nosotros éramos los chicos nuevos. El propio Sasturain se acaba de aparecer por la televisión y ya lleva dos temporadas de Ver para leer, sorprendiendo a los espectadores; hace unas cosas rarísimas con ese tema tan frágil y difícil, la literatura.

No he vuelto a visitar una redacción donde se respirara más diversidad, exotismo y libertad. Pero sí visito, 22 años después, la casa de Sasturain en la calle Defensa: el domicilio de la aventura.

El tiempo ha pasado de dos modos muy distintos por Sasturain y por mí. Como si dos pasajeros, en un mismo tren, viajaran en dos direcciones distintas. Sasturain está igual: el mismo tipo de calvicie, la misma cara, la misma forma de hablar. Yo en cambio, como dice la canción mexicana, tengo el pelo completamente blanco. Me cuesta recordar nombres. Y escupo cuando hablo.

La casa de Sasturain tiene algo de aquella redacción de Fierro: no sólo porque está en el mismo barrio. En medio de la mesa, junto al mate, hay un diccionario bíblico; dentro del libro, a modo de señalador, la cubierta de un DVD de Los 39 escalones , de Hitchcock. Por cualquier parte sigue apareciendo Borges, a quien Sasturain me aconsejó leer cuando yo todavía era más ciego que el Maestro. Incunables de Goodis, Jim Thompson, otros logros docentes de Sasturain. Y Salinger, Hammet, Chandler... Creo que de mi fondo literario, los únicos tres que no me recomendó Sasturain son Bashevis Singer, Somerset Maugham y Lion Feuchtwanger. Justo cuando llego a su casa vengo releyendo El agente secreto , de Maugham, y como es de los pocos de los que puedo hablar de igual a igual con él –porque, sin habérmelo presentado, sé que compartimos la afición–, le comento:

–Graham Greene le robó dos ideas a Maugham. Una es la idea de El fin de la aventura , una de las mejores novelas de Greene (la mejor, para mí, sigue siendo El americano impasible ). En Una hora antes del amanecer , la novela de Maugham, un personaje femenino le ofrece a Dios dejar de ver a su amante a cambio de que lo conserve con vida. La Sarah de El fin de la aventura hace lo mismo. La otra la sacó Greene de El agente secreto : en el cuento llamado "Gustavo", el personaje escribe falsos informes de espionaje; igual que en Nuestro hombre en La Habana , de Greene. Y para colmo, Greene se permite escribir un ensayo perdonándole la vida a Maugham, diciendo que sí, que es un buen contador de historias, pero que escribe en un lenguaje convencional.

–No debe haber sido fácil escribir ni siquiera esas tibias palabras a favor de Maugham, en ese momento –me corrige Sasturain–. Lo que queda es que lo defendió en un momento en que todos lo atacaban. Y la verdad es que a Maugham lo atacaron durante toda su vida como escritor.

Desde aquel 1986, y hasta ahora, siempre te veo señalando lo que no está en el escaparate, ya sea un libro, un guión o una película. De hecho, tu programa en televisión está hecho de tal modo que siempre parece algo casual; nunca una consagración de nada.

Las recuperaciones dependen, entre comillas, de las coyunturas y de las olas literarias. Hay cosas que se ponen de moda en un determinado momento... Lo importante a veces es cierta lectura que no necesariamente corresponde a la época. Puntualmente, en la crítica de libros, no creo haber sido demasiado heterodoxo, solamente en algún momento. Pero sí me gusta recordar que durante el año 81, por ejemplo, escribí para un medio atípico como era la revista Humor, sobre toda la literatura argentina que se publicó ese año. Haber acompañado Respiración artificial , de Piglia; o Maldición eterna a quien lea estás páginas , de Puig, por recordar sólo dos, bueno, no está mal.

Yo creo que en tu caso hay una paradoja. Por un lado, trabajas con géneros considerados marginales: la historieta, el policial, el western. Pero vos, en lo personal, nunca tenés una actitud juvenil o transgresora. Sos lo que yo definiría como una persona normal. Ni siquiera fuiste de izquierda.

No, porque fui peronista siempre, por mi viejo, por la historia de mi familia. Además, cuando era pendejo, en mi primera adolescencia fui católico ferviente, es decir que tengo un camino distinto que otros. Cuando otros agarraban la bandera de la militancia, yo agarré la bandera de la militancia espiritual, digamos. La época de la búsqueda de absoluto... pero también pasé por la protoguerrilla.

¿Por la protoguerrilla?... ¿Por Montoneros?

No, proto... Las Far.

¿Cuánto te duró eso?

Un año y medio largo. Desde el 69 hasta el 71. Sobre todo por el contacto con un hombre excepcional: Carlitos Olmedo. Jugábamos al fútbol en la facultad, él me reclutó.

¿Y por qué te vas?

No sé, eso no lo sé, pero no era para mí. Podía reconocer la justicia de la causa, podía entender las razones por las cuales había entrado, pero también sentía las razones personales. En la adolescencia, fue abrazar el cristianismo como una forma de solución mágica a todas las cuestiones... una casa donde encontrás todas las respuestas. Entonces vivo tranquilamente a los 14, 15 años, que tenés un flor de quilombo. Si le tenés mucho temor a los cambios o a hacerte las grandes preguntas, encontrás una buena receta y te metés ahí. De algún modo la militancia revolucionaria te contestaba... y le daba sentido a tu vida. Pero en algún momento me di cuenta de que había algo que podía ser válido para muchos, pero no lo era para mí. Llamalo una cuestión de piel. Yo seguí militando pero no allí.

Aparece Diego, el hijo mayor de Sasturain, al que conozco desde que era más bajo que yo. Ahora creo que me lleva una cabeza. También es novelista. El hijo del medio, Tuto, vive en Barcelona y se dedica al tatoo. Lola, la hija menor, quiere estudiar cine. Nos retiramos de este breve capítulo de la vida de Sasturain.

¿Y es esa búsqueda de absoluto lo que te lleva a buscar estos géneros marginales, poco reconocidos; como si la verdad no pudiera estar expuesta?

Hay dos cosas distintas. Una es la validación de las experiencias personales, que tiene que ver con aquellas cosas que te han hecho feliz, aquellas cosas que te llenaron el alma. Y a mí me pasó con ciertas cosas que reivindico siempre como fundantes. Una puede ser la práctica del fútbol; otra puede ser la lectura de formación, que en mi caso, que es un caso generacional, tuvo que ver con la lectura de cierto tipo de aventuras. Las aventuras pasaban por la historieta y la reivindicación de la historieta viene por ahí. Es la aventura como lugar existencial, como el lugar de las preguntas por el sentido. La aventura es la situación límite en que te jugás no la vida, sino el sentido de tu vida.

Y para vos, el fundador de la aventura es Oesterheld.

Mi reencuentro con [Héctor] Oesterheld, no con él personalmente, sino con su nombre, es de algún modo una parábola. Tené en cuenta que El Sargento Kirk , Ernie Pike , las historietas de Oesterheld que leía en mi infancia, fueron fundamentales para que yo siguiera la carrera de Letras, y me dedicara, finalmente, a escribir mis propias historias. En el 75 yo ejercía la docencia en la carrera de Letras. Me amenazan los de la Triple A. Y poco después, en ese clima irrespirable de la dictadura, decido llamarme a silencio. Entro como corrector en Clarín, y no publico una palabra hasta el 78. Y la primera palabra que publico en el 78, es Oesterheld. El mismo apellido que me había llevado a buscar la escritura y que, de algún modo, también me llevó al silencio cuando no se podía decir lo necesario. Pero vuelvo con ese nombre en el 78, con un artículo sobre El Eternauta , para Clarín, precisamente. En Cultura y Nación. La primera vez que se publica una nota sobre Oesterheld en un suplemento cultural, y sobre El Eternauta .

¿En ese momento él estaba desaparecido?.

¿Dónde estaba en ese momento Oesterheld? Yo no sabía. Yo escribo y digo, como buen ganso, que el autor ahora estaba en el exterior. Porque por lo que yo sabía, lo habían agarrado; pero había podido salir del país. Yo no tenía ningún contacto cercano, ninguna otra información. Entonces, suena el teléfono una noche en la sala de corrección de Clarín, y era Elsa Oesterheld. Me dice: "Habla Elsa Oesterheld, ¿usted sabe dónde está mi marido?". Yo sentí que era exactamente el último de los pelotudos. Yo digo: "No, la verdad no sé." "¿Y por qué puso eso?" "Es lo que me dijeron." "¿Pero usted sabe qué ha pasado?". Yo dije: "No." "Venga a mi casa un día de estos". Entonces fui un día a la casa de Elsa y ahí me enteré de todo... de todo. Y del drama familiar: cuatro hijas desaparecidas. La ilusión de Elsa de recuperar a una de las hijas...

Llega la escritora y guionista Liliana Scliar, la esposa de Sasturain –ahora que lo pienso, Sasturain estuvo en mi casamiento, y yo estuve en el suyo– y aprovechamos para salir de esa noche.

Bueno, a partir del 79 en adelante, es cuando empiezo de nuevo a escribir, pero ya en otro registro. Renuncio a la corrección en el 79 y en lugar de ir a laburar, me pongo a escribir.

Por esa época creás un personaje que te va a acompañar hasta hoy: Etchenique, el protagonista de "Manual de perdedores". Curiosamente, aunque vos por entonces no habías llegado a los cuarenta, tu personaje ya es un veterano. Eso refuerza mi percepción de que siempre te negaste a ser joven.

Tenía una distancia de edad con Etchenique que recién se ha acortado ahora. En la primera versión, el personaje se llamaba Robledo y vivía una historia relacionada con la militancia universitaria, con las organizaciones armadas. Robledo, que tenía treinta y pico de años en esa primera versión, finalmente aparece en Manual de perdedores como Etchenique.

¿A qué edad nace Etchenique?

Cuando nace, Etchenique tiene 67.

Nace como un veterano.

Exactamente. Ahora, yo me aproximo a él mientras él persiste, porque la historia sigue transcurriendo en el año 80.

Permitime un salto en el tiempo, para evitar un salto temático, porque quiero aprovechar el tema de "El Eternauta" para preguntarte por tu propia historieta: "Perramus", ese álbum dibujado por Alberto Breccia. Porque ahí aparece también el tema de la resistencia, del olvido... Ya no como lo trata Oesterheld, pre-dictadura; sino post-dictadura. Precisamente, ese guión me parece muy relacionado con esa noche terrible que pasás con Elsa Oesterheld...

Perramus fue, claramente, al menos para mí, sin demasiada conciencia, un gesto catártico, en varios sentidos. El personaje se me ocurre en el 81, 82, a finales de la dictadura. Lo primero que pensé fue en un hombre que al dormir olvidaba todo y que cada día era otro, volvía a empezar sin memoria. La idea, supongo, era la de vivir en un presente absoluto, libertad plena sin condicionamientos. El olvido no era una limitación; la memoria, en cambio, era un lastre. Pero no pude o no supe hacerlo. O no quise. Y conté otra cosa: el olvido puntual y borrador como elección consciente que no deja rastros de lo que hizo que se lo eligiera... Perramus, abandona a sus compañeros de lucha, indefensos y en inferioridad ante el enemigo. Elige olvidar; y mágicamente el olvido le es concedido. Pero sólo para ser puesto nuevamente a prueba, aunque no sepa quién fue. El tratamiento del tema era y es absolutamente borgiano en todas sus variantes y no es casual que el Maestro tuviera protagonismo en la historia. También hay mucho Oesterheld, mucho Conrad ahí: el hombre que puede o no estar a la altura de las circunstancias –lo que cree, lo que espera de sí mismo– en una situación límite. Y las consecuencias: la culpa y su expiación.

Volvamos al cachorro de escritor, el Sasturain que llega a la Capital.

Yo nací en Gonzales Chaves, provincia de Buenos Aires. Mi viejo era bancario. Cuando llega el golpe del 55, lo echan por peronista. Ahí empezamos a peregrinar por la provincia. Pasé una temporada muy linda en Mar del Plata... mi viejo administraba el hotel de un tío, y yo colaboraba. Ahí también aparecen las revistas de historietas. Después vivimos en lugares como Médanos, Rauch... Vine a la Capital a estudiar Letras.

¿Y qué letras te encontrás?

Si tengo que mencionar un deslumbramiento, al voleo, la literatura norteamericana... Y el segmento policial me ha acompañado desde entonces, como escritor, siempre cruzado por ese hotel de Mar del Plata, y por el murmullo de Rauch o Médanos.

¿Y por qué esa senda policial?

Más como escritor que como lector. Porque yo no leo policiales, así, en general. Leo autores.

Pero leíste todos los policiales.

Yo no leo policiales, Marcelo, yo leo autores...

Leíste todo Dashiell Hammet, te lo sabés de memoria.

Bueno, leo Hammet. Pero autores, no leo cualquiera.

Y Agatha Christie

No, no leo Agatha Christie.

¡¡¿No?!!

¡No, no! Conozco algunos, no he leído mucho, ni tampoco me interesa. Yo creo que esa literatura norteamericana fue una marca generacional.

Yo creo que es una marca personal, no generacional. Hablaste de tu padre, peronista que, después del golpe del 55, se niega a renegar del peronismo y pierde su laburo. También me hablaste de la búsqueda de absoluto, y de la culpa. Ahora bien, en el policial tenemos una épica y una ética. Marlowe vive en un tiempo en que se matan seres humanos de a miles, pero él busca al culpable de un asesinato. Sigue buscando a Caín por haber matado a Abel. En el medio esas tramas incomprensibles de Chandler, lo único que entendemos es que el detective quiere reconstituir el orden de la vida: matar al inocente está mal, y se debe hacer justicia.

Lo ético y lo épico juntos, sí. Eso es absolutamente así. Es decir, el descubrimiento de un género que es épico y en el cual la ética es determinante, eso es absolutamente cierto. Y es una marca, para mí, tanto al leer como al escribir.

En algún momento te fuiste de la Argentina...

Yo jamás pensé en irme de acá. Nunca. Nunca junté guita para irme, nunca pensé irme, nunca pensé en vivir en otro lado. Era como un desafío siempre estar acá.

Pero sin embargo te tomaste el buque en los 90. Me acuerdo que estábamos los tres, con De Santis, trabajando en el diario Sur, en una cosa que se llamaba La Yapa. Y te fuiste a España...

Yo no elegí solo mi viaje a España, ni mi permanencia allá. Fueron apenas tres años, siempre en Barcelona, que me encanta. Desde la asunción de Menem al verano del 92. Se dieron circunstancias que saludablemente me "empujaron": el despido de Fierro, una pareja nueva, una hermosa oferta de trabajo (que después no se concretó). Y España, en ese momento, me vino muy bien. Antes, hasta entonces –y tenía más de cuarenta años– jamás había pensado en irme a vivir afuera. Lo sentía como una borrada ideológica... Nunca me gustaron las quejas sobre "este país de mierda", los falsos exilios y otras agachadas. Pero una vez afuera, la lejanía me hizo muy bien. Primero, el indulto de Menem a los milicos y a la conducción de Montoneros me costó un cólico nefrítico y una revisión culposa de qué había votado –por estúpida "disciplina partidaria"– antes de irme. Y enseguida, esa política económica desastrosa... Así que me abrí en ese momento del peronismo con un texto, "Escrito sobre un cuerpo", que está en Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión . Y en esos pocos años, con dificultades, arrancando de abajo, todo de nuevo, me hice una vida, me adapté a las nuevas condiciones, me la banqué incluso sin ocuparme de cómo iba Boca. Así que laburé un montón y de todo, tuve una hija, escribí tres lindas novelas... Y cuando me estaba consolidando, ya instalado y con papeles a la vista –otra vez por razones de algún modo "externas"– me volví sin decidirlo del todo yo solo. Había dejado a mis hijos mayores adolescentes en banda en Buenos Aires, tenía que hacerme cargo, necesitaba recuperarlos después de algunos desencuentros. Y al volver en el 92, todo fue distinto: yo era otro, y el país también.

Volvamos al presente. El título de tu última novela podría ser una frase de ese otro gran Etchenique, el hacedor de aforismos creado por Fontanarrosa...

El título de Pagaría por no verte , un verso maravilloso de Celedonio Flores, lo tenía desde mucho antes de escribir la novela. La cuestión era encontrar cómo justificarlo después, con algún incidente de la trama. Tenía eso, el título, y otra linda idea: "Los espías no tosen". Partí de ahí. El título me mandaba al pasado, la sensación de no querer volver a ver a alguien, por lo que revuelve... Y lo del espía y la tos me permitía imaginarlo a Etchenique en una situación de tensión entre dos lealtades: investigar a alguien (una mujer, seguro) pero al mismo tiempo, mientras espiaba, toser. No sabía si se le escapaba o si era a propósito... Hasta que supe que algo lo hacía darse a conocer, le impedía seguir investigando. ¿Qué le pasaba? ¿Una culpa vieja? Y como en todas las novelas anteriores de Etchenique –me doy cuenta ahora– siempre hay historias viejas, de padres e hijos, que desde el pasado vienen a aflorar, a reventar en el presente. Lo que pasa es que en este caso el involucrado es el propio veterano.

Elegí un libro, una película y una actriz.

Los Nueve cuentos , de J.D. Salinger; Lauren Bacall a los diecinueve, en Tener y no tene r, de Hawks, y El tercer hombre , de Carol Reed sobre el relato de Graham Greene, con Orson Welles.

¿Qué quiere Dios de nosotros?

Quiere que lo inventemos, que lo creamos (de creer y de crear) necesario.


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Sasturain Básico
Gonzáles Chaves, 1945. Escritor y periodista
apacidad lingüística"


Ensayista, periodista, profesor de literatura, guionista, narrador y poeta, Sasturain colaboró profusamente con los diarios Clarín y La Opinión y trabajó en Humor y Superhumor. En 1981, con el dibujante Alberto Breccia, creó la historieta Perramus. Dirigió la revista de historietas Fierro entre 1984 y 1994. Volvió a dirigirla cuando se relanzó en 2006. Como narrador, ha publicado entre otras las novelas Manual de perdedores (I y II), Arena en los zapatos, Parecido S.A., Los dedos de Walt Disney, Los sentidos del agua, Brooklin & Medio y La lucha continúa y los relatos de Zenitram y La mujer ducha. Ha escrito dos libros de crónicas y reflexiones sobre fútbol y el libro de poesía Carta al sargento Kirk y otros poemas de ocasión". Conduce en TV el ciclo Ver para leer, que ganó un premio Clarín Espectáculos este año.

NICANOR PARRA - AUTORRETRATO Y OTROS

Considerad, muchachos
Entre 1954 y 1962, Nicanor Parra, nacido y criado cerca de Chillán, en el centro de Chile, consumó una revolución que parecía imposible. Mejor dicho, dio término y programa a la revolución que la poesía lírica había iniciado en este continente. "Considerad, muchachos", como diría Parra, que en el lapso de cincuenta años América latina fue parte sustancial de la mayor revuelta literaria desde el romanticismo. Sí, ese mérito corresponde a nuestro subcontinente. Nada pasaba en la poesía lírica española, que trasvasaba vino viejo en odres nuevos, ni, realmente en ningún lado, cuando, en 1922 se publicaran simultáneamente "Trilce", de César Vallejo, y "La tierra baldía", de T.S. Eliot. El libro de Vallejo salía lejos, muy lejos del mayor centro emisor de revoluciones literarias: París. El libro de Eliot surgía asimismo en un terreno inesperado: el de la lengua anglosajona; escrito por un conservador y prohijado no por un marxista vanguardista, sino por un fascista de vanguardia, Ezra Pound, quien devoró todo lo que pudo de poesía occidental y oriental y la metió en una coctelera que llamó "Cantos".
¿En relación con qué eran revolucionarios el libro peruano y el libro londinense? Precisamente con lo que interesaba cambiar: el punto de vista lírico. El vocabulario ante todo, lo que significa cambiar el escenario. Era tan simple como eso; la escena lírica no había cambiado. Las vanguardias parisinas modificaron la velocidad, no el modo de concebir la poesía; modo que depende enteramente del vocabulario. Vallejo rompe el léxico intencionalmente, crea casi propagandísticamente un léxico distinto e incomprensible, pero extrañamente dotado de cotidianeidad. Eliot describe escenas urbanas con remisiones a La Biblia, a la leyenda del Grial y a la literatura clásica griega. De ninguno de los dos autores podría decirse que eran militantes activos de las vanguardias; mucho menos, líderes. Aquel año de 1922 se produce otro hecho trascendente en la misma dirección: James Joyce publica "Ulises", y es ésta, mal que pese, la única revolución que produjo la prosa en el siglo pasado.
Nadie era ajeno al mundo que se avecinaba, pero ninguno, como Vallejo y Eliot, vieron lo que de ese mundo había en éste. El realismo que fundan es trascendente.
Se puede rastrear antipoesía hasta el medioevo; se puede percibir la densidad y el temblor grandioso de la vida cotidiana en Quevedo, en Villon (por esa razón tal vez Vallejo llamaría a Quevedo "abuelo instantáneo de los dinamiteros"), pero no se percibe que la poesía debía escribirse desde ese mundo orgánico y real hasta "Trilce", hasta "La tierra baldía". Y el mérito de esos libros era el de haber sido escritos con nuevas palabras; no con las palabras que designaban los objetos novísimos (el automóvil era por ejemplo la obsesión del futurista Marinetti) sino a los objetos manufacturados gastados por el uso y a la vida biológica, permitan la redundancia, de los seres humanos: hombres en mangas de camisa de Eliot, hombres de "altura y pelos" de Vallejo.
En 1954, Parra publica "Poemas y antipoemas". Era claro que iba en contra del desvío que había significado el "fenómeno" Neruda. El de "Residencia en la tierra" convertido de nuevo en lírico afectuoso. Parra escribe gran parte de las composiciones de ese libro con rimas consonantes y asonantes y con métrica regular. Sin embargo, el libro va hacia lo narrativo y llega a su punto central en "Advertencia al lector", que puede considerarse el manifiesto de la antipoesía. Desde un punto de vista formalmente tradicional, Parra ya había indicado que debía mirarse al emisor de la poesía tal como era, como generalmente es, en "Autorretrato":

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.


Había indicado el lugar en el que se pudrían todavía la vieja lírica y la vieja metafísica en "Preguntas a la hora del té":

Se respira una atmósfera cansada
De ceniza, de humo, de tristeza:
Lo que se vio una vez ya no se vuelve
A ver igual, dicen las hojas secas.
Hora del té, tostadas, margarina.
Todo envuelto en una especie de niebla.


Pero es en "Advertencia al lector" donde Parra anuncia la nueva épica; y donde se hace cargo literalmente de cambiar los enseres del escenario. Allí vuelve a la matriz de la revolución copernicana de 1922:

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.
Sillas y mesas sí que figuran a granel.
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!
Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.


Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:

Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna.

En 1958 Parra publica "La cueca larga" y, en 1962, "Versos de salón". El ajuste fue consumado en seis años. Y Parra no bajaría jamás la apuesta.
En otro blog (Otra iglesia es imposible) estamos intentando, por pura gimnasia intelectual, una antología que al principio debía ser escatológica, empezando con el poema "Fecal", de Gerardo Deniz (Madrid, 1934), siguiendo con el "Soneto a tus vísceras" de Baldomero Fernández Moreno, y cualquier poema de "Morgue", de Gottfried Benn, pero todo va derivando hacia la antipoesía, pasando por alto las obvias y solemenes escatologías del llamado neobarroco. Todo va derivando hacia el antilirismo, hacia Parra.


Publicado por Jorge Aulicino el 06/01/2008 | Enlace permanente
Comentarios
Una pequeña consideración: recordemos que el primero en nominarse como "anti poeta" fue otro chileno, Vicente Huidobro, en su largo poema Altazor. Aunque coincidamos o no, creo que la poesía huidobriana se acerca, en alguna medida, a este antilirismo parriano (o quizá viceversa), a pesar de su rebuscada estética y de su precisión con las palabras.
Saludos Jorge.





SINFONÍA DE CUNA


Una vez andando
Por un parque inglés
Con un angelorum
Sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,
Yo le contesté,
Él en castellano,
Pero yo en francés.

Dites moi, don angel.
Comment va monsieur.

Él me dio la mano,
Yo le tomé el pie
¡Hay que ver, señores,
Cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,
Frío como un riel,
Gordo como un pavo,
Feo como usted.

Susto me dio un poco
Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
Plumas encontré,
Duras como el duro
Cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera
Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
Me tiró un revés
Con su espada de oro,
Yo me le agaché.

Ángel más absurdo
Non volveré a ver.

Muerto de la risa
Dije good bye sir,
Siga su camino,
Que le vaya bien,
Que la pise el auto,
Que la mate el tren.

Ya se acabó el cuento,
Uno, dos y tres.



De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)



SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile





AUTORRETRATO



Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.

(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).

¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.


En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.

¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.

¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!


Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,

Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales
.



De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)


ODA A UNAS PALOMAS


Qué divertidas son
Estas palomas que se burlan de todo
Con sus pequeñas plumas de colores
Y sus enormes vientres redondos.

Pasan del comedor a la cocina
Como hojas que dispersa el otoño
Y en el jardín se instalan a comer
Moscas, de todo un poco,
Picotean las piedras amarillas
O se paran en el lomo del toro:
Más ridículas son que una escopeta
O que una rosa llena de piojos.

Sus estudiados vuelos, sin embargo,
Hipnotizan a mancos y cojos
Que creen ver en ellas
La explicación de este mundo y el otro.
Aunque no hay que confiarse porque tienen
El olfato del zorro,
La inteligencia fría del reptil
Y la experiencia larga del loro.
Más hipnóticas son que el profesor
Y que el abad que se cae de gordo.

Pero al menor descuido se abalanzan
Como bomberos locos,
Entran por la ventana al edificio
Y se apoderan de la caja de fondos.


A ver si alguna vez
Nos agrupamos realmente todos
Y nos ponemos firmes
Como gallinas que defienden sus pollos.



De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)


DEFENSA DEL ARBOL


Por qué te entregas a esa piedra
Niño de ojos almendrados
Con el impuro pensamiento
De derramarla contra el árbol.
Quien no hace nunca daño a nadie
No se merece tan mal trato.
Ya sea sauce pensativo
Ya melancólico naranjo
Debe ser siempre por el hombre
Bien distinguido y respetado:
Niño perverso que lo hiera
Hiere a su padre y a su hermano.
Yo no comprendo, francamente,
Cómo es posible que un muchacho
Tenga este gesto tan indigno
Siendo tan rubio y delicado.
Seguramente que tu madre
No sabe el cuervo que ha criado,
Te cree un hombre verdadero,
Yo pienso todo lo contrario:
Creo que no hay en todo Chile
Niño tan malintencionado.
¡Por qué te entregas a esa piedra
Como a un puñal envenenado,
Tú que comprendes claramente
La gran persona que es el árbol!
El da la fruta deleitosa
Más que la leche, más que el nardo;
Leña de oro en el invierno,
Sombra de plata en el verano
Y, lo que es más que todo junto,
Crea los vientos y los pájaros.
Piénsalo bien y reconoce
Que no hay amigo como el árbol,
Adonde quiera que te vuelvas
Siempre lo encuentras a tu lado,
Vayas pisando tierra firme
O móvil mar alborotado,
Estés meciéndote en la cuna
O bien un día agonizando,
Más fiel que el vidrio del espejo
Y más sumiso que un esclavo.
Medita un poco lo que haces
Mira que Dios te está mirando,
Ruega al Señor que te perdone
De tan gravísimo pecado
Y nunca más la piedra ingrata
Salga silbando de tu mano.




De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)







SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile





SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile









ADVERTENCIA AL LECTOR


El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos:
Aunque le pese.

El lector tendrá que darse siempre por satisfecho.
Sabelius, que además de teólogo fue un humorista consumado,
Después de haber reducido a polvo el dogma de la Santísima Trinidad
¿Respondió acaso de su herejía?

Y si llegó a responder, ¡cómo lo hizo!
¡En qué forma descabellada!
¡Basándose en qué cúmulo de contradicciones!

Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse:
La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte,
Menos aún la palabra dolor,
La palabra torcuato.

Sillas y mesas sí que figuran a granel,
¡Ataúdes!, ¡útiles de escritorio!

Lo que me llena de orgullo
Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos.

Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein
Pueden darse con una piedra en el pecho
Porque es una obra difícil de conseguir:

Pero el Círculo de Viena se disolvió hace años,
Sus miembros se dispersaron sin dejar huella
Y yo he decidido declarar la guerra a los cavalieri della luna
.

Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte:
"¡Las risas de este libro son falsas!", argumentarán mis detractores

"Sus lágrimas, ¡artificiales!"
"En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza"
"Se patalea como un niño de pecho"
"El autor se da a entender a estornudos"
Conforme: os invito a quemar vuestras naves,
Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto.
"¿A qué molestar al público entonces?", se preguntarán los amigos lectores:
"Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos,
¡Qué podrá esperarse de ellos!"

Cuidado, yo no desprestigio nada
O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista,

Me vanaglorio de mis limitaciones
Pongo por las nubes mis creaciones.


Los pájaros de Aristófanes
Enterraban en sus propias cabezas
Los cadáveres de sus padres.

(Cada pájaro era un verdadero cementerio volante)
A mi modo de ver
Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia
¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!




De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)

PALABRAS A TOMÁS LAGO


Antes de entrar en materia,
Antes, pero mucho antes de entrar en espíritu,
Piensa un poco en ti mismo, Tomás
Lagos y considera lo que está por venir,
También lo que está por huir para siempre
De ti, de mí,
De las personas que nos escuchan.

Me refiero a una sombra,
A ese trozo de ser que tú arrastras
Como a una bestia a quien hay que dar de comer y de beber
Y me refiero a un objeto,
A esos muebles de estilo que tú coleccionas con horror

A esas coronas mortuorias y a esas espantosas sillas de montar,
(Me refiero a una luz).

Te vi por primera vez en Chillán
En una sala llena de sillas y mesas
A unos pasos de la tumba de tu padre.
Tú comías un pollo frío,
A grandes sorbos hacías sonar una botella de vino.


Dime de dónde habías llegado.
El nocturno siguió viaje al sur,
Tú hacías un viaje de placer
O ¿te presentabas acaso vestido de incógnito?


En aquella época ya eras un hombre de edad,
Luego vinieron unas quintas de recreo
Que más parecían mataderos de seres humanos:
Había que andar casi toda la noche en tranvía
Para llegar a ese lugar maldito,
A esa letrina cubierta de flores.

Vinieron también esas conferencias desorganizadas,
Ese polvo mortal de la Feria del Libro,
Vinieron, Tomás, esas elecciones angustiosas,
Esas ilusiones y esas alucinaciones.

¡Qué triste ha sido todo esto!
¡Qué triste! pero ¡qué alegre a la vez!
¡Qué edificante espectáculo hemos dado nosotros
Con nuestras llagas, con nuestros dolores!

A todo lo cual vino a sumarse un afán,
Un temor,
Vinieron a sumarse miles de pequeños dolores,
¡Vino a sumarse, en fin, un dolor más profundo y más agudo!

Piensa, pues, un momento en estas cosas,
En lo poco y nada que va quedando de nosotros,
Si te parece, piensa en el más allá,
Porque es justo pensar
Y porque es útil creer que pensamos.



De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)



EL PEREGRINO


Atención, señoras y señores, un momento de atención:
Volved un instante la cabeza hacia este lado de la república,
Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,

El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:
Una voz se oye desde este lado de la república.
¡Atención, señoras y señores! ¡un momento de atención!

Un alma que ha estado embotellada durante años
En una especie de abismo sexual e intelectual

Alimentándose escasamente por la nariz
Desea hacerse escuchar por ustedes.

Deseo que se me informe sobre algunas materias,
Necesito un poco de luz, el jardín se cubre de moscas,
Me encuentro en un desastroso estado mental,
Razono a mi manera;
Mientras digo estas cosas veo una bicicleta apoyada en un muro,
Veo un puente
Y un automóvil que desaparece entre los edificios.

Ustedes se peinan, es cierto, ustedes andan a pie por los jardines,
Debajo de la piel ustedes tienen otra piel,
Ustedes poseen un séptimo sentido
Que les permite entrar y salir automáticamente.

Pero yo soy un niño que llama a su madre detrás de las rocas,
Soy un peregrino que hace saltar las piedras a la altura de su nariz,
Un árbol que pide a gritos se le cubra de hojas.




De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)



LAS TABLAS


Soñé que me encontraba en un desierto y que hastiado de mí mismo
Comenzaba a golpear a una mujer.

Hacía un frío de los demonios; era necesario hacer algo,
Hacer fuego, hacer un poco de ejercicio;
Pero a mí me dolía la cabeza, me sentía fatigado
Sólo quería dormir, quería morir.
Mi traje estaba empapado de sangre
Y entre mis dedos se veían algunos cabellos
-Los cabellos de mi pobre madre-
"Por qué maltratas a tu madre" me preguntaba entonces una piedra
Una piedra cubierta de polvo "por qué la maltratas".
Yo no sabía de dónde venían esas voces que me hacían temblar
Me miraba las uñas y me las mordía,
Trataba de pensar infructuosamente en algo
Pero sólo veía en torno a mí un desierto
Y veía la imagen de ese ídolo,
Mi dios que me miraba hacer estas cosas.

Aparecieron entonces unos pájaros
Y al mismo tiempo en la obscuridad descubrí unas rocas.
En un supremo esfuerzo logré distinguir las tablas de la ley:
"Nosotras somos las tablas de la ley" decían ellas
"Por qué maltratas a tu madre"
"Ves esos pájaros que se han venido a posar sobre nosotras"
"Ahí están ellos para registrar tus crímenes"
Pero yo bostezaba, me aburría de estas admoniciones
"Espanten esos pájaros" dije en voz alta
"No" respondió una piedra
"Ellos representan tus diferentes pecados"

"Ellos están ahí para mirarte"
Entonces yo me volví de nuevo a mi dama
Y le empecé a dar más firme que antes
Para mantenerse despierto había que hacer algo
Estaba en la obligación de actuar
So pena de caer dormido entre aquellas rocas
Aquellos pájaros.

Saqué entonces una caja de fósforos de uno de mis bolsillos
Y decidí quemar el busto del dios
Tenía un frío espantoso, necesitaba calentarme
Pero este fuego sólo duró algunos segundos.

Desesperado busqué de nuevo las tablas
Pero ellas habían desaparecido:

Las rocas tampoco estaban allí
Mi madre me había abandonado.
Me toqué la frente; pero no:
Ya no podía más.





De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)







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EPITAFIO



De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de profesor primario
Y de una modista de trastienda;

Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;

De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca

-Todo esto bañado
Por una luz entre irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!









De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)




SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile



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CATALINA PARRA


Caminando sola
Por ciudad extraña
Qué será de nuestra
Catalina Parra.

Cuánto tiempo ¡un año!
Que no sé palabra
De esta memorable
Catalina Parra.

Bajo impenitente,
Lluvia derramada
Dónde irá la pobre
Catalina Parra.

¡Ah, si yo supiera!
Pero no sé nada
Cuál es tu destino
Catalina Pálida.

Sólo sé que mientras
Digo estas palabras
En volver a verte
Cifro la esperanza.

Aunque sólo seas
Vista a la distancia
Niña inolvidable,
Catalina Parra.

Hija mía, ¡cuántas
Veces comparada
Con la rutilante
Luz de la mañana!

Ay, amor perdido,
¡Lámpara sellada!
Que esta rosa nunca
Pierda su fragancia.




De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)



PREGUNTAS A LA HORA DEL TÉ


Este señor desvaído parece
Una figura de un museo de cera;
Mira a través de los visillos rotos:
Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,

¿Vale más el arroyo que se mueve
O la chépica fija a la ribera?
A lo lejos se oye una campana
Que abre una herida más, o que la cierra:
¿Es más real el agua de la fuente
O la muchacha que se mira en ella?

No se sabe, la gente se lo pasa
Construyendo castillos en la arena.

¿Es superior el vaso transparente
A la mano del hombre que lo crea?
Se respira una atmósfera cansada
De ceniza, de humo, de tristeza:
Lo que se vio una vez ya no se vuelve
A ver igual, dicen las hojas secas.
Hora del té, tostadas, margarina.
Todo envuelto en una especie de niebla.







De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)







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HAY UN DÍA FELIZ



A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas

En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.


Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;

Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mí singular empresa,

Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda

Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino
y el ruiseñor encima de la mesa,

Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!









De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)




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ES OLVIDO


Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,

No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.


¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,

Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.

Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,

Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,

Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),

Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,

Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!

Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía

Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa

Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.

Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento

Con que a un pariente enfermo se designa.

Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,


Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.

Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día

De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,

Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,

De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía
.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.






De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)





SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile




SE CANTA AL MAR


Nada podrá apartar de mi memoria
La luz de aquella misteriosa lámpara,
Ni el resultado que en mis ojos tuvo
Ni la impresión que me dejó en el alma.
Todo lo puede el tiempo, sin embargo
Creo que ni la muerte ha de borrarla.
Voy a explicarme aquí, si me permiten,
Con el eco mejor de mi garganta.
Por aquel tiempo yo no comprendía
Francamente ni cómo me llamaba,
No había escrito aún mi primer verso
Ni derramado mi primera lágrima;
Era mi corazón ni más ni menos
Que el olvidado kiosko de una plaza.
Mas sucedió que cierta vez mi padre
Fue desterrado al sur, a la lejana
Isla de Chiloé donde el invierno
Es como una ciudad abandonada.
Partí con él y sin pensar llegamos
A Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido mi familia
En el valle central o en la montaña,
De manera que nunca, ni por pienso,
Se conversó del mar en nuestra casa.
Sobre este punto yo sabía apenas
Lo que en la escuela pública enseñaban
Y una que otra cuestión de contrabando
De las cartas de amor de mis hermanas.
Descendimos del tren entre banderas
Y una solemne fiesta de campanas
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca,
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba,
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
"Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,
El mar que baña de cristal la patria.
No sé decir por qué, pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir, sin sospechar siquiera,
La magnitud real de mi campaña,
Eché a correr, sin orden ni concierto,
Como un desesperado hacia la playa
Y en un instante memorable estuve
Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas,
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
En la verdad sin fin de la distancia,
Sin que en mi ser moviérase un cabello,
¡Como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.

Desde ese entonces data la ferviente
Y abrasadora sed que me arrebata:
Es que, en verdad, desde que existe el mundo,
La voz del mar en mi persona estaba.





De Poemas y antipoemas (Santiago, Nascimento,1954)




SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile

No es una entrevista, aunque podría traducirse como una.

César Vallejo: La otra pluma del poeta
9:18 | En El Comercio, entre 1929 y 1930, César Vallejo escribió agudas crónicas sobre arte y política y fue valorado como un genio. Y él lo agradecía en cartas



24 DE MAYO del 2008


Por Miguel Ángel Cárdenas / El Comercio

El César Vallejo que nunca había de regresar al Perú, ese mismo que partió del Callao para Europa el 17 de junio de 1923, y que llegó a París el 14 de julio, ese que una vez allí asistió a una sesión plenaria de la Academia Francesa, frecuentó ansioso el teatro Cora Laparcerie y en el café la Rotonda se cruzó con los anárquicos dadaístas. Ese fervoroso que se encandiló con el compositor Erick Satie: "el más grande músico de Francia", ese hombre seguro de sí que de Francia viajó a Rusia tres veces y escribió sobre su utopía, ese propio Vallejo fue un cronista periodístico distante, sonante y fascinante.

Como señaló el doctor Aurelio Miró Quesada en el libro "César Vallejo en El Comercio": Los artículos periodísticos fueron su actividad fundamental durante varios años de su vida. Por lo menos entre 1925 y 1931, en época difícil de su etapa europea, y cuando no se conocen de él sino unos cinco o seis poemas, en el periodismo halló su fuente casi única de ingresos... y el medio de recoger la inquietud del ambiente y de perfilar, al mismo tiempo, su propia evolución espiritual.

El periodismo iba a ser su tabla de salvación a rajatabla. Al salir ya para Europa, Vallejo se sabía corresponsal del diario "El Norte" de Trujillo. Además, desde Francia para el Perú, fue un articulista diligente de las revistas "Mundial" y "Variedades"; y escribió para más de treinta publicaciones latinoamericanas y europeas, como "Nosotros" de Buenos Aires y "Letras" de Santiago. También se recuerdan los dos artículos que publicó en "Amauta", la revista de José Carlos Mariátegui, en 1926.

Pero, junto con estas publicaciones semanales y quincenales, Vallejo fue un dilecto colaborador de El Comercio. La corta etapa en que mandaba sus escritos para el decano es un océano en sí misma: reflejan la evolución de intereses y afectos del autor de las hazañas verbales de "Trilce". Luis Monguió señala que "los temas de filosofía política, económica y social fueron desplazando, cada vez más, a las informaciones de la vida artística y literaria de sus primeras crónicas".

Aurelio Miró Quesada cuenta cómo se inició la etapa vallejiana, cuando "Variedades": había cambiado de manos y, con las modificaciones producidas, quedaban excedentes varios de sus escritores... el directorio de El Comercio aprobó gustoso la nueva colaboración; y al comenzar el año de 1929 empezaron a llegar los artículos. El compromiso era... sobre la base de dos crónicas mensuales; y el pago, para comodidad del propio Vallejo, era en francos franceses. No eran sino 500 francos... esa cantidad significaba entonces 50 sólidas libras esterlinas.

Para agradecer la colaboración, Vallejo le escribió a Miró Quesada el 23 de julio: Sería conveniente mantener entre nosotros un continuo intercambio de ideas. Escríbame siempre que yo haré lo mismo. Tiene usted en mí a un buen amigo y compañero. No lo olvide. Su primer artículo se publicó el 3 de febrero de 1929.

Las crónicas incólumes
Era domingo y se tituló "La megalomanía de un continente". En este Vallejo reprochaba con mordacidad los comentarios que se hicieron en América sobre el libro "La decadencia de Occidente" de Oswald Spengler: Sean cuales fuesen las condiciones históricas en que hayamos vivido hasta ahora, no podemos negar que nuestro desarrollo ha sido de una terrible mediocridad. Otros pueblos, como los Estados Unidos, han logrado en igual período de años, toda una forma propia de existencia. Nosotros en un siglo de libertad política, no hemos hecho nada.

El domingo 10 de febrero, en la página 6, se publicó el segundo: "Últimas novedades artísticas de París". Pero su interés por el arte se alternaría con lo político el 10 de marzo, sobre la encarcelada Marthe Hanau, directora de La Gazette de France.

a partir de aquí sería libre para expresar su compromiso marxista: el cinismo increíble de esa estafadora de gran mundo, revelaría la decadencia del crédito como factor fundamental de las finanzas burguesas y su alienación mental revelaría el estado de descomposición psico-fisiológica por el que atraviesa la clase social capitalista.

El domingo 7 de abril volvería a la carga social con "Graves escándalos médicos en París". Aquí retomaría un tema de Moliere y le dio a palos a los médicos: Sólo el día en que las profesiones dejen de ser liberales y se conviertan en servicios del Estado --bajo un nuevo equilibrio de intereses sociales e individuales, exento de toda especulación-- sólo ese día desaparecerán los escándalos y delitos profesionales. Vallejo demostraba una convicción totalizante. El domingo 28 de abril continuaría en "Acerca de la revolución rusa": Solamente el marxismo ha concebido la justicia como una función en marcha de las fuerzas sociales.

El 6 de mayo escribió sobre la relación entre "la obra de arte y la vida del artista" y el 12, cuando cuenta su primer viaje a Rusia, hace una declamación de principios: Soy un obrero intelectual... Yo no pertenezco a ningún partido. No soy conservador ni liberal. Ni burgués ni bolchevique. Ni nacionalista ni socialista. Ni reaccionario ni revolucionario... Sin embargo, tengo mi pasión, mi entusiasmo y mi sinceridad vitales.

Retornaría a los temas culturales con "El decorado teatral moderno" y dos crónicas más. Y expondría, en tono de ensayo, en "La nueva poesía norteamericana", el martes 30 de julio, que: Walt Whitman es... el más auténtico precursor de la nueva poesía universal. Como señala Winston Orrillo en "César Vallejo: periodista paradigmático": sobre el valor del poeta autor de "Canto a mí mismo": "Este juicio es de 1929, cuando ni siquiera en su propia patria se le consideraba así".

El valor visionario se acrecentó el 15 de setiembre cuando en "Cómo será la guerra futura" el creador de "Poemas Humanos" hace una cita futurista hoy comprobadísima: dice el coronel alemán Endrés, tratando de la guerra futura... No será quien triunfe, el país que venza en el campo de batalla, sino aquél que mate más gente en las ciudades. El valor estilístico de las crónicas vallejianas será de exportación e importación. Sientan el ritmo encadenando en esta crónica del 6 de octubre: La comedia es francesa, el drama es español; la tragedia, griega... una opereta inglesa, una revista española, una comedia yanqui o un circo alemán. ¡Un circo alemán! Un circo alemán con artistas alemanes, aparato escénico alemán, concepción estética alemana, animales alemanes...

Creación del final
Pero después del 27 de octubre, sus colaboraciones se interrumpen. Aurelio Miró Quesada cuenta: A pesar de que los suplementos dominicales ilustrados, que inició El Comercio el 29 de setiembre, podían haber permitido una presentación más destacada... La razón fue, sin duda alguna, su segundo viaje a Rusia, efectuado en el otoño europeo. En marzo de 1930 se reanudaron sus crónicas, pero con intermitencias. Vallejo era cada vez más ácido y concluyente. El domingo 13 de abril, en el suplemento dominical, página VIII, dice: Siguiendo la opinión de Lenin ("El imperialismo, última etapa del capitalismo"), todas las formas capitalistas de monopolización nacional e internacional llevan los gérmenes de su propia destrucción. Y era crudo también en materia artística, como el 14 de setiembre: El contenido revolucionario de sus versos, resultó... artificial, falso. Maiakovsky fue, en fin de cuentas, un mero literato, un simple versificador, un retórico hueco. "Es un bufón", dije de él en otra ocasión.

Su último artículo fue el 14 de diciembre de 1930, cuando Vallejo parece un periodista económico dando fijas cifras sobre las grandes crisis del mundo. Sus últimas palabras en El Comercio fueron: en el caso de Francia, hay más todavía. Esos mismos factores favorables de su actual bienestar, a los que acabamos de aludir, han empezado también a ser amenazados. Prueba de ello son las recientes reacciones políticas alemanas contra el Plan Young y las sublevaciones indígenas surgentes en sus posesiones de Asia y África.

Aurelio Miró Quesada explica lo que pasó: En agosto de 1930, cayó el Gobierno de Leguía, después de once años de represiva dictadura; y la agitación política que siguió vino a sumarse a la aguda depresión económica, por las que atravesaban los países de América, como consecuencia... del 'crack' de la Bolsa de New York de 1929. Desaparecieron las revistas Mundial y Variedades; El Comercio tuvo que suprimir su suplemento dominical; y hubo un recorte obligado de número de páginas y de colaboraciones del extranjero. Por otra parte, a la inseguridad política y económica se unió un fermento social bastante grave... y en tales circunstancias, los artículos de Vallejo, escritos con prescindencia de nuestra situación política pero cada vez más proclives a la exaltación del comunismo, no resultaban adecuados a la posición ordenadora y antiextremista de El Comercio.

Lo resaltante es que el propio César Vallejo lo comprendió y dejó abierta la posibilidad de colaboraciones futuras. En una carta afectuosa le dice a Miró Quesada: Conviene escribirnos con mayor frecuencia. Los escritores peruanos somos un poco hoscos entre nosotros. Escríbame que yo haré lo propio. Seamos más cordiales y fraternos. ¿No le parece? Dígame sus libros y de los demás compañeros. Entre tanto, lo abraza afectuosamente César Vallejo. La última carta que le envió, en 1935, terminaba: Cuente siempre con las dos manos de su amigo y compañero.

Sobre el estilo de las crónicas vallejianas se ha escrito poco. El doctor Jorge Puccinelli ha señalado dos momentos: uno juvenil y modernista, donde Vallejo sentía una propensión por la "palabra rara". Y la segunda --donde se inscribirían los dos años de colaboraciones con El Comercio-- como su etapa de "la palabra justa". Este es un Vallejo soliviantado en su búsqueda de justicia total.

La interrelación de su poesía y sus artículos los ha visto Orrillo en versos de "Poemas Humanos": Pues de lo que hablo no es / Sino de lo que pasa en esta época, y / de lo que ocurre en China y en España y en el mundo.

Cuando Vallejo muere el 15 de abril de 1938, El Comercio publicó el primer testimonio sobre su muerte y últimos días. Desde París, su amigo peruano Federico Mould Távara escribió una carta publicada el 1 de mayo de 1938: Ayer me cogía de las dos manos, entre las suyas amarillas y escuálidas, consumidas por la miseria y por la fiebre... Una figura atormentada... y de sus labios deformados por la agonía, han salido estas palabras: ¡Qué horror! el final.

En este Diario siempre se aquilató la importancia universal de Vallejo --para el historiador José Agustín de la Puente fue el peruano más destacado del siglo XX-- y se certificó lo que escribió Mould Távara, el último amigo que miró en vida: "Vallejo, como todos los espíritus que se asomaron a la profundidad del corazón humano, era un hombre bueno".

Los periódicos
1929. Del arte a la política. Al costado, el artículo "César Vallejo en viaje a Rusia", del 12 de mayo. Abajo, "La megalomanía de un continente", el primero que escribió el 2 de febrero.

1930. La última colaboración. Fueron 23 artículos, que terminaron con este: "Las grandes crisis económicas del día. El caso teórico de Francia", el 14 de diciembre. Luego, Vallejo mantuvo una comunicación cordial con Aurelio Miró Quesada.